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Francisco Igea: "Demostramos que las cosas se podían cambiar sin echar al PP"

Francisco Igea, en su visita a Lugo. VICTORIA RODRÍGUEZ
Francisco Igea, en su visita a Lugo. VICTORIA RODRÍGUEZ
Vicepresidente y portavoz de la Junta de Castilla y León, este médico se define como un "tocapelotas" que defiende una política de debate alérgica al simplismo y diagnostica que son muchas las similitudes entre Galicia y su comunidad. Y Ciudadanos, dice, puede ayudar a mudar algunas de ellas. Visitó Lugo para apoyar la candidatura de Beatriz Pino

Vicepresidente y portavoz de la Junta de Castilla y León, este médico se define como un "tocapelotas" que defiende una política de debate alérgica al simplismo y diagnostica que son muchas las similitudes entre Galicia y su comunidad. Y Ciudadanos, dice, puede ayudar a mudar algunas de ellas. Visitó Lugo para apoyar la candidatura de Beatriz Pino

¿Cómo ve a Cs para el domingo?
Con ilusión, con ganas. Es una buena oportunidad. Vengo de un sitio en el cual hubo 30 años de gobierno ininterrumpido del PP y demostramos que las cosas se podían cambiar sin echar al PP, siendo decisivo y determinante.

Las encuestas no son halagüeñas.
Hay dos tipos de políticos: los que siguen a las encuestas y los que tratan de cambiarlas. Yo soy más bien de los segundos.

Es crítico con el cierre de A Mariña durante solo cinco días. ¿Prima lo político sobre lo sanitario?
He visto gestionar a Feijóo la crisis con bastante sentido común y es la primera vez que toma una decisión que no soy capaz de entender. Desde el punto de vista epidemiológico no tiene mucho sentido. Un confinamiento es para cortar la difusión, y si este periodo de confinamiento dura menos que el periodo de incubación es poco probable que tenga un impacto sobre la difusión del virus.

¿Suspender las elecciones sería lo aconsejable?
Habría que valorar la incidencia acumulada del virus y el impacto de esa decisión. Pero lo que le hemos dicho a Feijóo por carta es que respaldaremos cualquier decisión que tome, primando la seguridad por encima de cualquier otra cosa.

Castilla y León midió mucho cada paso durante la pandemia, mientras que Galicia fue la primera comunidad en entrar en la nueva normalidad. ¿Se aceleró demasiado?
Las situaciones fueron distintas. Teníamos dos de las provincias con más seroprevalencia de España y una situación muy complicada. Siempre tuvimos claro que el futuro se ganaba trabajando en la seguridad. Hubo gente que nos empujaba para abrir la actividad económica. Nosotros les dijimos que sí, que era muy importante, tanto que cuanto más seguros seamos mejor saldremos económicamente. Y el turismo rural se ha duplicado respecto del año pasado porque hemos dado imagen de seguridad. El impacto que puede tener un rebrote en el turismo es tremendo. Lo que algunos pensaban que es exceso de prudencia es bueno desde el punto de vista económico. Por abrir una semana no vayas a perder todo el verano.

¿Un Gobierno de coalición como el de la Junta ralentiza las decisiones en una crisis como esta o las matiza?
Lo comparo con una fragua: a uno le templan en el yunque y el Gobierno ha salido muy templado de la crisis. No había consejeros de Cs o del PP. Hemos tomado las decisiones siempre desde el punto de vista sanitario, con absoluta confianza en la consejería. 

Destacó la concordia parlamentaria. ¿Es un estilo política en retroceso o una opción de futuro?
Lo que está en retroceso es la política de trincheras que se ha vivido estos años en España, fruto en parte de una ininterrumpida serie de convocatorias electorales que instaura una política de frentismo de la que la gente está harta. Hay una cosa que les decía, y que es el secreto del pacto: ‘¿No os dais cuenta de que la gente nos mira con pasmo?’ Ese discurso caló. Hemos tenido ocasiones para la discrepancia y la discusión, pero la prioridad era salvar vidas. Ha sido una experiencia de política distinta, muy reconfortante para la gente. Si la crisis se sabe leer bien va a marcar el camino de futuro, de aquí no saldremos a bofetadas, sino renunciando a lo que es prescindible de cada uno. Esperemos que no sea un cambio coyuntural.

En cambio, fue público algún encontronazo suyo con Inés Arrimadas durante las elecciones a la presidencia de Cs. ¿Está integrado en el partido el sector crítico que usted encabezaba?
Como durante estos meses nos hemos dedicado a cosas importantes, también hemos sido capaces de ponernos de acuerdo nosotros mismos. Todos hemos cambiado y esa idea de pactar con unos y con otros se ha convertido en una realidad. En política no importa quién gana o pierde en lo personal, sino si eres capaz de llevar adelante tus ideas y los cambios que crees que necesita 
el país. Todos hemos ganando.

Aun así en estos meses salió del partido mucho nombre fuerte.
No me gusta que el partido resuelva sus diferencias perdiendo gente. Nuestro programa no ha cambiado. Hemos tenido problemas de estrategia, pero no son esenciales. El cesarismo que se ha instalado en la política mundial hace que todas las cosas sean blancas o negras, y eso limita el debate, los matices. Lo peor que le puede suceder a un partido es que no haya debate interno, porque las posibilidades de equivocarse se multiplican.

¿Esa coalición de la Junta es una fórmula exportable a la Xunta?
Es un buen ejemplo. El PP es un partido conservador que tiene mucho apoyo en sociedades sociológicamente conservadoras como la castellana o la gallega. Y estas sociedades necesitan progreso, que no es cambiar todo para que todo siga igual, sino mejoras incrementales. En Castilla y León hemos hecho cosas que han cambiado la política, como la transparencia, un cambio que parece mínimo pero que es esencial porque obliga a rendir cuentas, a estar dispuesto a la crítica, y dificulta el clientelismo. Y es muy difícil de impulsar con partidos instalados en la inercia, la comodidad, la complicidad de la comunicación... 

Entiendo que siempre con el PP.
Nadie ve a Cs gobernando con el BNG, sería poco razonable. Pero gobernar con el PP no quiere decir que no sea un cambio. En Castilla y León hemos hecho un cambio profundo, palpable, y es un cambio de esas políticas que el PSOE también ha hecho donde ha gobernado 30 años. Cambiar el color no es cambiar la política: es cambiar el color.

¿Les incomodaría si se suma Vox?
No nos gustan los populistas, ni de izquierdas ni de derechas. No nos gusta la gente simplista, que divide entre amigos y enemigos. Hay que desestigmatizar el acuerdo, porque hay gente que piensa que acordar es traicionar, pero no nos gustaría sustentar un gobierno sobre el voto de los populistas.

Pero en Madrid y Murcia ocurre.
Sí, ¿pero cuántas votaciones hemos visto este mes junto a Podemos y PSOE en el Congreso, para escándalo y escarnio de los mortales? Una cosa es que puedas coincidir en momentos determinados con un partido populista y otra que sustentes un gobierno de coalición con él.

"Se ha olvidado lo importante que es esta parte de España; hay quien piensa que más allá de la M-30 no hay vida inteligente"

Galicia y Castilla y León comparten proyectos como las políticas demográficas o el corredor atlántico de mercancías. ¿El entendimiento seguirá independientemente de quién gobierne tras el 12 de julio? 
Hay políticas esenciales que no tienen color, y las políticas demográficas tienen que cambiar. Se ha centrado el discurso en el mantenimiento de los servicios, que es importante, pero ningún joven se queda en su pueblo porque tiene médico y escuela, sino porque tiene trabajo y proyectos de futuro. Se necesita una buena política de inmigración, amable, que capte personas jóvenes, pero sobre todo progreso, oportunidades de negocio, emprendimiento fácil... Es una política transversal en la que se puede llegar a acuerdos independientemente de quien gobierne. 

¿Están suficientemente cuidadas por la política estatal y europea? 
Esa es la pelea. Si algo han demostrado las últimas elecciones es que se había olvidado lo importante que es esta parte de España. Hay gente que piensa que más allá de la M-30 no hay vida inteligente. La respuesta a este desprecio reiterado a las provincias de cinco y tres escaños es el surgimiento de partidos localistas que condicionan la política, como Teruel Existe o Por Ávila. Y para pelear contra ello lo sensato es hacer una política de igualdad y que mire más allá de la M-30. Donde la política, además, se hace bastante mejor.

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