Manifestación

Julio, trabajador del naval: ''De lo que se consiga aquí nos beneficiamos todos, pero sólo algunos ponemos la cara''


Etiquetas: reportaje, metal, Santiago de Compostela, precariedad, laboral

02/07/2009 - Vanesa Felpeto

'Feijóo, escoita, o metal está en loita'. Entre unos 2.000 compañeros del sector del metal de la provincia de Pontevedra, Julio entona las consignas de la marcha que partió este lunes de Vigo, hizo parada y fonda en Padrón, Pontecesures y Valga; y llegó el martes a las puertas del despacho del presidente de la Xunta, en el edificio administrativo de la Xunta.

''Santiago es una ciudad muy cultural, muy relajada. Venimos a hacer mucho ruido, a ver si nos escuchan'', explica Julio.

Lleva desde el año 1974 trabajando en el naval, en un astillero de Vigo, y las razones que lo han empujado a caminar hasta la capital gallega ''no llegarían varias entrevistas para contarlas'', explica embutido en la misma funda con la que trabaja a diario.

''Aquí venimos vestidos de obreros a reivindicar nuestros derechos de trabajadores, que los gobiernos recortan cada vez más a golpe de decreto'', explica.

'' De lo que consigamos nos beneficiamos todos''

Esta vez, la reinvindicación principal es una subida salarial del 6% lineal más el IPC para un convenio provincial de 3 años. ''Dicen que pedimos mucho, pero tienen en cuenta que son tres años y que estamos en una situación de IPC negativo'', justifica.

De todas formas, este trabajador no se rinde ante las críticas y los obstáculos. ''Estoy aquí porque quiero luchar. Allá, en Vigo, hay muchos que están quemados con nuestras protestas.  Algunos decidieron volver al trabajo'', cuenta, haciendo referencia a trabjadores como los de O Salnés, que retornaron el lunes a su rutina laboral.

''Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero, ¿qué le va a decir al hijo o al nieto cuando les pregunte por qué su compañero sale en la televisión manifestándose y él no? De lo que consigamos aquí vamos a beneficiarnos todos, pero sólo algunos ponemos la cara'', lamenta.

Julio tampoco tiene miedo al vacío en el bolsillo, y cree que la huelga puede prolongarse algún tiempo más hasta que se atiendan sus reivindicaciones. ''La semana pasada estuvimos trabajando a bajo rendimiento, jornadas de cuatro horas.¿Si nos las van a pagar? Claro que sí, hubo alguna amenaza pero, ¡cómo no nos las van a pagar! Tienen que hacerlo'', dice tajante.

''La Xunta da un ultimátum porque se va de vacaciones''
Puertas de San Caetano, el edificio en el que la Xunta gestó la propuesta de convenio colectivo -ese que, como rezan los lemas de los huelguistas ''de todos, tamén dos esquiroles''- que ofreció a trabajadores y a patronal, y sobre la que ambas partes deben pronunciarse este 30 de junio.

Julio no se toma demasiado en serio este ultimátum. ''Pusieron de límite el día 30 porque ahora empiezan tres meses de vacaciones en la Administración''. Por eso, esperaba que este mismo martes fueran recibidos en San Caetano los enlaces sindicales de CCOO, UGT y CIG, la central mayoritaria en esta protesta.

Este trabajador está convencido de que la Xunta es consciente de que la negociación no puede quedar estancada, de que no puede exponerse a que cada semana salgan desde Vigo 39 autobuses cargados de obreros de todas las edades que exigen que se cumplan sus derechos laborales.

Vuelve la unidad sindical

Y es que tras la ruptura sindical de la semana pasada, cuando UGT y CCOO decidieron estudiar una oferta de la Xunta que la CIG consideró inaceptable, en esta larga caminata las tres centrales volvieron a unirse.

''La mayoría somos de la CIG. De UGT vinieron menos, y los de CCOO ya vinieron directamente para aquí'', explica Julio. ''Son de 'boca fina''', ironiza, mientras da un empujón de camaradería a un compañero de Comisiones. ''Por lo menos vinieron a hacer bulto'', ríe.

Precariedad creciente
Aunque en esta marcha predominó el buen humor, la situación en el sector es crítica. ''Los medios de comunicación no saben cómo se trabaja en los astilleros. Tenemos que arrastrarnos por el doble fondo de los barcos para trabajar con el soplete'', explica este trabajador del naval. Una labor muy dura de la que uno no se jubila con 58 años ''porque todavía eres muy útil para enseña a los jóvenes que vienen detrás''.

Eso sí, ellos quieren calidad de vida. ''Con los resultados de las elecciones europeas se vio que, aunque de momento no se haya aprobado, la normativa de las 65 horas de trabajo semanales está muy cerca'', aventura.''Así no va a haber ni una vía de escape'', lamenta, exigiendo una jornada laboral de 8 horas.

Una precariedad que extiende a la que ya viven otros compañeros con convenios de empresa propios que establecen una subida salarial del 0,75%. ''Si a eso le añadimos el IPC negativo, dentro de poco va a tener que pagarle el obrero al empresario por trabajar'', advierte Julio.

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