Las escuelas de Lhasa, la capital de la región autónoma china del Tíbet, han reanudado las clases este lunes. Una señal, según China, de que la ciudad regresa gradualmente a la calma tras las violentas manifestaciones de la semana pasada, que se han saldado con 100 muertos según el Gobierno tibetano exiliado en la India, y con 13 según Pekín.
Pero el Dalai Lama no las tiene todas consigo, y teme que haya más protestas si el Gobierno chino no cambia su política respecto a la región. De hecho, esta mañana la Policía nepalí a disuelto a golpe de palos y gases lacrimógenos la protesta de unos 200 tibetanos que protestaban frente a las oficinas de la ONU en Katmandú. Hasta 48 manifestantes han sido detenidos.
Durante los incidentes, dos manifestantes, uno de ellos un monje budista, han sufrido heridas después de que los agentes frenaran el paso a quienes intentaban acceder a las dependencias del organismo multinacional.
Los tibetanos exiliados pretendían entregar un memorándum en el que instan a la ONU a presionar a las autoridades chinas para que éstas permitan "ejercer la libertad de expresión y reunión" a los manifestantes que protestan en el Tíbet y para que eviten el "excesivo" uso de la fuerza.
Fuerte control
Según señaló Qiangba Puncog, el gobernador de la región autónoma china, la mayoría de los actos violentos de la semana pasada se cometieron en las calles comerciales del centro de la ciudad, entre ellas el turístico barrio de Bargor, zona de peregrinación de los budistas en el Tíbet.
Las autoridades chinas han negado que sus tropas dispararan para aplacar las protestas en Lhasa. Puncog ha insistido en que la calma está regresando al Tibet, en toque de queda y bajo un fuerte control militar.
Trece "civiles inocentes" han muerto en las protestas, ha dicho este responsable del Gobierno chino. "Puedo decir, asumiendo toda la responsabilidad, que no usamos armas letales ni abrimos fuego", ha dicho el gobernador.
Lucha contra el 'separatismo'
Puncog ha señalado que los autores de los disturbios han causado más de 300 incendios en zonas residenciales y tiendas, además de destrozar 56 vehículos y 214 tiendas. Los disturbios además han dejado heridos a 61 policías, seis de ellos en estado grave.
A media noche de este lunes expira el plazo que han dado las autoridades para que se entreguen los manifestantes que el pasado viernes incendiaron coches y comercios, saquearon tiendas y se enfrentaron a la policía en protesta por lo que consideran la ocupación china de la región del Himalaya.
El presidente tibetano, actualmente en Pekín, ha afirmado que la población de la región "luchará firmemente contra el separatismo, a favor de la patria unificada, y en pos de mantener la estabilidad social".
Cruce de acusaciones
El Dalai Lama ha acusado a China de cometer un "genocidio cultural" en el Tíbet, algo que el presidente tibetano ha calificado de "ridículo".
Según Puncog, Dalai y su "camarilla" califican los disturbios de "manifestaciones pacíficas", y los esfuerzos de volver al orden de "represión". Algo que, según el presidente del Tíbet, confunde a la opinión pública.
Los monjes salieron a la calle el 10 de marzo para recordar el 49 aniversario del levantamiento que obligó a exiliarse al Dalai Lama, y muchos tibetanos se sumaron también por la marginación que sufren en el desarrollo económico y una subida imparable de los precios.