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La tregua llega a su fin

Acaba 2017, un año atípico sin elecciones en el horizonte que los partidos aprovecharon, mejor o peor, para reestructurarse

ACABA 2017, un año atípico a nivel político en el que la ausencia de convocatorias electorales en el horizonte permitió a los partidos dedicarse a reponer fuerzas tras el maratón electoral al que estuvieron sometidos en los ejercicios previos. Porque 2018 ya será otra cosa.

→ El PP deG patina en el asfalto

Con la mayoría de la oposición enzarzada en procesos de renovación internos, a menudo autodestructivos, el Partido Popular viene de cerrar un año relativamente cómodo para él en Galicia. En el Parlamento su mayoría absolutísima le permitió marcar la agenda a su antojo y a nivel orgánico culminó con relativo éxito los procesos de renovación a nivel municipal. Lejos de relajarse tras el triunfo electoral de 2016, la maquinaria se mantuvo perfectamente engrasada, salvo el paréntesis de unas semanas en las que un achaque de salud mantuvo alejado de la escena al número dos del partido, Miguel Tellado. Ahora, con el secretario general ya recuperado, parece recuperar el pulso. Sin embargo, da la sensación de que al PPdeG no le acaban de dar las cuentas en las ciudades. A lo largo de 2018 quedarán definidos los candidatos a las alcaldías, con algunos ya claros como Beatriz Mato en A Coruña o Rey Varela en Ferrol, pero con dudas en otros lugares como Lugo o Vigo. El gran reto popular para las municipales de 2019 es recuperar el mando en las urbes y las diputaciones, pero algunas de las encuestas internas que manejan no invitan precisamente al optimismo. No deja de ser curioso que el PP con el perfil más urbanita que se le recuerda en las últimas décadas esté patinando más en las aceras que en las corredoiras. Y no solo a nivel doméstico, sino también porque buena parte de los líos políticos en los que se vio inmerso a lo largo de 2017 le vinieron rebotados de la capital del asfalto, Madrid, donde el Gobierno amigo de Mariano Rajoy pareció asumir por momentos, con polémicas como la de la AP-9, Angrois o la financiación, el papel de líder de la oposición, que en Galicia suele estar vacante.
Imagen para el blog de Martín G. Piñeiro (30/12/17)
→ En Marea se atraganta

Si hay un partido al que 2017 se le atragantó de forma especial ese fue En Marea. Dos plenarios de alto voltaje, en los que la formación tan solo tenía que gestionar su éxito electoral de 2016 y fijar la hoja de ruta para consolidar su proyecto, bastaron para echar por tierra lo conseguido en las urnas. La confrontación interna alcanzó tal intensidad que a estas alturas ya nadie da un duro porque la alianza de Podemos, Anova, Esquerda Unida y las mareas municipalistas se reedite como tal en las municipales de 2019 y, mucho menos, en las autonómicas de 2020. Luís Villares salvó dos órdagos internos pero está cuestionadísimo como líder y el procés catalán acabó por poner las cartas boca arriba para confirmar que el matrimonio de conveniencia de Anova y Podemos-EU parece hoy irreconciliable. A la exitosa mezcla de nacionalismo y federalismo que alentó Xosé Manuel Beiras con el experimento de Age en 2012 parece que se le acaba el combustible. Y en este contexto aflora la amenaza de un Unidos Podemos a la gallega que se despoje del ala nacionalista de En Marea. Esa ruptura, de producirse, dejaría en una situación muy delicada a los alcaldes del cambio, ya que Martiño Noriega pertenece a Anova, Xulio Ferreiro encaja más en la órbita podemita y Jorge Suárez escora hacia Esquerda Unida. El éxito de sus proyectos de unidad popular en 2015 residió en la capacidad de aglutinar siglas, por lo que perder alguna por el camino puede resultar letal para sus intereses. En el plano positivo, es cierto que el grupo parlamentario de En Marea aparcó por momentos las diferencias y plantó batalla en la Cámara ejerciendo como principal fuerza de la oposición, algo nada sencillo teniendo en cuenta que la renovación de Anova que aupó a Antón Sánchez al liderazgo en este 2017 también dejó heridas en ese partido; que Carmen Santos fue incapaz de pacificar las familias de Podemos que conviven en O Hórreo; y que el relevo de Eva Solla por Yolanda Díaz al frente de Esquerda Unida acaba de echar a andar, como quien dice, con una campaña de afiliación, por lo que es pronto para calibrar su alcance.

→ El PSdeG busca su oportunidad

Los especialistas en convertir los procesos de renovación internos en guerras civiles son los socialistas gallegos. Sin tiempo a curar las heridas de la batalla Leiceaga-Romeu de 2016, el PSOE se enzarzó en las primarias Sánchez-Díaz en mayo y en las de Caballero-Villoslada tras el verano. El mejor resumen de lo que fue este 2017 para el PSdeG será la imagen de Noela Blanco y Rafa Villarino contando y recontando los votos de las primarias provinciales de Ourense, las únicas pendientes y que se celebran hoy, mientras preparan las uvas de Nochevieja. Sin embargo y pese a este campo de minas que fue 2017 para el socialismo gallego, hay que reconocer que entre el panorama con el que arrancó el año y las sensaciones que deja la formación y su nuevo líder ahora que termina hay un abismo. El encuentro del Cola-Cao con Núñez Feijóo metió de lleno a Gonzalo Caballero en el tablero político gallego ante la partida que está a punto de comenzar en 2018 y en el socialismo existe la sensación de que están ante una oportunidad de oro para, al menos, frenar la caída en picado de los últimos años. Y razón no les falta: el PP sufre el desgaste lógico de gobernar; Ciudadanos, hasta ahora inexistente en Galicia, no amenaza su caladero de votos por el centro; y su principal amenaza por la izquierda, En Marea, está en crisis.

→ La incógnita del Bloque

En esa desintegración que por momentos parece sufrir En Marea es en la que quiere —y puede— pescar votos el Bloque. La formación que lidera Ana Pontón entró en 2017 con los deberes orgánicos hechos, lo que le permitió dedicar todos sus esfuerzos a su labor institucional. Eso permitió que, por ejemplo en el Parlamento, la sarriana marcase por momentos la agenda de la oposición pese a tener solo seis escaños. Sin embargo, ese afán por comandar la bancada de la izquierda llevó a los nacionalistas a actuar en ocasiones de forma demasiado impulsiva con algunos asuntos. De todas formas, el BNG representa a día de hoy una auténtica incógnita, porque si bien es cierto que tiene liderazgo, estructura territorial, militantes entregados, poder institucional y una hoja de ruta muy clara, también lo es que parte de su caladero está repartido entre Anova, Cerna, CxG y algunos colectivos juveniles. Y nadie tiene redes para abarcar tanto mar.

Segundo asalto para Ciudadanos

CIUDADANOS quiere aprovechar el rebufo de su éxito electoral en Cataluña para consolidarse como marca política en todo el territorio español. Es cierto que en Galicia es donde peor lo tiene, porque el PPdeG es un monstruo electoral que en el eje centro-derechagalleguismo no acostumbra a dejar más que las migajas a los que quieren compartir mesa con él. Tras un primer asalto fallido a tierras gallegas, la marca naranja de Albert Rivera e Inés Arrimadas vuelve a la carga, de momento con una campaña de afiliación que le ha llevado desde septiembre hasta final de año a superar el medio millar de militantes, según sus datos. Parte de su éxito puede residir en el interés que tenga el Partido Popular en dejarle espacio, sobre todo en las ciudades y con la vista puesta en las municipales. La posibilidad de tener por primera vez en mucho tiempo una muleta en la que apoyarse es una idea muy tentadora para un PPdeG que en algunos sitios se quedó a un solo concejal de la alcaldía. Pero la operación no está exenta de riesgo.

CxG se juega mucho en este 2018

COMPROMISO por Galicia también aprovechó 2017 para reestructurarse tras sus últimos reveses electorales. El relevo de Xoán Bascuas por Xoán Carlos Piñeiro fue lo más novedoso de una formación escindida del Bloque en 2012 y que sigue teniendo en el alcalde de Lalín, Rafa Cuíña, su principal referente mediático y su principal cargo institucional. Lo que ocurre es que hoy en día, en un tablero político tan lleno de piezas, no es fácil coger una casilla libre. El partido que quiere capitalizar la bandera del galleguismo se juega muchísimo en las municipales de 2018 y eso lo sabe su nuevo responsable, que lleva meses pateando Galicia en busca de candidaturas con las que lograr representatividad institucional y, de paso, fondos. Es cierto que Piñeiro ha conseguido formar agrupaciones locales en su empeño de superar las 100 listas para las locales, pero no es menos cierto que no corren los mejores tiempos para los partidos pequeños, a los que además tiende a castigar en exceso la normativa electoral vigente.