Cristina Fernández de Kirchner ya es oficialmente presidenta de Argentina. La segunda mujer en ocupar la Casa Rosada en la historia del país juró este lunes como sucesora de su marido, el también peronista Néstor Kirchner.
Pese a disfrutar de notable popularidad, el hasta ahora mandatario no quiso concurrir a la reelección y pasó el testigo a su cónyuge. Por vez primera en Argentina, la primera dama pasa a ocupar la jefatura del estado.
En su discurso de posesión, Cristina Fernández dejó claro que seguiría la estela dejada por Kirchner. Reiteró la necesidad de profundizar en las políticas económicas y sociales, y de afianzar la lucha por la soberanía de las Islas Malvinas, frente al Reino Unido. Y tendió su mano para ayudar a la liberación de la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC.
Finalmente, dijo que por ser mujer iba a ser muy difícil para ella gobernar. A su juicio, para las mujeres todo es más difícil. Sin embargo, Latinoamérica tiene por primera vez a dos mandatarias gobernando al mismo tiempo: Cristina Kirchner en Argentina y Michelle Bachelet en Chile.
Ideas continuístas
Así las cosas, con su mujer al frente del país, Néstor Kirchner se despide de una gestión que se ha traducido en un crecimiento anual de incluso el 8%, disminuyó el desempleo y promovió los derechos humanos.
Precisamente la idea de continuar con estas políticas fue la que le ha dado la victoria a Cristina Fernández en los comicios de octubre.
Aun así, buena parte de los analistas concuerdan en que la hasta ahora primera dama tendrá que arreglar varios problemas que dejó su antecesor, como la inflacción, la elevada tasa de delincuencia, los escándalos de corrupción o la práctica ausencia de diálogo con la oposición.