Pruebas
Puente a la perfección
07/01/2011 - Arturo Reboredo (Lugo)
La carrocería corta (cinco plazas) del C-Max en combinación con el motor diésel 2.0 TDCi de 140 caballos de potencia y cambio automático Powershift constituyen, sin duda, una de las versiones más interesantes en las que está disponible este moderno y dinámico monovolumen.
Exteriormente, la carrocería del C-Max —con 4,38 metros de longitud— resulta bastante compacta, aunque mantiene unas excelentes cotas de habitabilidad y volumen de carga. Pensado para ser utilizado por toda la familia, el interior ofrece espacio suficiente para cinco pasajeros, aunque la estrechez de la plaza trasera central hace que el uso de ésta sea más recomendable para niños o personas delgadas. Por lo demás, las posibilidades de plegado y configuraciones interiores de los asientos resultan más que suficientes como para pensar en disfrutar en compañía de cualquier tipo de desplazamiento.
Los pasajeros de los asientos delanteros disfrutan de unas butacas especialmente cómodas. La posición de conducción es sensiblemente más baja que la de otros monovolúmenes del mismo segmento, lo que permite percibir un mayor dinamismo de marcha. La buena visibilidad es otra de las virtudes del interior. Los montantes, a pesar de ser gruesos, no restan visión en los giros más cerrados.
Por lo demás, el interior —sobre todo el de la versión Titanium que era la que correspondía a la unidad de pruebas— resulta impecable tanto por equipamiento, ajuste general de los diferentes elementos y calidad percibida, aunque con relación a otros competidores de su segmento sí se puede echar de menos un mayor número de huecos portaobjetos. Todo ello, contribuye a crear una atmósfera interior sumamente agradable, con mandos ergonómicos y bien situados y un equipamiento de serie muy completo.
Lo mejor, en marcha.
Pero cuando salen a reducir las mejores virtudes de la nueva generación del C-Max es en el momento en el que el motor se pone en marcha. El bloque de la unidad de pruebas con dos litros de cilindrada y cambio automático Powershift de seis velocidades encaja perfectamente con la filosofía de este monovolumen.
Con la tecnología de doble embrague, esta transmisión se muestra especialmente suave tanto a la hora de insertar marchas largas como en el momento de reducir a otras más cortas. Otra de las virtudes es la velocidad con la que hace la transición entre las distintas marchas, algo que todavía se manifiesta de forma mas evidente en la posición Sport. Todo ello se traduce en unas prestaciones francamente destacables, con una banda de respuesta muy amplia a cualquier régimen de revoluciones.
Elevado confort.
Más allá de las cualidades dinámicas del motor y el cambio automático, otra de las principales virtudes del C-Max radica en el elevado confort de marcha y en su comportamiento en carretera.
La dirección destaca por su exquisito tacto, resultando directa y precisa. Por su parte, el tren delantero se beneficia de su avanzado sistema de control de tracción que, en determinadas circunstancias, llega a actuar como un autoblocante electrónico.
Todo ello, junto con el acertado tarado de las suspensiones hace que el C-Max se muestre especialmente eficaz en cualquier tipo de trazado, con unos balanceos de carrocería muy contenidos pero, a la vez, con una enorme capacidad para filtrar cualquier irregularidad del terreno.
La guinda a todo ello la pone la excelente insonorización del habitáculo, que hace que la rumorosidad mecánica apenas se perciba en el interior. El resultado es un vehículo con una calidad de rodadura envidiable, un confort general de marcha que no admite ningún tipo de reproche y un comportamiento en carretera que no defraudará a los conductores más dinámicos.
Completo equipamiento.
La versión 2.0 TDCi de 140 caballos y cambio automático Powershift sólo está disponible en el nivel de acabado más alto, el denominado Titanium. La dotación de serie es, por tanto, bastante completa, ya que, incluido en el precio de 25.200 euros, se ofrecen elementos como el climatizador bizona, los faros antiniebla delanteros, el control de velocidad de crucero, los retrovisores eléctricos, el radio CD con bluetooth y conexión USB, los elevalunas eléctricos en todas las puertas, la ayuda de arranque en pendientes, las llantas de 16 pulgadas y el encendido automático de luces y limpiaparabrisas, entre otros elementos.
Pero, además, esta versión se puede equipar con elementos opcionales hasta límites propios de un vehículo de gama alta. Así entre las opciones que se ofrecen destaca el sistema de apertura de puertas y arranque sin llave, los sensores de párking, el sistema de aviso de baja presión en los neumáticos, el detector de vehículos en ángulos muertos, llantas de 17 pulgadas, tapicería de cuero o el sistema de aparcamiento activo con cámara trasera.
Sea como sea, lo cierto es que el nuevo C-Max apunta a convertirse en uno de los referentes inevitables en la categoría de los monovolumen de cinco plazas (los que quieran más deberán optar por el Grand C-Max) tanto por comportamiento como por confort y también por prestaciones y economía de uso. En este sentido, los consumos durante la prueba siempre se mantuvieron en cifras más que razonables.
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