Esto de las vacaciones para los ciudadanos consiste, sobre todo, en cambiar de actividad y de costumbres para así relajarse y poderse incorporar a las tareas cotidianas post estivales, con cierto desahogo y descansado. Este periodo de respiro también incluye la dimensión política de todos aquellos que sufrimos sus consecuencias, o sea de los ciudadanos y especialmente de los informadores. n
Necesitamos romper la tensión y poder dedicarnos a recuperar antiguas relaciones y recuerdos. ¡Misión imposible!
Es tal la actividad política, que el gobierno suspende sus vacaciones para poder responder a la oposición, que como siempre, le acusa de incapacidad. El gobierno tiene que dar a conocer las medidas que han puesto en práctica para paliar la crisis. Me refiero a aquellas medidas que estén en sus manos, pues las esenciales están en las de grupos extranacionales, cuya única patria es el dinero. Y a esos sin patria y de pensamiento único, sólo se les puede controlar con medidas que nos llevarían a un sistema de planificación financiera del mercado del dinero. Entonces los partidos de la derecha neoliberal acusarían al PSOE de intervencionismo marxista.
La oposición ocupa todos los espacios mediáticos con continuos ataques y descalificaciones a todo lo que el gobierno planifica. Han concebido sus vacaciones de tal manera que siempre hay algún dirigente del Partido Popular para lanzar sus diatribas contra las actividades gubernamentales… y los ciudadanos, que habíamos pensado que nuestras vacaciones iban a ser relajadas, e íbamos a poder disfrutar de nuestro paisaje, nuestra gastronomía y de nuestras amistades y familia, nos lo impiden nuestros políticos. Nos sirven de postre una retahíla de pronósticos económicos y vivenciales que nos acidan la vida vacacional. La sociedad necesita también de vacaciones políticas, aunque parece que se cumple el anunciado de Ives Montand: "Aunque no te ocupes de la política, ella se ocupará de ti". Se olvidan que la felicidad social se consigue teniendo como objetivo el ocio. No recuerdo quien decía que "la mejor prueba de la calidad de una civilización es la calidad de su ocio". Nos pueden apretar en el consumo, en la calidad de los servicios sociales, e incluso en la seguridad social, pero no pueden atacar nuestro ocio. Decía Melville: "Hablan de la dignidad del trabajo. ¡Bah! La dignidad está en el ocio".
Por más que consulto los medios de comunicación, apenas encuentro la famosa e innecesaria serpiente de verano. Prácticamente, este verano los periodistas políticos apenas han tenido vacaciones, pues los gabinetes de agitación y propaganda están trabajando a todo gas. Cómo echo en falta el sentido del humor en esta legislatura, y sobre todo en esta época estival.
Ya decía Tristán Bernard: "El humorismo no es más que una lógica sutil", y en estos momentos en los que empezamos a padecer las consecuencias de la crisis económica, necesitamos del humor para pasarla mejor. ¿Que impide decir la verdad con humor?, lo que me hace pensar que algunos políticos lo que quieren es añadir desazón a la crisis para desgastar el gobierno. Parafraseando a Tati, algunos políticos deberán aplicar algún sentido del humor a su actividad, con lo que demostrarían su amor a la sociedad.
Aunque algunos nos quieran dar las vacaciones, no lo van a conseguir. Muchos sabemos que la crisis se arreglará combinando propuestas nacionales con acciones internacionales y la reacción ciudadana a la especulación. Los precios del combustible bajarán y de los intereses bancarios se amortiguarán, como ha empezado a ocurrir.
Cuando la crisis se haya diluido, ¡que lo hará!, qué nos dirán los agoreros. Pensarán con seguridad: ¡Es la política del vale todo! Si viviera Lope de Vega les diría: "A nadie se le dio veneno en risa".
Quizás el gobierno se equivocó en su política informativa sobre la crisis, y ahora le va a costar remontar el error. En lo que no puede equivocarse es en el tipo de información que se debe aplicar en el proceso de recuperación de la crisis, y explicar las diferencias que plantean unos y otros, así como y las consecuencias sociales que conllevan.
Me gustaría que este mes de vacaciones me pudiera relajar, y que los políticos dejaran de provocar a mi instinto periodístico, pues lo único que van a conseguir es que además de no disfrutar de este periodo estival, vaya acumulando ansias de venganza contra aquellos que me impidieron relajarme. Seguro que volveré a Madrid con el ánimo de pagar con la misma moneda a aquellos que me han fastidiado mis acostumbradas vacaciones en Redondela.
19/08/2008