Juan Fernández-Armesto, presidente de la Casa Grande de Xanceda

"A todos les sorprende que me dedique al arbitraje internacional y a producir yogures"


Etiquetas: salud, alimentación, ecología

06/07/2008 - Alicia Quintá. EFE

Juan Fernández-Armesto (Nueva York, 1953) es hijo de dos destacados periodistas: Felipe Fernández-Armesto (Augusto Assía) y María Victoria Fernández-España. Pero su actividad laboral queda muy lejos de la pluma. Desde 2002 compatibiliza dos actividades tan curiosas como diferentes: la producción de yogur ecológico y el arbitraje internacional.

Esta última actividad está más relacionado con su titulación de catedrático en Derecho, una ocupación que lo lleva a viajar por medio mundo, pero siempre con el mismo punto de regreso: la Casa Grande de Xanceda, en la localidad de Mesía, perteneciente al municipio coruñés de Ordes. Allí reside la segunda de sus grandes pasiones: los yogures.

PREGUNTA: Un catedrático en Derecho, árbitro internacional y ex-presidente de la Comisión Nacional de Valores, ¿cómo pasa a apostar por una granja ecológica?

RESPUESTA: Fue una decisión determinada por circunstancias familiares, en la que lo fácil hubiese sido matar las vacas, cerrar la granja creada por mi padre con 30 frisonas y vivir una vida más placentera y con menos sobresaltos. Pero encontré a un veterinario, el técnico de nuestro proyecto, nos asociamos y nos hemos ido animando el uno a otro desde hace seis años y nos ha ido muy bien.

P:
¿Cómo compatibiliza esto con el arbitraje internacional?

R: Pues mal, porque estoy viajando continuamente, son dos mundos muy diferentes, antagónicos y todo el mundo se sorprende de que uno se pueda dedicar al yogur ecológico y al arbitraje internacional. Sólo puedo hacerlo gracias a mi socio, que me cubre las espaldas.

'Admiro a quienes se dedican al marketing'
P: Con una experiencia siempre relacionada con el derecho y la economía, ¿cómo valora esta tan distinta?

R: Me llama la atención lo difícil que es. Por eso, desde que estoy en esto admiro más a los que se dedican al marketing y a las ventas, porque me parece dificilísimo. Esa es la gran diferencia que no he tenido en mis etapas previas: las dificultades de la comercialización, es el gran tema.

P: ¿Pero lo es por ser un producto ecológico o por los cauces de la distribución?

R: Lo es porque en este momento se han tornado las fuerzas y quienes dominan en la distribución son los grandes distribuidores. Los fabricantes son la parte débil de la cadena y sólo se defienden los que tienen marcas de primerísima calidad. Los que no tienen marca conocida o los pequeños innovadores estamos en una posición de falta de peso y desigualdad con la distribución y a expensas de los grandes, que no es nada fácil que abran un hueco.

Orgulloso de su pasado
P: Pese a ello, no me diga que ha tenido más quebraderos de cabeza ahora que cuando fue presidente de la CNMV.

R: No, claro, no me quita tanto el sueño. No miro para atrás con nostalgia, quizás sí con orgullo, pero no con nostalgia hacia mis épocas de regulador. Nada me ha quitado el sueño como los problemas del Mercado de Valores y espero que nada lo haga.

P: ¿Este proyecto se ha convertido, además del mantenimiento del legado, en un reto personal suyo y de su socio?

R: Sí, y no hay que negar que hay vías cuando las cosas salen mal, cuando no logramos vender o cuando a veces me digo "en dónde nos hemos metido", pero también pienso que hemos creado 16 puestos de trabajo fijo en la Galicia más rural, por lo que son 16 familias en un proyecto, pero es duro.

P: Volviendo a la distribución, ¿Ve en el servicio a domicilio, la entrega personalizada o en internet una posible solución?

R: Sí, sin ninguna duda. Nuestra distribución tendrá dos patas: una a domicilio, como hacemos en Madrid, con entregas dos días a la semana en 4.000 casas de la capital, y que queremos iniciar en Galicia, y la otra es la inclusión en menús fuera de casa.

El precio de lo ecológico
P: ¿Ecología y respeto al medio ambiente llegarán a ser rentables y lograr así más iniciativas?

R: Todo al final en una economía de mercado tiene que ser rentable porque, si no, no tiene futuro. Tenemos un ejemplo bueno con la primera empresa que tiene nuestros yogures en sus comedores, Ikea, que paga más que por otros, pero lo hace porque cree que de esa forma da una imagen a sus consumidores y eso le repercute.

P: Y ahora mismo, ¿el consumidor está dispuesto a pagar el precio de la producción ecológica?

R: Por nuestra experiencia, el precio no es el problema cuando se da calidad. El obstáculo ahora es llegar, porque el 90% no tienen alternativa ni acceso a estos productos. Además, en cuanto haya más demanda, podremos bajar los precios.

P: Pero, ¿es compatible una gran producción con lo natural?

R: Hay límites. Esa es una de las grandes preguntas de la agricultura ecológica, porque la real es la cien por cien auténtica, pero también la hay de gran empresa y es bueno que las grandes apuesten.

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