El Dalai Lama teme que haya más muertos en el Tíbet a menos que Pekín cambie de política hacia esa región controlada por China, que la considera parte de su territorio nacional. Dice haber recibido informaciones según las cuales el número de muertos en las protestas podría llegar al centenar aunque reconoció que es algo que no ha podido verificarse.
Además, denunció que la región está sufriendo "alguna clase de genocidio cultural" y que las autoridades chinas pretenden alcanzar la paz mediante el uso de la fuerza. Aseguró que sus reivindicaciones no han cambiado por los últimos acontecimientos y que sigue pidiendo "autonomía, no independencia".
Pese a lo ocurrido, el líder espiritual de los tibetanos se mostró favorable, en sus declaraciones a la BBC, a que se deje a Pekín organizar los Juegos Olímpicos de este verano. En su opinión, los Juegos representan una oportunidad para que los chinos muestren su apoyo al principio de la libertad.
Al igual que ocurrió el pasado septiembre en Birmania, las manifestaciones estuvieron dirigidas por monjes budistas, a los que se sumaron luego muchos otros ciudadanos.
Las autoridades han acusado al Dalai Lama de estar detrás de las protestas populares, algo que él, sin embargo, ha negado.
China llama a la calma
Mientras las protestas contra los violentos disturbios del Tíbet se amplifican en todo el mundo, el alcalde de Lhasa, Doje Cezhug, asegura que la ciudad está "en calma" y que "la situación general en el Tíbet es buena".
Para Doje, los incidentes registrados el viernes se deben a los "monjes y delincuentes" y subraya que "estos actos están absolutamente dirigidos a perturbar la feliz y estable vida de la gente en Tíbet".
Fuentes oficiales chinas confirmaron la muerte diez personas, 'todas ellas civiles inocentes', en los altercados de Lhasa, capital de la región tibetana, y anunciaron que 12 miembros de las fuerzas de seguridad resultaron heridos graves en la revuelta, de los que dos se encuentran 'en estado crítico'.
Por contra, un informe no confirmado del Gobierno tibetano en el exilio insistió ayer en que al menos 100 personas perdieron la vida durante los disturbios del viernes.
Según las primeras estimaciones avanzadas por las autoridades chinas, que señalaron que "no se produjeron incidentes violentos a lo largo de todo el sábado", los altercados dejaron a su vez un saldo de "22 edificios y docenas de vehículos policiales y privados quemados" y "un centenar de tiendas saqueadas".
Además, durante la jornada del sábado se produjeron disparos, si bien fuentes oficiales negaron que las fuerzas de seguridad hubieran abierto fuego contra los manifestantes.
Sigue sin confirmarse el 'toque de queda'
Las autoridades no confirmaron si la capital tibetana se encuentra bajo un toque de queda, pero si reconocieron que han 'impuesto' un 'control del tráfico en las calles principales' de Lhasa, donde aún no se ha restablecido la comunicación telefónica. Según los turistas presentes en la ciudad, el panorama es más desalentador, con lugares fuertemente vigilados por paramilitares.
Los disturbios registrados el viernes fueron el cenit de las protestas desarrolladas en Lhasa desde el pasado lunes, cuando 500 monjes del monasterio de Deprung iniciaron unas manifestaciones para conmemorar pacíficamente el 49 aniversario de la rebelión de 1959 contra el dominio chino. Esto provocó el exilio de 100.000 tibetanos, entre ellos su líder espiritual, el Dalai Lama, al que el oficialismo chino culpa de estar detrás de estas revueltas.
Por otra parte, aún se mantiene el ultimátum marcado por Pekín de 48 para los culpables de las revueltas, mientras que la comunidad internacional hizo un llamamiento a la calma y al diálogo.
16/03/2008