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Descentralizar: no fue así

"LAS ACTIVIDADES de servicios no competitivos, de no mercado, con un elevado contenido regulatorio y concesional, se han ido centralizando en Madrid capital", escribe el profesor vigués, asentado en Barcelona, Antón Costas en su último libro, El final del desconcierto. Debería ser de lectura obligada para políticos y opinadores de Villa y Corte. La geografía del poder económico en España es un espejo del país y del poder político. Curiosa la fotografía que ofrece Costas: los financieros, empresarios y directivos que dependen de contratos del Estado o que trabajan en empresas reguladas se concentran en Madrid. Los empresarios "que van a riesgo y ventura" se localizan fuera de Madrid. Los vinculados a empresas manufactureras, agroindustriales y los servicios de gran consumo se dispersan por la geografía española. ¿Qué significa este mapa del poder económico en España? El profesor Costas, que, como todo el mundo sabe no es independentista ni de lejos pero que sí observa sin anteojos ideológicos o de intereses ocultos la realidad, concluye que "el Estado de las autonomías hacía predecir una descentralización del poder político y de las actividades empresariales del Estado. Pero no fue así»". Los grandes cuerpos de funcionarios del Estado han sido determinantes en esta centralización, según el análisis de Costas. Y en los derroches y corrupciones del sistema autonómico, Madrid no ha sido precisamente la excepción ejemplar. Quienes pretenden ahora recentralizar con el pretexto catalán aspiran a concentrar poder político y económico. No es patriotismo. Es más fácil y más cómodo allí para servir a sus intereses. No parece que Alemania o EE UU, puesto que se citan para hablar de excesos descentralizadores en el sistema autonómico en España, ofrezcan un mapa semejante de concentración del poder económico en Berlín o Washington.

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