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Del Toro contra todos

Cuatro películas muy diferentes, Dunkerque, Lady Bird, Tres anuncios en las afueras y Call Me By Your Name, tratarán de arañar premios a La forma del agua, favorita de inicio, pero en una competición más abierta de lo aparente

 

Los Oscar de 2018 serán recordados como los primeros de la era post Weinstein. El productor que mejor se manejaba en la fontanería de la Academia desapareció de la competición el pasado octubre, cuando una cadena de acusaciones destapó los abusos sexuales a los que sometía a rutilantes estrellas, promesas de futuro y nuevos valores de Hollywood. Algo que ya se intuía —por decirlo suavemente— a partir de libros como Sexo, mentiras y Hollywood, publicado hace catorce años por el periodista Peter Biskind, artículos de David Carr, donde se describió la tendencia del productor a ejercer de matón, y alusiones directas en televisión, prensa y hasta el mismo escenario del Dolby Theater en 2013, cuando Seth MacFarlane presentó a las candidatas a mejor actriz de reparto con un: "Felicidades, ya no tenéis que fingir atracción por él". 
Weinstein, en su día, arremetió contra Biskind y Carr, y les enviaba mensajes a través de sus allegados, como Matt Damon, Ben Affleck y Russell Crowe. Los periodistas aguantaron el chaparrón, y Biskind resume el hecho de que esto no haya salido antes a la luz señalando que Weinstein se había vuelto intocable: "La gente tenía miedo de decir cualquier cosa sobre él que no fuese ‘gracias, Harvey’ en unos Oscar". 

La gente tenía miedo de decir cualquier cosa sobre él que no fuese ‘gracias, Harvey’ en unos Oscar

Eso no quiere decir que no vaya a estar presente. Como suele ocurrir en toda fiesta en la que uno de los invitados habituales tiene vetada la entrada, es sólo cuestión de tiempo que los asistentes saquen el tema a pasear. En el caso de los Oscar, la opción más corriente es a través de los chistes. Jimmy Kimmel repite como presentador de una gala que premia la diversidad racial y la representación caleidoscópica de un cine cada vez más atomizado.

La acumulación de nominaciones de La forma del agua responde a uno de esos arrastres tan comunes en los Oscar y en el comportamiento humano de dejarse llevar por las opiniones mayoritarias, pero hasta la película de Guillermo Del Toro es un canto a la diferencia. Kimmel no es Chris Rock ni Seth MacFarlane. Su estilo es más blanco y esquiva la confrontación extrema y la incomodidad del patio de butacas. Hay un 100% de probabilidades de que vaya a referirse al asunto, pero que nadie espere un terremoto. Su humor, seguramente, sirva más para hacer comunidad que para abrir brechas.

Kimmel no es Chris Rock ni Seth MacFarlane. Su estilo es más blanco y esquiva la confrontación extrema y la incomodidad del patio de butacas

El otro frente sobre el que va a orbitar la gala de los Oscar de este año —relacionado con el anterior— van a ser las reivindicaciones salariales, de respeto en la alfombra roja y de mayor visibilización de las mujeres en las nominaciones. Esta última es la protesta que mejor respuesta ha tenido en los premios de este año. Después de varias ediciones con actrices premiadas señalando el elefante en la habitación, parece que empiezan a equilibrarse los reconocimientos, aunque todavía falte camino por recorrer. 

Pero hablemos de las películas. La forma del agua, el relato actualizado de La Bella y la Bestia, parte como favorita en ese tradicional agrupamiento de nominaciones que tienen aquellas películas que tocan varios palos. La cinta de Del Toro, un fantástico que cuida los detalles, quiere ser homenaje al cine en todas sus dimensiones, y es un romance entre outsiders, equilibra las categorías artísticas y técnicas que le hacen liderar una clasificación engañosa.

Hay otras tres películas que, tras lo ocurrido en los últimos años, podrían tener posibilidades. La primera es Dunkerque, de Christopher Nolan. Su épica construida a partir de una derrota tiene ingredientes suficientes para arañar premios en distintas categorías, y las ocho nominaciones pueden desequilibrar la balanza a su favor, sobre todo, en los premios técnicos.

La segunda es Lady Bird, de Greta Gerwig. Aunque pequeña de presupuesto, su ascenso en las últimas semanas está siendo el clásico arreón de un ganador in extremis, y se está convirtiendo en una de esas historias generacionales que han sabido conectar con un público y una época. No es habitual que un relato adolescente, con su afirmación identitaria, encaje en unos premios como estos, pero la importancia que está tomando Gerwig en el tramo final, y la estrategia concentrada en ella y las dos actrices principales (Saoirse Ronan y Laurie Metcalf) le pueden dar un impulso en el último minuto.

No es habitual que un relato adolescente, con su afirmación identitaria, encaje en unos premios como estos

La tercera es Tres anuncios en las afueras, donde Frances McDormand y Sam Rockwell se han erigido como auténticos abanderados de una película instalada en la América profunda. Sus siete nominaciones y su salida triunfal de los Globos de Oro la colocaron en una posición privilegiada, aunque sus competidoras rebajaron sus expectativas a los papeles principales. 

La cuarta, y la favorita de quien firma, es Call Me By Your Name, con sólo cuatro nominaciones, pero de las que no se le debería descartar en absoluto: mejor actor protagonista (Timothée Chalamet, a sus 22 años el más joven de la historia), mejor guion adaptado (James Ivory), mejor canción original (Sufjan Stevens) y mejor película. Si gana el premio mayor sería una sorpresa, pero una sorpresa menor. Su defensa del gozo, de la libertad de elección, la hace, además de la más disfrutable de todas, una candidata perfectamente defendible y posible. 

Su defensa del gozo, de la libertad de elección, hace a Call Me By Your Name, además de la más disfrutable de todas, una candidata perfecta

Pese al exagerado número de nominaciones de La forma del agua, los Oscars de 2018, a priori, son los más abiertos de los últimos años. Antes de que se entreguen, ya podemos anticipar una cierta normalidad de la diversidad. No sólo racial y de género, sino también de estilos, géneros, miradas y voces propias.

Del Toro contra todos