Preocupada por la situación de los secuestrados, viviendo como propia la angustia de sus familias, la clase política está muy atenta a lo que sucede en las aguas somalíes y dedica muchas horas cada día a resolver tan inesperada situación. Es cierto que estos días hubo pequeños despistes causados por el exceso de celo, pero los ujieres del Congreso recibieron en las primeras veinticuatro horas doscientas trece peticiones para consultar el atlas de la biblioteca, lo que demuestra el interés parlamentario por ubicar a Somalia en el mundo. “¡Joder, qué cantidad de países!”, dijo un portavoz al abrir el citado atlas, y los ujieres, tras comprobar que unos buscaban Somalia en Europa del Este y otros en China, acordaron marcar la página correcta con un cartoncito que decía “la cultura os hará libres”. Incluso en la tradicional fiesta de “Dragones y princesas”, que se celebra en el hemiciclo el día de San Jorge e incluye el concurso de “tiro al libro”, la palabra Somalia estaba en todas las conversaciones. La atención es todavía mayor en Moncloa: el Presidente, que reúne al Consejo cada día, mira a sus ministras en busca de una idea, pero ellas miran a los ministros y éstos al Presidente, lo que cierra el círculo de silencios. Es cierto que se ha optado por una acción militar pero ¿quién le pone el cascabel al gato? Carme Chacón sugirió viajar al barco secuestrado, pero alguien le recordó que esta vez no vale ir, como hizo a Afganistán, con una troupe de acompañantes que incluya a tres personas (fotógrafo, estilista y periodista) de “Yo Dona”, suplemento para mujer del diario El Mundo que dirige la anterior esposa de Miguel Barroso, actual marido de la ministra. Cosas de familia, supongo. El Presidente ha confesado a Manolo, amigo mío y psiquiatra de Moncloa, que no quiere retirar los crucifijos y biblias en las tomas de posesión “por no irritar al Rey”, reflejando sin proponérselo cuánto respetan la Constitución los que mandan, y cuánto tiene de garbancera nuestra democracia. Después nos sorprendemos de que Esperanza Aguirre incluya un cura en los comités de ética de los hospitales madrileños o que el protocolo llame besamanos al habitual desfile de los notables ante la Familia Real. El Embajador de Francia dio el jueves una fiesta en su mansión de la calle Serrano. ¿Motivo? La visita oficial de su ministra de Justicia, tan inteligente, tan guapa. Daba pena ver a Moratinos con un parche en su ojo derecho y luciendo garfio en lugar de mano, pues Zapatero le ha condenado a ese disfraz en tanto no resuelva lo del secuestro. El hombre ha pedido ayuda a Francia y a USA, pero el asunto no está claro. Se veían muchos embarazos, alguno real y casi todos postizos: está de moda esa línea curva, tanto para mujeres como para hombres, y un banquero me confesó que él la había logrado rellenando su camisa con las hipotecas impagadas de sus clientes. Pepe Blanco rechazaba el foie, pues está a régimen (la buena vida engorda, es sabido) y frecuenta menos el club privado Pasión Habanos, lugar de la casa de América donde algunos ilustres se reúnen a fumar Cohibas y similares. También estaba muy solicitada Elena Valenciano, dirigente socialista con gran futuro, especialmente tras la reunión con las Juventudes de su partido, a quienes se dirigió en estos términos: “Jóvenes y jóvenas socialistas...” Eso es igualdad, tía. Hago punto y aparte para contar lo del PP, cuyos líderes no faltaron a la fiesta. La pregunta que todos se hacían era ¿puede ganar Rajoy, alias “el socialdemócrata”, esta guerra contra El Mundo y la COPE? Frente a la estrategia marianista, mitin tras mitin hasta ganar el Congreso de junio, sus adversarios han optado por reunir firmas para que el candidato presidencial sea elegido en unas primarias; entretanto, esperarán los tropiezos en las elecciones europeas, autonómicas y municipales. Un agudo observador me decía que, aunque Andalucía y Cataluña tendrán del Gobierno cuanto deseen, éste se ha metido en un buen lío por la financiación autonómica, pues Cataluña y otros ricos se enfrentan a Galicia y otros pobres; batalla que se extiende a la elaboración de las balanzas fiscales. De nuevo las dos españas, la de pobres y la de ricos, de cuya desigualdad nadie habla ya. Está muy bien que Zapatero busque equiparar los sexos, mas su superchería está en llamar socialismo a eso y no tomar medidas para que las clases sociales aproximen sus rentas. No están de moda los pobres, claro. Los inmigrantes, por ejemplo, abandonan los pisos que habían logrado comprar, pues ya no pueden pagar la hipoteca; envían a sus familias de vuelta mientras ellos se trasladan a un piso-patera, donde alquilan una cama. La crisis se ha llevado por delante su sueño de integrarse en la sociedad de consumo. La clase media comparte su plaza de aparcamiento, que alquila durante las horas de trabajo y es un modo de reducir gastos. Y los jóvenes, esos pobres alegres, luchan contra la carestía de la vivienda con su propio cuerpo: abundan los anuncios que ofrecen compartir vivienda a cambio de sexo mientras una estadística reciente nos dice que quince mil universitarias se prostituyen para pagar sus estudios. Son las “chicas malas” que Mae West definió en frase magistral: “Las chicas buenas van al cielo; las malas, a todas partes”. Dichoso dinero, qué sabroso es.
26/04/2008
Arturo, perdona que me entrometa pero te olvidas de comentar algo sobre la botella y la unión de las peras con las manzanas y es que un gesto hacia la botella siempre lo agadecerán sus correligionarios. Desde luego Arturo eres un deslenguado y poco temeroso de Rouco I de Galicia por la gracia de Dios y de bautizar a los hijos de los ricos. Hay el dinero Arturo, que bien nos sienta. Menos mal que escribes lejos de José María Picallo. Jose Mari España se rompe y Cerolo va pa ministro de defensa. Venid salvadores de la Patria. Arturo, tu crees que lo que digo viene a cuento o es que estoy enfadado, no se, estoy lleno de dudas.