Dibujan el primer mapa de 'fronteras' del Ártico

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  • Viernes 09.01.2009

Disputa territorial por los recursos energéticos

Dibujan el primer mapa de 'fronteras' del Ártico


Etiquetas: ecología, energía, EEUU, Rusia, Canadá, Dinamarca, Noruega

EFE/Vanesa Felpeto.

Científicos de la Universidad de Durham (norte de Inglaterra) han dibujado el primer mapa del Ártico que detalla las zonas que pueden ser objeto de disputas territoriales en el futuro, visto el panorama de lucha por los recursos enérgeticos y minerales de los fondos del Polo Norte y la posibilidad que ofrece el deshielo de abrir nuevas rutas marítimas.

Los investigadores se basaron en la Convención de la ONU sobre Derecho del Mar (1982), según la cual "todas las naciones costeras tienen derechos sobre los recursos hasta 200 millas náuticas desde sus costas", explica Martin Pratt, director del estudio; teniendo en cuenta además el derecho que algunos de esos países tienen a ampliar ese reclamo hasta 350 millas por la extensión de sus plataformas continentales.

Para elaborar el estudio cartográfico usaron un software geográfico especializado que ajustara esos derechos con precisión, considerando además  reclamaciones de propiedad históricas y actuales. La investigación surge, según Pratt, con la finalidad de ''informar las discusiones y los debates porque, francamente, ha habido mucha basura sobre quién puede reclamar soberanía sobre qué".

Batalla y armas
La batalla por los territorios del Polo empezó en el año 2000, cuando un estudio del Geological Survey, instituto geológico norteamericano, calculó que el Ártico albergaba el 25 % de las reservas desconocidas de petróleo y gas. Un porcentaje que concretó más tarde en la cifra de 90 millones de barriles de petróleo que, dicen, hay sin explotar en las profundidades de Alaska.

A partir de las especulaciones de que los hielos del Ártico flotaban sobre el preciado oro negro, los países ribereños comenzaron a reivindicar su soberanía sobre el mismo, dentro de unas fronteras aún por marcar. En la lucha, Dinamarca, Noruega y los gladiadores más fuertes, Canadá, Estados Unidos y Rusia.

Prácticamente todos los países en disputa han explorado la potencialidad de los fondos del Ártico. Pero la campanada la dio Rusia en 2007, cuando dos de sus batiscafos en plena expedición dejaron en el fondo oceánico una cápsula de titanio con una bandera rusa insertada. Un acto puramente simbólico a ojos de la comunidad internacional, pero que dejaba claras las intenciones de Rusia de luchar enfervorecidamente por su supuesto derecho a la soberanía sobre estos territorios.

Los luchadores más fuertes
Aunque ninguno de los países en el meollo se ha dormido en los laureles, la voz cantante la llevan EEUU, Canadá y el gigante soviético. Las batallas principales giran en torno al Mar de Barents, la isla de Hans -una roca de 1 km² que enfrenta a Canadá y Dinamarca-, la cordillera de Lomonosov y el Mar de Bearing, que separa Alaska de Siberia, disputado por EEUU y Rusia.

La más sonada, la que se fragua por el Paso del Noroeste, la ruta marítima más breve entre Europa y Asia, que acorta un 23% el trayecto entre Tokio y Nueva York. Cubierto por los hielos hasta ahora, el deshielo permitió que en 2007 se abriera a la navegación de barcos comunes por primera vez durante varias semanas. Este pasaje permitiría redibujar las rutas comerciales, hacer los viajes más rápido y sacar con petroleros o gaseros los recursos de las prospecciones de los fondos árticos.

Sin perder tiempo, Rusia y Noruega se han puesto a trabajar en la construcción de buques contenedores semirrompehielos, y Canadá  ha anunciado sus planes para construir un puerto en Nanisivik, cerca del acceso oriental al Paso.

Canadá reclama la soberanía de este territorio desde 1973. Su argumento es que los barcos que cruzan el paso, pasan entre islas canadienses y sobre la plataforma continental de Canadá. Sin embargo Estados Unidos no reconoce tal derecho y reclama que esta zona debe mantenerse abierta a toda la navegación. Actualmente hay un arreglo, en el que Estados Unidos notificará a Canadá cualquier tránsito, pero este último no puede detener su paso.

Política de urgencia
Obviando las ambiciones económicas, la escasez inminente de fuentes energéticas ha fomentado esta carrera por la explotación de los recursos naturales del Ártico. En julio de este año el gobierno estadounidense levantó una prohibición vigente por 17 años que impedía la perforación en las costas de su territorio con el fin de aliviar la crisis energética.

Además el verano pasado el Senado de Estados Unidos puso en marcha una comisión para ratificar la Ley del Mar, 25 años después de haberla rechazado. El motivo, poder reclamar ante la ONU esas 350 millas de aguas territoriales. Moscú, por su parte, sigue defendiendo que la cordillera de Lomonosov es rusa porque forma parte de su plataforma continental, y Gazprom ya ha hecho planes para la explotar la zona.

Expediciones, rompehielos, proyectos de puertos, ratificación de leyes. Decenas de estrategias con el único fin de hacerse con el tesoro congelado del Ártico. Millones de litros de petróleo y gas, toneladas de oro, diamantes y otros minerales. Una oportunidad in extremis de salvar a Occidente del frío que sufre cuando la ausencia de petróleo le deja en pañales.

La facilita la propia dinámica mundial, el cambio climático que derrite los polos. Y como siempre pasa cuando se obra con urgencia, nadie piensa en las consecuencias. Grupos ecologistas pronostican el fin de la fauna ártica. En Europa sigue preocupando más que llegue la Segunda Guerra Fría.

06/08/2008

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