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Welcome back

"Tengo un padre que me insiste en cómo hago el disparate de leer literatura anglosajona"

WELCOME BACK’ significa ‘bienvenido’, pero dicho a alguien que vuelve, a alguien que regresa. Algo así como ‘bienvenido de nuevo’, pero no exactamente. La verdad es que no es fácil decirlo en castellano; no al menos en tan pocas palabras. Cualquiera que haya traducido del o al inglés sabe que los textos en ese idioma son bastante más cortos que en el nuestro. La capacidad de síntesis de la lengua de don Oscar es notoria, y además su flexibilidad facilita la evolución y ampliación de su vocabulario. Ya decía Cabrera Infante que las posibilidades del inglés para los juegos de palabras, o directamente para inventarlas, eran inigualables en español.

El caso es que ese ‘bienvenido de vuelta’ me lo digo a mí, y lo hago por haber vuelto a leer algo hispanoamericano tras varios años de alejamiento: Blanco nocturno (Anagrama Negra), del argentino Ricardo Piglia.

Tengo un padre —y no tengo más, que no les confunda el determinante indefinido— que me insiste en cómo hago el disparate de leer, entre otras, literatura anglosajona. Que tanto si leo versiones originales como traducciones me estoy perdiendo algo fundamental. En el primer caso, porque en inglés soy mucho peor lector: leer en un idioma, comprender un libro, no es ni mucho menos lo mismo que ser capaz de apreciarlo literariamente, y al final mi lectura es más simple. En el segundo, por la tantas veces discutida intromisión de un traductor entre el autor y yo. Sin llegar a convencerme los argumentos de Javier Marías, que sostenía en algún sitio que traducir es escribir por completo, sin más, no me cabe duda de que hay una parte del libro que el traductor "crea" —casualmente, el propio Piglia dice, en Formas breves, que la traducción es uno de los medios fundamentales de enriquecimiento y de transformación de una lengua literaria—, y por tanto nos da el cambiazo. Al final estamos leyendo casi a Hemingway, casi a Mailer, casi a Carver.

Sigo y seguiré leyendo a norteamericanos e ingleses; entre otras cosas por los temas que eligen y lo que dicen sobre ellos, aunque me pierda parte del cómo lo dicen. Pero reconozco el enorme placer que ha supuesto volver a un suramericano y poder pararme a disfrutar del estilo, de los matices del vocabulario, de todos los adornos y de toda la belleza y capacidad de sugestión de algunas frases. La novela me ha gustado mucho: el sitio, los personajes, la historia y esa manera justa de usar las palabras que hace que escribir se convierta en un arte.

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