E. Ferro: media vida dedicada al cuero

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  • Lunes 01.12.2008

Artesanía

E. Ferro: media vida dedicada al cuero


Etiquetas: patrimonio, artesanía

B.V.

A Elena Ferro lo que más le gusta es el oficio que heredó de su abuelo. “Llevo en esto desde pequeña. Mi padre también trabajó de zoqueiro y yo siempre me dejaba caer por el taller”. De niña, se entretenía viendo hacer zuecos. Ahora, a sus 33 años, sigue en el viejo taller trabajando con el cuero para sacar de él desde cintos y pulseras hasta el tradicional botín.

“Mi padre sólo hacía zuecos y aparejos para animales”, cuenta. Pero la moda de los complementos de cuero la obligaron a adaptarse a los nuevos tiempos, y satisfacer una demanda que no paraba de crecer requirió ‘contratar' más artesanos. Eso sí, sin salir de casa y sin perder el carácter familiar que desde siempre tuvo este oficio en el clan de los Ferro. Quien ayuda a Elena en el obradoiro, en Vila de Cruces, son sus dos hermanas y, sus padres, que no olvidaron aún la pasión por el cuero, echan también una mano cuando hay apurada.

El precio de lo que no tiene precio
Y ahora hay apurada. Entre abril y San Froilán (en octubre), Elena y sus hermanas no paran. Trabajan con muy pocas tiendas, por lo que viajan de feria en feria ofreciendo sus productos la quien quiera comprárselos. “Vendemos de todo y a todo tipo de gente, desde niños que se llevan un anillo a agricultores que compran unos zuecos o jóvenes que se deciden por un cinturón”. 

Aun así, la zoqueira cuenta que el principal obstáculo a la hora de vender, como no podía ser de otro modo, son los precios. Pese a la reputación que la artesanía conquistó en los últimos años, el producto hecho a la mano se sigue pagando muy caro a juicio de muchos. “La gente lleva sobre todo piezas pequeñas, gasta un promedio de 15 o 20 euros”.

Y contra lo que pudiera parecer, los zocos se seguen vendiendo. Incluso hace unos años a demanda venía del campo, de ganaderos y agricultores. Hoy quien merca un par disteis botines son sobre todo grupos de baile tradicional y amantes del producto artesano tradicional, que los llevan de recuerdo. “Para trabajar se piden menos pero aún hay quien los usa, sobre todo en Lugo”.

Hacer un par de zocos empezando desde cero requiere entre cinco y seis horas de trabajo. Y se venden por unos 30 euros (5.000 de las viejas pesetas). “No nos resulta rentable, es a lo que menos le ganamos, pero es la única manera de mantener la tradición y de que quien los usa para trabajar los siga llevando”, explica Elena.

16 años trabajando con el cuero
Después de media vida en el campo de la artesanía, Elena habla de un cambio en la percepción que de los oficios tradicionales hubo antaño y hay ahora. “Aunque el precio se sigue considerando elevado, sí que se valoran más los productos hechos a mano".

Recuerda que cuando su abuelo y su padre comenzaron con el taller, la gente compraba por necesidad “y no importaba si era artesanal o no”. Aun así, y pese a que un par de zuecos bien cuidados tienen una esperanza de vida muy alta, Elena explica que en los grupos de baile es lo último que se compra.

“Se gastan mucho dinero en un traje, pero los zuecos siempre parecen muy caros, cuando son lo más barato de todo”. Donde más se valora el trabajo de los artesanos es en las ferias especializadas, donde los Ferro se sinten como en casa.

Los ‘pros' y los ‘contras' de la tradición

Pese a declararse apasionada de su trabajo, también Elena tropieza con una piedra en el camino: la del trabajo en serie. “Supongo que es el problema que encontramos todos los artesanos”. Pero esta joven cruceña sabe cómo compensarlo.

No hay nada como mantener la cabeza ocupada pensando en nuevos diseños, y trabajar maquinando en cómo quedará, en ponerlo en el mercado y comprobar lo bien que se vende. “Hacemos tiradas de unas 30 piezas y las llevamos a las ferias. En función de la aceptación que consiguen, aumentamos la tirada o no”. En el caso de los bolsos, cada modelo cuenta únicamente con cuatro o cinco piezas. Y es que llevar en el brazo un bolso hecho a mano es garantía de originalidad.

Durante años, Elena hizo de modelo y escaparate para los productos que ella misma diseñaba. “Cuando era joven –cuenta, como si ya no lo fuese- llevaba un montón de pulseras, pero ahora ya no llevo nada”. Sólo prueba las nuevas piezas, para ver, por ejemplo, cómo les afecta la humedad. “Pero no es porque no me guste llevar complementos, sino únicamente por comodidad”, aclara.

Lo que segue llevando son zuecos y sandalias. “La gente da por sentado que los zuecos son incómodos, y no es cierto”, explica, para alabar a continuación las ventajas de caminar a diario con este botín de madera y cuero. “Es el calzado más natural, transpira y se adapta al pie como un guante”. Por supuesto, Elena recomienda su uso. “Quien nunca los probó, tiene que arriesgarse y probarlos”.

‘Nunca se nos dio tanta imporancia'

Cuando empezó en esto de la artesanía, a los 16 años, Elena firmaba con su nombre las piezas que diseñaba: E.Ferro. “Después se incorporaron mis hermanas, pero rehusaron cambiarlo”, explica.

Las tres pasan en el obradoiro lo que sería una jornada laboral normal, unas ocho horas, que aumentan hasta las doce o trece cuando hay apuro. “En enero y febrero trabajamos a ralentí”, ríe.

Con el conocimiento que le dio la experiencia, Elena asegura que "nunca se nos dio tanta importancia –a los artesanos- como la que se nos da ahora”. Y recuerda cuando empezó su abuelo, que le contaba como los zuecos no tenían salida porque eran considerados como el calzado de los pobres.

Fue a medidados de los '90 cuando la tradición volvió a estar de moda, y cuando el trabajo de los artesanos empezó a valorarse. “Ahora nos seguimos moviendo con la moda, y teñimos el cuero o lo dibujamos en función de lo que se lleva, de lo que vende”.

Muchos años, y los que quedan
Con cada palabra de Elena se aprende mucho de este trabajo. Lleva media vida sumergida en el oficio familiar, y no ha pensado en parar. Reconoce que trabajar el cuero, ser artesano, tiene partes malas. “Yo envidio por ejemplo a quien diseña y vende a una tienda, sin tener que salir continuamente a las ferias. Ir a las ferias es bonito, pero salir a tantas... cansa un poco!”.

El obradoiro E.Ferro comercializa bajo la marca Artesanía de Galicia. Dicen que aporta un valor añadido sobre todo a la hora de presentar los productos. “Entregar una bolsa, un sobre, es un pequeño detalle que sirve de garantía de que eso que va dentro es de verdad”.

Pese a tantos años de dedicación, a Elena le queda mucho por descubrir en el mundo del cuero. No la desaniman ni el trabajo en serie, ni los regateos en las ferias, ni echar un montón de horas en el taller cuando el apuro aprieta. “A mí me gusta esta forma de vida”.

27/08/2008

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Taller de Elena Ferro, en Merza. (Fotos: Otto.AGN)
Taller de Elena Ferro, en Merza. (Fotos: Otto.AGN)

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