José María Santiago, el armador del Cordero, que naufragó en la madrugada del martes a 30 millas de A Coruña, destacó el comportamiento "ejemplar" del patrón, pues, "gracias a él se han salvado todos los que están en tierra" y negó que la salida del barco a faenar haya sido una imprudencia.
"Se está creando por parte de la prensa y la TV un ambiente y un clima que no es el más deseado, con comentarios que son falsos e inciertos. El barco no salió al mar con mal tiempo, cuando salió estaba el mar en calma y no salió solo el
Cordero, salió toda la flota del litoral, ciento y pico barcos de arrastre salieron a la mar ese mismo día", explicó Santiago.
El armador narró la situación en el momento del naufragio y subrayó que el patrón, Marcos Ures, "fue el último en salir de a bordo, porque ayudó a todos y revisó los chalecos salvavidas, y soltó la balsa, con tan mala fortuna que se le escapó por la fuerza del mar". Ures permanece ingresado en el hospital Juan Canalejo de A Coruña.
Cumplió todas las recomendaciones
Añadió que, "una vez en el mar todos, actuó como mandan y se requiere en los medios de salvamento, de supervivencia: lo primero que hay que hacer es reagruparse todos y, cogidos de la mano, acostados, juntar las piernas e incluso, cuando uno de los chicos indonesios se escurrió por la fuerza del mar, él fue a recogerlo y lo hizo volver con el grupo".
José María Santiago insistió en que el pesquero "venía para tierra, navegando con prudencia, ni a toda máquina ni a menos, a 6 o 7 millas, y así es muy difícil que un golpe de mar rompa un barco". Pero el
Cordero, según el relato del contramaestre, tuvo la mala suerte de chocar con un contenedor arrastrado por el mar, un objeto muy difícil de ver en pleno temporal, tanto con el radar como a simple vista.
Tras señalar que "nadie se juega la vida, ningún patrón, ni ningún armador obliga al barco a salir a la mar", recordó que el
Cordero es el único del litoral certificado por
Bureau Veritas "por sus condiciones, soldaduras, etcétera". También recordó que todos los tripulantes tienen un salario fijo aunque no salgan a faenar, incluídos los tres marineros indonesios.
Las familias están destrozadas
Finalmente, el armador se refirió a las familias de los náufragos, que "están destrozadas, deseando que encuentren los cuerpos y enterrarlos. Están viviendo un momento de desesperación, muy malo, y todos estos comentarios -sobre la posible imprudencia- influyen para empeorar todavía más este clima".