Carmen Freire (Rois, A Coruña, 1968) es desde hace una semana la nueva secretaria general del Sindicato Labrego Galego (SLG). Es ingeniera agrícola y acabó los estudios de Ingeniería Forestal, excepto por el proyecto de fin de carrera. Sus principales preocupaciones son que Galicia mantenga su soberanía alimentaria y que el mundo rural recupere la autoestima.
Pregunta: ¿Como se inició en el sindicalismo labrador?
Respuesta: Supongo que me vino de familia. Yo son de casa labradora de toda la vida, y allí siempre se le daba mucho valor a comer lo que nosotros mismos producíamos, y siempre se disctutía mucho sobre todos los temas (ríe). Tengo claro que esa es la vida que quiero. Ya desde los 19 años, cuando estudiaba en la universidad en Lugo, tenía una huerta cerca de la ciudad, y me llevó a interesarme por el SLG. Comencé a colaborar con la organización en 1987, como militante, luego llegué a tener responsabilidades comarcales, años después, y hasta hoy.
P:¿Nunca estuvo tentada de dejar la huerta y preparar una oposición?
R: Pues lo cierto es que, cuándo acabé la carrera, hubo mucha gente que se sorprendió de que no había hecho eso, incluso algunos de mi familia. Pero nunca me tentó. Tengo claro que cuándo final el período como secretaria general, mi destino será volviere a trabajar en la huerta.
P: ¿Impone respeto sustituir a alguien como Lidia Senra?
R: Un poco. Lidia, con su trabajo y su voz firme y fuerte, logró que este sindicato tenga un gran respeto entre los campesinos y la sociedad en general. El listón está alto, pero nuestra organización es fuerte y podrá alcanzarlo. Afortunadamente, no es una labor que tenga que hacer sola. Yo son la portavoz, la presencia pública, pero hay mucha más gente trabajando para mantener nuestro prestigio.
El debate del VII Congreso del SLG
P: Dijo el cabeza de su lista rival, Xurxo Álvarez, que al SLG le falta transparencia...
R: Creo que fueron unas declaraciones en caliente a las que no hay que darles más importancia. De hecho, él y otros que lo arroparon en su candidatura formaron parte de la dirección del SLG los últimos cuatro años, y saben mejor que nadie que no hay motivo para ese tipo de críticas.
P: Entonces, ¿no hay problema para colaborar con él?
R: En absoluto. Los puntos de vista diferentes enriquecen a las personas y las organizaciones. Y en ese sentido nuestro congreso fue muy enriquecedor. Los debates no son un problema, al fin y al fin y al cabo, en eso consiste la democracia, aunque no sé hasta que punto la tenemos interiorizada en este país.
P: ¿Que deberes le quedan sobre la mesa a la nueva directiva?
R: Básicamente, dos. Recuperar una Galicia rural viva, en la que no se pierda ni una sola explotación agraria más, y tratar de parar, de acuerdo con la ciudadanía, las políticas agrarias destructivas que hace años que nos vienen imponiendo.
Una Unión Europea para las multinacionales
P: Cogen el relevo en un momento en el que la Unión Europea habla de recortar las ayudas...
R: ... y de hacer desaparecer el sistema de cuotas para liberalizar el mercado en 2013. No, si la jugada está clara. Primero mantienen un control de la producción que hizo que muchas pequeñas explotaciones se arruinaran, bien por tener que mercar más cuota, bien por las multas de la supertasa. Y ahora que consiguieron que buena parte de los alimentos que se consumen en la UE no se produzcan en el propio continente, abren el mercado para dejarles paso las grandes multinacionales y a sus redes de distribución.
P: ¿Cree que a los países del núcleo de la UE no les interesa mantener su agricultura doméstica?
R: No, les da igual, porque entienden que la producción es algo que se purede explotar en países en vías de desarrollo, y digo explotar en todos los sentidos de la palabra. Pero eso no es una decisión de la UE entendida cómo pueblo, sino de las multinacionales del sector de la alimentación, de los agroquímicos y de la distribución. Son las que siempre quedan con el dinero gracias que explotan personas, tierras, recursos... y a costa de un derecho básico que es lo de comer sano a diario. Esa es una batalla gallega, europea y mundial.
La situación en Galicia
P: ¿Como sería una Galicia sin agricultura?
R: No sería Galicia. Para empezar tendría su economía y su alimentación seriamente comprometidas. Imagina que un pueblo no produce bastante de comer, es lo que pasa en muchos países del tercer mundo y a todos nos asusta. Pero aquí también vamos camino de perder nuestra soberanía alimentaria. Además, una Galicia sin campo, tampoco sería Galicia a nivel cultural. La actividad humana configura el paisaje y el monte no sería el mismo si sólo hubiera agentes forestales patrullando las pistas.
P: En ese sentido, como ve la labor de la Xunta
R: Hay una apuesta importante desde la Consellería de Medio Rural. Se ve que quieren ayudar la esos volcos la autoestima y del modelo económico que Europa tiene para lo rural, con iniciativas largamente demandadas como el banco de tierras. Lo malo es que hay muchas limitaciones, pero alomenos se nota que hay voluntad de trabajar. También en otras consellerías como la de Industria, que está apostando por la recuperación de los mercados locales.
P: Con la situación actual ¿es posible que la un joven que busca trabajo le interese hacerse agricultor o ganadero?
El cierto es que en estos momentos es bien difícil que una persona joven decida abrir una explotación agraria, por todas estas limitaciones económicas que hemos comentado y también por las sociales, que son innegables.
R: ¿Pero?
Pero creo que la gente de este país comienza a recuperar su autoestima, y a creer en su capacidad de presionar y cambiar las cosas. Eso es algo que también está sucediendo en el campo gallego. Hay muchos labradores que ya están tomando conciencia de que el camino que nos marcan no es el único. Que se le pode dar la vuelta a situación y que merece la pena tener ideas, iniciativas. Todo eso que se llama luchar.
"El engaño" de la agricultura ecológica
P: Dicen que el futuro es la agricultura ecológica...
R: Ese es un concepto que hay que definir bien, porque a veces se limita a ser una simple etiqueta. Se vemos manzanas de la Argentina en un supermercado gallego catalogadas cómo "producto ecológico" ¿hasta que punto es cierto? Sabemos que esa fruta fue cultivada sin pesticidas ni química pero hubo que traerla desde lo otro lado del Atlántico ¿En que condiciones se transportó? ¿Es que el trasporte no contamina?¿Hasta que punto compensa traerla habiendo aquí también manzanas cultivadas sin pesticidas? Es más, a lo mejor ese dinero de más que el terratenente gasta para tener una plantación 'ecológica' lo recupera luego explotando a los jornaleros. Entendida así, que es cómo lo hace la oficialidad, la agricultura ecológica es un engaño para la sociedad.
P: ¿Como hay que entenderla, entonces?
R: En un sentido global, aplicada la toda la producción agraria. Todos los alimentos que consumimos deben tener garantía de calidad. El que no pode ser es que por un lado se fomente una alimentación de lujo, para una minoría, y que luego se tolere que los cultivos, digamos, más industriales se haga de cualquier manera y con cualquier producto.
02/12/2007