Marcelo Tejedor es quizá el cocinero gallego más mediático. Ha inventado la 'cocina de juguete', lo que él llama el "modelismo culinario, algo que no existía hasta ahora". Este domingo estuvo en el 'Fórum Gastronómico', en Santiago de Compostela. Y mostró platos preparados con microalimentos y elaborados con utensilios en miniatura, de juguete. Pero también está convencido de que "la mejor cocina es la de nuestra madre".
P.-¿Usted es el invertor de la 'cocina en miniatura'?
R.- Creo que sí. Nadie había hecho antes este tipo de cocina.
P.- ¿Qué diferencia hay entre una pequeña porción de un plato elaborado al modo tradicional y estos pequeños menús?
R.- No me imagino haciendo una fabada con mini-habas. Esto es el modelismo culinario, es un divertimento. No se trata de hacer cocina para nutrirse, y sí de hacer cocina para divertirse. Los pequeños alimentos encuentran una aplicación. Es un divertimento. Eso es lo chulo de esta cocina.
P.- ¿Cambian los sabores?
R.- Es difícil que con una micrococina se consiga el mismo resultado que con una cocina tradicional. Pero es muy divertido.
P.- ¿Hasta el punto de abrir un restaurante que ofrezca micrococina?
R.- No te creas que no le he pensado. A lo mejor algún día alguien abre un restaurante de micrococina. No lo descarto.
P.- ¿Los precios también serían reducidos?
R.- Habría que poner muchos microplatos. Y al final el precio sería el mismo que en un restaurante tradicional.
P.- Mejor cocina del mundo.
R.- La de nuestra madre.
P.- Mejor restaurante gallego.
R.- El Retiro da Costiña, en Santa Comba.
P.- Mejor restaurante de fuera de Galicia
R.- Tengo una debilidad por El Bulli.
P.- Plato preferido
R.- La fabada de Casa Gerardo.
P.- Bebida favorita.
R.- El albariño que acabo de hacer con dos amigos, un albariño de lágrima.
P.- La comida más afrodisíaca.
R.- Una mujer picante.
P.- Pescado o carne
R.- Pescado.
P.- Arzak o Adriá.
R.- Los dos.
P.- Vino blanco o tinto.
R.- Blanco.
P.- ¿Se puede comer con Coca-cola?
R.- Sí.
P.- ¿El mejor marisco?
R.- A veces puede ser un alga.
P.- ¿La mezcla más extraña que ha preparado?
R.- Ostras y membrillo.
P.- ¿Qué plato le queda por cocinar?
R.- Miles.
P.- ¿Y por probar?
R.- También.
P.- ¿La comida rápida cumple una función?
R.- Es la contrapartida a la vida agitada que llevamos. Mientras vivamos a 100 por hora, habrá restaurantes en los que se pueda comer también a 100 por hora.
18/02/2008
(Comentario valorado negativamente)
Si la mejor cocina es la de la mamá o la de la abuela, ¿por qué se empeñan en jorobar la gastronomía gallega y española en general, tan rica y variada, con la cocina de vanguarda, donde los colores prevalecen sobre los sabores, y las pijoterías sobre el fundamento arguiñanesco?
La sabiduría popular lleva años y siglos decantando combinaciones y gustos. Vete a Grecia, a Marruecos, a Escandinavia, a Japón, y disfruta de la diferencia gastronómica, pero toda ella basada en generaciones , siglos de conocimiento de artículos y combinaciones.
Pero en unos pocos años EL BLUFF ESCANDALOSO de la nueva cocina fashion, inventada por cuatro espabilados y jaleada por los nuevos ricos de Visa fácil, que la aplauden para quedar de modernos y entendidos mientras los despluman, con nombrecitos ridículos, grandes platos y porciones ridículas y archimanoseadas, todo esto de los chefs estrella que no han aportado más que pompas de jabón a una labor que siempre fue discreta, sabia y generosa, todo esto me hace buscar por Madrid, o Barcelona o Sevilla o Valencia, o La Coruña, los clásicos buenos cocineros. Que si innovan lo hacen con respeto y sentido común.
Los bluffs, como todas las modas fake suelen pasar. Eso espero y deseo. Desde luego, conmigo que no cuenten, que no me engañan y me fumo un puro con los restaurantes con ínfulas pijotero-fashionable.
Y ojo, los italianos y franceses no han abrazado la religión de las caralladas gastronómicas como los Españoles. Siempre somos así de gilipollas. Cambiamos lo bueno de ley por lo fake.
Eso si, los nombres rebuscados de las cartas suenan aún más ridículos en los mesones de mantel de cuadros de los pueblos. Para jartarse de reir.