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domingo. 04.12.2022
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Puertas del Camino: Jaca

Portada de la catedral de Jaca. VIAMAGICAE
Portada de la catedral de Jaca. VIAMAGICAE
El crismón, siempre símbolo de Cristo y este, por vez primera, también de la Trinidad; dos leones flanqueándolo, arquivoltas ajedrezadas y esbeltas columnas. Solo eso y nada menos que eso.

La capital de la Jacetania es una episcopal, aireada y pequeña ciudad de unos 30.000 habitantes. Se sitúa en alto (a 818 metros) sobre el río Aragón, en la canal de Berdún, y está dominada por la enorme Peña de Oroel. Su clima es frío buena parte del año, por la altitud y, sobre todo, por la proximidad de los Pirineos. Estos son los datos objetivos, que siempre interesan al viajero antes de entrar, a veces como elefante en cacharrería, con sus subjetividades.

Jaca le parece bien ordenada y con un sabor entre clerical y militar, no en vano sus dos grandes monumentos son la catedral y la Ciudadela. El motor económico de la ciudad está hogaño muy ligado a la montaña, sobre todo en la temporada de esquí, cuando se llena de amantes de este deporte que la toman como base para las estaciones cercanas. Como ahora no son vacaciones, afortunadamente el turismo escasea, aunque se encuentra con una o dos excursiones de colegiales, a los cuales, como quizá sea lógico, parece interesarles mucho más la ciudadela que la catedral, a la que él llega tras pasar por el monasterio de las benitas, de elegante estilo renacentista.

La catedral jaquesa es de un puro románico primitivo y muchas de sus características irradiaron a iglesias cercanas y no tan cercanas. Antes de entrar, el viajero se fija en el bello crismón de la portada, el primero trinitario (o sea, que quiere representar a la Trinidad y no solo a Cristo) de España. Y como ve que una de las columnas de la portada está muy erosionada quizá por la mano de muchos siglos de peregrinos, él también coloca la suya en la oquedad: a veces es así de folclórico. Ya dentro y tras echar un vistazo a la muy iluminada capilla de Santa Orosia, patrona de la ciudad, hace una inexcusable visita al museo que alberga un maravilloso fresco románico que abarca desde la creación de Adán hasta la Ascensión de Cristo.

La Ciudadela es un enorme complejo defensivo, rodeado por un foso en el que se pueden ver unos cuantos ciervos. Siguiendo el modelo italiano, fue mandada construir por Felipe II en el siglo XVI y hasta el XIX se la conocía como castillo de San Pedro. Vista sobre todo desde arriba, forma un perfecto pentágono, lo que hace pensar en el Pentágono de Estados Unidos, cuando, vaya por Dios, tenía que ser al revés, por antigüedad y solera. Según dicen, es la única fortaleza de este tipo que se conserva en Europa.

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