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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Galicia: el contador a cero

El año se cierra con la vuelta a niveles de PIB previos a la crisis, pero sin recuperar salarios

ES un volver a empezar. El decenio perdido toca a su fin. De nuevo en la línea de salida. Galicia ha logrado en 2017 despachar estos años de crisis, diez desde su comienzo, y poner el contador a cero, recuperando los niveles de producto interior bruto (PIB) previos al inicio de las dos recesiones que hemos vivido desde 2007, cuando todo se empezó a torcer. Y lo ha hecho creciendo en la segunda mitad del ciclo a un ritmo superior al de la media nacional, toda una sorpresa, rompiendo así un mantra, el que decía que Galicia se descolgaba de las etapas de crecimiento, que siempre tardaban más en llegar, y siempre a rebufo de la economía española.

Pero este 2017 que toca a su fin es un año que no deja margen para la autocomplacencia. Porque hay una cara B de ese crecimiento del PIB instalado en tasas superiores al 3%. Y es la recuperación de los salarios, que no llega. Fruto de esa calculada devaluación interna de estos años, cuando España se encontraba al borde del rescate, Galicia acusa una dualidad que también parece que ha llegado para quedarse. Y es que crece el PIB y el empleo, pero también la precariedad. El detalle de los números muestra claramente el desequilibrio, con un deterioro evidente frente a otras latitudes españolas.

Un reciente análisis del Foro Económico de Galicia pone negro sobre blanco la situación. Y el contraste es demoledor si atendemos a la evolución de los beneficios, por ejemplo. Sintéticamente, la remuneración salarial en Galicia, a diferencia a lo que sucede con la propia actividad económica, es decir, la evolución del PIB, y con la retribución del capital, que vienen a ser los beneficios de las empresas y los rendimientos de cualquier inversión, todavía está muy lejos de los niveles precrisis.

En términos nominales, en el segundo trimestre de este año la remuneración de los asalariados gallegos era un 5,1% inferior a la del segundo trimestre de 2008, cuando el PIB es 4,3 puntos superior al mencionado año y la retribución del capital un 9,5% más elevada. Bien es cierto que en España los salarios tampoco han llegado a niveles precrisis. ¿Consuelo?

Pues Galicia no sale bien parada de las comparaciones. Si miramos la media española, los salarios en Galicia son "sensiblemente inferiores" a lo largo de estos diez años. Por un lado, en el segundo trimestre de 2017 la remuneración por hora trabajada en Galicia era un 15,4% inferior a la media estatal, en tanto que la retribución por asalariado era un 11,9% más baja. Datos que lo dicen todo.

Al margen de la evidencia, el 2017 nos deja otro balance que conviene poner en valor. La población parada en Galicia desciende por primera vez desde 2010 por debajo de las 200.000 personas, situándose la tasa de desempleo en el 14,5%, la más reducida desde el cuarto trimestre de 2009. Todo un avance que, sin ser para enmarcar, sirve para consolidar una diferencia, en este caso a favor de Galicia, frente a la media española. De devolvernos a la realidad se encarga un salario bruto anual, que según la encuesta de costes laborales, representa el 87% de la media española, con 19.859 euros. Entre 2008 y 2016, el salario bruto en Galicia se sitúa como el tercero más reducido de todas las comunidades, solo por encima de Extremadura y Canarias. Lo dicho.
Imagen para el blog de Julián Rodríguez (30/12/17)
Alegrías nos deja 2017 en forma de una constante demostración de fuerza de la internacionalización de la economía gallega, de nuevo a través de la balanza comercial. La demanda interna vuelve a tirar desde el primer semestre de 2016. Sin embargo, la mayor contribución del saldo exterior neto sigue explicando que las tasas de crecimiento del PIB en Galicia sean, trimestre arriba trimestre abajo, iguales o superiores a las del resto del Estado. En concreto, la aportación del saldo exterior neto al PIB es de 1,2 puntos en el caso gallego, por solo 0,4 puntos en el resto de España.

Desde el comienzo de la crisis en toda su intensidad, en 2008, la economía gallega experimentó dos recesiones, saliendo de la última en el segundo semestre de 2013. En este 2017 que ahora termina, el ciclo se cierra. ¿Definitivamente? Con sus sombras, pero también con sus luces. Galicia mantiene por octavo trimestre consecutivo una tasa de variación interanual igual o superior al 3% en cuanto al avance de su PIB. Además, en los últimos cinco trimestres esta tasa es igual o superior a la media española.

Entre las sombras, 2017 deja un declive demográfico que se antoja imparable (a punto de bajar de los 2,7 millones, en los primeros seis meses la población descendió en más de 6.500 habitantes) y una incapacidad manifiesta para retener talento y captar inversiones. En esto nada ha cambiado.

Entre el Popular, el Brexit y el sector forestal

UNA amplia tonalidad cromática deja el 2017. Oscura en forma de crisis financieras que creíamos impensables, gris como la incertidumbre que nos trae Reino Unido y verde, por qué no, al comprobar cómo nuestro sector forestal comienza a avanzar y solo piensa en reescribir de nuevo su futuro. Singular protagonismo tuvo Galicia en la crisis del Banco Popular. Un gallego como el compostelano Ángel Ron fue el encargado de poner la puntilla a años de independencia mal entendida. Y finalmente el banco se llevó por delante a accionistas en su día de fuste, como era la Fundación Barrié de José María Arias y el Banco Pastor. La caída del Popular sigue siendo una incógnita meses después de su resolución, un expolio para el común de los mortales. Y algo que se tambalea, de momento inmerso en la incertidumbre, es el tablero de juego europeo tras la salida de Reino Unido. Especialmente para Galicia, en asuntos como la flota pesquera y los caladeros, pero también un mercado, el británico, en el que las exportaciones gallegas han tenido singular avance en los últimos años. Todo por escribir con el Brexit. Y, entre los pilares de la economía productiva gallega, pasamos de la tranquilidad en los precios del sector lácteo, con una sensible recuperación, a esa sacudida que supusieron los incendios del octubre rojo. Más allá de esa comisión de estudio que se activa en el Parlamento, el futuro del sector se escribe en un plan forestal que ya tiene sus primeros esbozos. A Mariña lucense, sin ir más lejos, es la referencia para la rentabilidad del monte, esa que previene incendios. Hay que tomar nota.

 Amancio Ortega. El primer empresario gallego contempla el éxito de Inditex

AMANCIONO se puede decir que 2017 haya sido precisamente un buen año para Inditex en Bolsa. Quizá esa es la gran tacha del ejercicio para el gigante textil de Arteixo. Una pérdida de valor superior al 8%, frente a un año, el 2016, que ya había sido algo plano (avance del 2,3%) habla claramente del castigo recibido por el líder español de capitalización bursátil. Sin embargo, Inditex sigue mejorando resultados por encima, algo justito, sí, de los dos dígitos, como exige el mercado. ¿Qué sucede, pues? Los nuevos operadores en el sector textil, centrados en la venta online y con colecciones y plazos de entrega muy cortos, se antojan el gran problema de futuro para la matriz de Zara. Amancio Ortega, cada vez más alejado del día a día, contempla una obra que es admirada en medio mundo, y que cuenta sus rivales por competidores que no logran replicar su modelo. Inditex lucha ya contra sí misma y contra Amazon. Lo dice la Bolsa.

Juan Carlos Escotet. El primer financiero gallego tiene nuevos planes para Abanca

ESCOTETLA compra de la filial de consumo del antiguo Banco Pastor representó toda una señal. Abanca quiere crecer. Juan Carlos Escotet tuvo claro desde 2013, cuando se hizo con la maltrecha Novagalicia, que el proyecto era viable tras las multimillonarias inyecciones de capital y sin el lastre del ladrillo t r a spa s a - do al banco malo. Los años le han dado la razón. Y aunque el 2018, inicialmente, se presentaba como el año para dar el salto al parqué, el venezolano apuesta de momento por crecer con compras de red. La puja por la filial española del Deutsche Bank, de la que finalmente se descolgó, es otra prueba de ello. Enfrascado en sus planes, las acusaciones de antichavista que llegan de Venezuela deben inquietar lo justo a Escotet. Sabe bien que en los mercados cotizaría a la baja precisamente lo contrario, que fuera un banquero del régimen de Nicolás Maduro.