Plan Bolonia: Las dos caras
Lo que se dice... y lo que se hace
20/11/2008 - Beti Vázquez
Como sucede a menudo en política, la mejor manera de acallar las voces discrepantes es decir lo que todo el mundo quiere escuchar. Bolonia se vende como un proceso renovador, que favorecerá la movilidad del estudiante y que facilitará su incorporación al mercado laboral. Propagandísticamente hablando, el Plan es esto y sólo esto.
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Pero el año en cuestión se acerca y nadie les ha dicho nada. “Por eso se evita una acción brutal en contra”, cuenta Marcos Loureiro, responsable nacional de los Comités (la unión de los Comités Abertos de Facultades y los Comités Abertos de Estudantes), y uno de los pocos que lleva años intentando ‘parar’ lo imparable. “Empecé a protestar el primer día que pisé la facultad, hace cinco años”.
Uno menos lleva Iago Barros, el responsable de comunicación de Agir. Este colectivo estudiantil hace honor a su nombre (‘acción’, en portugués) y disputa con los Comités el privilegio de ser la primera piedra en el camino hacia la ‘armonía’ de Bolonia.
Elitización y privatización: los enemigos del estudiante
Pequeñas riñas aparte, Iago y Marcos se han manifestado cada uno por su lado contra dos enemigos comunes: el EEES es para ellos sinónimo de elitización y privatización de la enseñanza.
Elitización porque el alumno no podrá acompasar trabajo y estudios, porque aseguran que el actual sistema de becas desaparecerá en favor de los 'créditos blandos' (préstamos que tendrán que ser devueltos) y porque la estructura que propone Bolonia, dividida en grados y postgrados, no tiene en cuenta el bolsillo medio.
Pero ambos jóvenes alertan de las excesivas horas de despacho que harán las empresas privadas tras la implantación de esta reforma. Recuerdan que en la actualidad “empresas como el Banco Santander ya tienen oficinas en algunas facultades”, como la de Económicas en Santiago de Compostela o la de Veterinaria en Lugo.
'El EEES no cambiará nada'
Se quejan de que servicios como la copistería o la impresión en aulas públicas sean financiados por el alumno, “cuando en países como Portugal hasta los precios de la comida en las cafeterías están adaptados a la economía de un estudiante. Esto aquí ni se plantea”, sentencia Iago, visiblemente indignado.
Sin embargo, el director xeral de Universidades, Xosé Ramón Leis, planta cara a sus demandas. “En los documentos del EEES no hay ni una sóla línea que se refiera a cuestiones de suba de tasas ni de privatización de nada”. Por ello, al preguntarle por las quejas que colectivos como Agir o los Comités han llevado a la calle una y otra vez, Leis dice no entenderlas.
“La Universidad seguirá siendo la institución que es ahora”, insiste, al tiempo que asegura que quien sostenga lo contrario “desconoce o quiere desconocer” qué es el Plan Bolonia y hacia dónde va encaminado.
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