Plan Bolonia: Las dos caras
¿Una Universidad sólo para ricos?
20/11/2008 - Beti Vázquez
“Si me preguntan por qué estoy contra Bolonia respondo: porque no sé lo que es, pero me está afectando mucho”. Así de tajante es Iago Barros. Este estudiante de Derecho, y responsable de comunicación del colectivo Agir, exige “más información a través de la presión estudiantil” sobre lo que considera un proceso etéreo que afectará a 20 millones de estudiantes de 46 países.
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“Ha sido un fallo a todos los niveles, el programa de información se ha diseñado mal”. Por ello, impone una dosis de paciencia a cada palabra y repasa punto por punto la engorrosa reforma.
Menos apuntes y más debate
El Plan Bolonia se fundamenta en un cambio de metodología “muy positivo para el alumno”, a juicio de Xosé Ramón Leis, director xeral de Universidades. En esta línea, primará una formación “menos academicista y más realista”.
El trabajo del alumno se medirá en los llamados ‘créditos ECTS’, la moneda única en las universidades que se abriguen bajo el paraguas de este proceso. La crítica llega desde los propios estudiantes.
“Un horario tan intenso hará imposible compatibilizar las clases y el trabajo”, alerta Marcos Loureiro, responsable nacional de los Comités. A su juicio, Bolonia consagra la figura del estudiante a tiempo completo, al trasladar las ocho horas diarias de trabajo al terreno universitario, con un problema añadido para quien tenga que trabajar para pagar sus estudios.
Estudiante, y obrero
En este sentido, Máximo Plo tranquiliza a los colectivos de alumnos. “El estudiante tiene la consideración de un trabajador, y debe trabajar unas 37 horas a la semana”, reconoce. Pero acto seguido insiste en que se permitirá una matrícula a tiempo parcial.
“El alumno que trabaja a tiempo completo tiene que estudiar a tiempo parcial, porque también necesita tiempo para dormir y comer, y nosotros tenemos que garantizarlo”. Con voz firme y hasta en dos ocasiones, Plo recalca su compromiso con esta posibilidad, un compromiso que se hará “¡por ley!”.
Sin embargo, ni siquiera IESGA (la única organización estudiantil a favor de Bolonia) está convencida. Su responsable, Azucena Rodríguez, habla alto y claro. “Estamos a favor del cambio del paradigma educativo, de los [créditos] ECTS y de su espíritu”.
Azucena entiende que con este proceso, el estudiante no queda desamparado, sino que se convierte “en autónomo y protagonista de su aprendizaje”.
Falta de formación
Pero en la conversación con ella también hay tiempo para las matizaciones, para 'corregir' sin reparos los errores de la ambiciosa reforma. “Bolonia adolece de un plan paralelo de formación del profesorado y del alumnado”.
A consecuencia de ello, Azucena vaticina que en las universidades gallegas no está claro el modelo educativo que propone el Plan. “Los profesores acabarán usando los dos sistemas, e imprimirán al alumno una carga de trabajo que no podrá asumir”.
La falta de información, una denuncia compartida por todas las partes excepto por la Xunta, vuelve a la palestra. Y la idea de compatibilizar estudios y trabajo es, también para IESGA, una utopía.
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