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Esto es lo que la memoria trae

VOY A CONTARLES algo. Tengo un jersey como el de Sarah Lund. ¿Se acuerdan de Sarah Lund? A partir de ella, ese jersey fue lo más. Si es que se lo preguntan, sí, a veces me permito esas pequeñas ligerezas. Quizá les parezca una tontería pero ese jersey me recuerda cosas. En primer lugar me recuerda la serie Forbrydelsen, que trato de traer aquí cada vez que tengo ocasión. Hubo unos años atrás en que Dinamarca era a las series lo que la esencia a la existencia.

Sarah Lund. EPUn momento de gloria que, sin haberse perdido del todo, lo que sí ha ocurrido es que se ha distanciado. Lo que hizo de aquello un momento mágico fue que, casi de golpe, tuvimos tres series extraordinarias que nos hablaron de tres distintas maneras de lo que puede significar ser mujer hoy en día. Fue tan bonito que, qué mínimo, que un jersey. Sarah Lund, protagonista de la serie Forbrydelsen, es un personaje tan bien trazado que se corresponde con un ser auténtico. Con alguien espejo de nosotros, reflejo absoluto de nuestros temores y nuestros anhelos, de nuestras ambiciones y nuestras huidas tremendas hacia paisajes conocidos.

Transitar continuamente por caminos ya amoldados produce la seguridad de pisar suelo firme. Sarah Lund se nos presenta como una persona infalible en unas cosas, inestable en otras, en principio, como todo el mundo. Su peculiaridad radica en que esos caminos por los que se mueve son, en realidad, un espejismo. Y ese aferrarse a la falsedad, ese disfrazar los espacios para que parezcan decorados de colores brillantes, produce grietas que no conseguirá cerrar jamás. Es un patetismo tan pegado a lo humano que conmueve, una destrucción que consigue elevar. Es, no me digan que no, un jersey con significado. Pero Forbrydelsen posee, además, unas tramas espléndidas que no hacen sino potenciar el acierto del personaje principal, que se enfrenta a cada una de las historias desde su perfectamente definida individualidad.

Las historias que Sarah Lund ha de resolver son tremendas, arrebatadoras y trágicas. Los personajes implicados en ellas contienen trozos y trazos de personas de verdad. Hay pocas series que se acerquen tanto a nosotros, que logren romper tantos espejos. Esa barrera entre ficción y realidad que siempre supone un problema para la verosimilitud de la historia, la serie la supera con creces. Con una primera temporada espectacular y un punto final arrebatador, Forbrydelsen se sitúa en el Olimpo de las series de televisión. Vendrán más, probablemente. Pero esta ya no se irá.

¿Cómo hacer que una serie de crímenes se convierta en un universo humano tan enriquecedor? Lo primero es un guion exquisito. Iba a decir que lo segundo son los jerseys, pero esto es una broma. Partiendo de un guion así, las cosas resultan más fáciles. Porque las tramas se presentan, evolucionan y se cierran con total lógica sin caer nunca en salidas fáciles, esquinas escurridizas que lo único que hacen es echar por tierra todo el trabajo realizado. Manteniendo el nivel superior, en el sentido de construcción de personaje, a la protagonista, se despliegan narraciones a las que no se les permite caminar por sendas inferiores.

Así, los personajes que van apareciendo en las distintas temporadas siempre tienen algo que decir, siempre muestran, en su tiempo en pantalla, detalles que iluminan y que enseñan y que invitar a pensar. De este modo, todos los seres que pululan por Forbrydelsen son interesantes y cercanos, frágiles y fuertes, desesperadas víctimas y valientes personalidades, con lo mejor y lo peor y lo del medio. Y un jersey que trae todo eso. Muy Proust.

Reencuentro con mi cadena
Estaré de viaje estos días y veré Divinity. A los hermanos de las casas, que uno busca para comprar y otro arregla para vivir. También las aventuras en las minicasas y reflexionaré sobre esa nueva pasión humana de habitar en cubículos para desprenderse de lo accesorio del mundo. Me encontraré con Anatomía de Grey, en su tropecientas temporada, y veré a esos personajes que envejecen sin remedio. Si tengo suerte, descubriré un nuevo programa del que les hablaré a la vuelta.