No fue una noticia anunciada y además nadie se la esperaba, así que llegó de golpe, como las lluvias de septiembre, de forma brusca y con fuerza, más de la que nos dijeron que tendría y, para colmo con intención de acomodarse en nuestras vidas durante más tiempo del que quisiéramos, Hace bien poco en todas partes había cientos de formas que anunciaban la construcción de nuevos miles de pisos y urbanizaciones y los constructores y empresas ganaron mucho, pero de repente el paisaje se fue cambiando y el ritmo de construcción descendió.
También vimos subir el precio de los carburantes a céntimo diario, decían que por el petróleo, mientras cada día el depósito tenía menos, pero había que ir a repostar más a menudo; bajó mucho, mucho el petróleo, pero los carburantes se han instalado en el crisis y los precios siguen igual (ayer, donde yo vivo, la sin plomo se encareció un céntimo).
Y todo, todo ha subido de precio menos los salarios y, sin embargo la crisis no afecta a todos igual porque cuando hay bonanza casi no nos damos cuenta que son los emigrantes los que trabajan en los puestos que primero sufrirán cualquier contratiempo y, dentro de éste colectivo, las mujeres aún lo tendrán más crudo, y aunque todos la notamos en nuestras carteras no todos soportaremos igual sus efectos, algunos, como las multinacionales de los carburantes, quizás ni se den cuenta de que existe, ellos manejan el precio y controlan sus ganancias siempre, más aún en crisis.
De todas formas “nunca choveu que non escampara”; enfadarnos no nos dará resultado pero al menos nos quejaremos y sabrán que nos damos cuenta de que nos manejan a su antojo, subiendo el precio del dinero para que los bancos no queden sin “líquido”; encareciendo los productos básicos y los que no lo son, porque, al fin y al cabo, los ciudadanos (unos más que otros) somos los que soportamos sus caprichos.
05/09/2008