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La hora de los concellos

Además de fusionarse, es tiempo de que los ayuntamientos hagan algo más por la economía que patrocinar rutas de tapas

La presentación de un estudio sobre la fusión de Oza-Cesuras en 2013 a cargo del profesor de la UDC Pablo Abeal y el visto bueno definitivo a la intervención del quebrado Concello de Os Blancos por parte de la Diputación de Ourense esta misma semana me obligan a poner en la mesa el debate que, sobre el papel, tienen que jugar en un futuro no muy lejano los ayuntamientos, que navegan hoy en España sin un rumbo muy definido.

Por un lado, tratan de sobrevivir al maltrato reiterado de otras administraciones —especialmente del Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro— que poco a poco los va despojando de competencias y protagonismo; al mismo tiempo, intentan lavar la imagen que histórica e injustamente les ha colgado el papel de derrochadores de dinero público; pero por otra parte, tampoco son capaces de dar un paso al frente y reinventarse para dejar de ser simples prestadores de servicios y convertirse en verdaderos motores del desarrollo de la sociedad.

Fusiones: 8.124 son insostenibles.
Lo primero que se debería hacer es reordenar el mapa municipal. Es inasumible que los 8.124 ayuntamientos españoles —313 de ellos en Galicia— puedan sobrevivir a medio plazo. Evidentemente, el camino más rápido y aplicado con éxito en otros lugares de Europa es el de las fusiones, pero como explicó este viernes mismo el profesor de Empresa de la UDC Pablo Abeal, autor de un estudio sobre Oza-Cesuras, solo se llevará a cabo si es obligatorio por ley y tulelado por el Estado.

Razón no le falta. A los ayuntamientos les sobró tiempo todos estos años para dar pasos en esa dirección, pero no solo no lo hicieron sino que caminaron en el sentido contrario. Como máximos representantes de la administración local en Galicia y España al frente de la Fegamp y la Femp respectivamente, Alfredo García y Abel Caballero siempre fueron reacios a las fusiones, no se sabe si por su convicción municipalista o por su militancia socialista, que los obliga a rechazar una propuesta que nace apadrinada por el Partido Popular.

Sea por una razón o por la otra, lo que es hoy una realidad es que la fusión de OzaCesuras en 2013 y la de Cerdedo-Cotobade en 2016, ambas en Galicia, son las únicas registradas por el Ine y el ministerio en España desde el año 2000, al que llegue buceando en el Registro de Entidades Locales (REL). Sin embargo, se han creado en ese mismo tiempo a través de segregaciones nada menos que 22 nuevos municipios, la mayoría en Andalucía y Extremadura. Vistos estos datos, no me queda otra que decir aquello de: "Nada más que añadir, señoría".

Vale que las fusiones no son la panacea, al menos como se plantearon las dos de Galicia, pero el estudio del profesor Abeal constata cierta dosis de éxito en ellas, les ve potencial y oportunidades, y, lo más importante, concluye que no generan "ningún problema de carácter identitario" entre los vecinos. Así que la conclusión es clara: si no hay fusiones es porque los pequeños concellos no quieren perder su pequeña cuota de protagonismo ni su trocito de negocio dentro de ese enorme pastel que es hoy la política en nuestro país.

El aviso de Os Blancos
Con este panorama, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza con el caso de Os Blancos. El pequeño concello ourensano de la zona de A Limia tiene el dudoso honor de ser el primero intervenido de Galicia por una bancarrota. El Consello da Xunta dio esta misma semana luz verde a esa intervención, que se ejecutará a través de la Diputación ourensana.

La realidad de Os Blancos es la de muchos concellos rurales y despoblados de Galicia que, pese a no llegar a tales extremos, las pasan canutas echando cuentas. Sin empresas ni gente, la capacidad recaudatoria decae y el coste de prestar servicios aumenta, un desequilibrio al que muchas veces —no siempre— se suma una desproporcionada plantilla laboral que fue engordada a lo largo de los años por políticas clientelares. Sobresale en las estadísticas la deuda del vecino concello de Porqueira, pero también otras peligrosas en Galicia como las de Miño, Catoira, etcétera.

Pieza clave para la economía
Llegados a este punto, a los ayuntamientos les toca dar un paso al frente para reivindicarse como piezas clave del siempre cuestionado modelo administrativo español. Es justo admitir que los concellos gallegos son de los menos endeudados de España, que no son ni mucho menos los responsables máximos de la crisis tras conseguir un superávit que en conjunto roza los 7.000 millones de euros y que la reforma local bautizada como la ley Montoro los ata de manos y pies y castiga con la misma dureza a los cumplidores que a los incumplidores, gesto que el ministro quiere reproducir ahora a nivel autonómico con las quitas de deudas de cara a negociar la nueva financiación. Admito todo eso en beneficio de nuestros concellos y más si hace falta.

Pero también ellos deben reconocer que, dentro de sus mermadas competencias, tienen personal, medios y margen de maniobra suficientes para hacer algo más por el bien común y la dinamización económica que patrocinar fiestas gastronómicas o rutas de tapas, que son los actos que copan la agenda del fin de semana tras fin de semana. La Xunta de Núñez Feijóo les acaba de pedir que, como en el vecino Portugal, faciliten al máximo la implantación de empresas, que hagan atractivos sus territorios para negocios y gente. Eso exige trabajar, pensar y reinventarse. Se juegan mucho en esto, porque no es lo mismo afirmar que llegó la hora de los concellos que decir que a los concellos les llegó su hora.


Mato, candidata sí o sí

Beatriz Mato. EP
Aunque este viernes aseguró que ser candidata a la alcaldía de A Coruña por el PP le haría mucha "ilusión", lo cierto es que Beatriz Mato podría haberse ahorrado el condicional del verbo, ya que a estas alturas la conselleira de Medio Ambiente parece más que fija en el cartel de la ciudad en 2019. Y al fin y al cabo, si la tierra es para quien la trabaja, a la recientemente elegida responsable local del PP en la ciudad le correspondería tal responsabilidad, porque lleva ya tiempo con el modo campaña activado, sobre todo los fines de semana. A las visitas a barrios, críticas a la alcaldía y otros básicos preelectorales sumó este viernes la inauguración de una nueva sede, ajena a la del Concello y la del PP provincial, arropada por Roberto Rodríguez y el ribadense Gonzalo Trenor. En resumen, el cuartel general desde el que intentará el asalto a María Pita.

El aire lucense de Merino
Domingos Merino. EFE
Familiares, políticos, amigos y una amplia representación institucional dieron este viernes el último adiós a Domingos Merino, el primer alcalde de A Coruña en democracia, fallecido a los 78 años. El desfile de rostros conocidos por la capilla ardiente de María Pita fue constante, igual que las alabanzas a su huella personal y la herencia política que deja. "Abriu portas que xa ninguén volverá pechar", dijo el actual regidor, Xulio Ferreiro. Sirva como anécdota que el gobierno nacionalista de Merinos Mexuto en la ciudad herculina, que se extendió desde 1979 a 1981, tuvo un marcado sello lucense, ya que aunque él era coruñés, su secretario personal en ese tiempo fue el mismísimo Luis Eyré Palleiro, el chantadino que participó en la fundación del BNG en 1982, fiel escudero de Beiras y que, tras su paso por Anova, fundó Cerna, su actual formación.

Los gestos de Caballero
Una foto del acto. PEPE FERRÍN
Esta semana el PSdeG anunciaba la designación de José Loira Rúa (Marín, 1949) como defensor del militante, una nueva figura orgánica creada por su equipo, igual que a finales de 2017 apostó por poner en marcha una escuela de formación dentro del partido, que bautizó con el nombre del histórico socialista lucense Ceferino Díaz. En realidad se trata de dos gestos nobles e inteligentes del nuevo líder del PSdeG, Gonzalo Caballero, que reconoce de esta forma el papel de dos personas queridas por la familia socialista gallega, igual que el hecho de contar más con los expresidentes gallegos Touriño y Laxe. Precisamente este viernes el protagonismo fue para la escuela de formación, que organizó unas jornadas de sanidad en el Parlamento en las que Caballero y Leiceaga cargaron contra la reforma de la ley sanitaria de la Xunta.