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El empleo se activa entre los extranjeros en una comunidad que atrae a pocos

Trabajadora inmigrante ayudando a una anciana.DP
Trabajadora inmigrante ayudando a una anciana.DP

La afiliación a la Seguridad Social crece a un ritmo del 10% y hay cerca de 34.000 cotizantes, con la hostelería tirando de las contrataciones

Todavía faltan tres años para que los niveles de empleo entre los trabajadores inmigrantes regresen al nivel máximo que se alcanzó en Galicia en julio de 2008, cuando más de 44.000 estaban afiliados a la Seguridad Social, no obstante, ya van tres años de incrementos continuados del número de cotizantes.

Con la recuperación en ciernes y, principalmente, debido a las tensiones económicas, sociales y políticas que afectan a Venezuela y otros estados suramericanos como Brasil y Colombia, el contingente de ciudadanos llegados de otros países creció un 5,6% en el último año, de forma que 2018 comenzó con 92.062 inmigrantes empadronados.

Prácticamente cuatro de cada diez personas que el año pasado eligieron la comunidad para instalarse son venezolanos que escapan de un país devastado por el régimen de Nicolás Maduro. Con todo, la comunidad sigue lejos de los 112.200 que llegó a rozar en 2012, la cifra máxima que recoge el Instituto Nacional de Estadística (Ine).

La población foránea apenas supone el 3,4% del total, lo que da idea del escaso atractivo de la comunidad. Se trata de una ratio que solo es más reducida en Extremadura (2,9%), y que está muy lejos del nivel de Baleares, donde el 17% de los habitantes son de otras nacionalidades, Cataluña (14,2%) o Murcia (13,7%).

¿Qué actividades son las que están generando más empleo? De la comparativa entre las cifras de marzo con las del mismo mes de 2017 se extrae que la hostelería  copa el 30% del empleo creado, con 886 extranjeros afiliados más en un año. A distancia se sitúan la industria manufacturera, con 324 altas, la construcción (281) y el comercio (257).

Ante unas estadísticas que cifran en 33.931 los trabajadores extranjeros que están cotizando y revelan que ya van cinco meses de crecimientos anuales próximos al 10%, el coordinador del Foro Galego da Inmigración, Miguel Fernández, refrenda que "hai máis movemento no mercado laboral". No obstante, recalca que los contratos están marcados por la "temporalidade, pois adoitan participar nos sectores máis precarizados, con peores condicións". Tanto es así que, entre enero y abril, más del 80% de los acuerdos laborales que firmaron tenían fecha de caducidad.

POCO GANCHO. Al margen de la llegada de venezolanos que escapan de la situación crítica del país, muchos de los cuales son descendientes de emigrantes gallegos, Fernández —que representa una organización integrada por 80 asociaciones de inmigrantes y entidades sociales como Cáritas— constata que el flujo de entrada de extranjeros que puedan llegar animados por la recuperación o por el inferior coste de vida con respecto a otras autonomías es insignificante. Explica que quienes se están incorporando al empleo son los que no abandonaron la comunidad durante la recesión, porque "Galicia ten unha poboación inmigrante bastante consolidada". Del total, casi el 40% procede de algún país europeo, con los portugueses como la comunidad más numerosa, con 14.482 instalados en Galicia, seguidos de los rumanos (8.406), brasileños (7.821) y marroquís (6.872).

Gráfico cotizantes extranjeros

María (Perú) Acaba de encontrar trabajo como interna en Santiago:
"Como somos de fuera hacemos de todo, pero un día espero tener un trabajo mejor"
Unos 2.300 peruanos viven en Galicia y María —que prefiere que utilicemos un nombre falso— es una de ellos. La semana pasada entró a trabajar en la casa de una compostelana que convive con su madre octogenaria, a la que María acompaña de lunes a sábado, además de hacer las tareas del hogar. Cobra algo más de 700 euros y tiene alojamiento. 

Tras completar los estudios obligatorios, trabajó vendiendo ropa y regentando un restaurante con su tía en el país andino. Esta emigró a Galicia y en 2009 le consiguió un contrato como interna en Santiago. "Durante siete años, de lunes a sábado por la tarde cuidé a tres niños, los perros y la casa. Cobraba 800 euros y corría todo el día. Terminé agobiándome y en 2015, con un año de antelación, avisé de que volvía a mi país". Tras un año en Perú, por una recomendación viajó a Madrid para cuidar de otra anciana por seis meses, hasta el pasado marzo. Con un sueldo de 800 euros y aunque tenía posibilidades de seguir en la capital, resolvió volver a Galicia al no poder pagarse una habitación allí.

Pese a haber hallado otro empleo a través de Cáritas, María se ha apuntado al Servizo Galego de Colocación para optar a nuevas ofertas. Admite que sigue esperando "la recompensa de tener un trabajo mejor". "Como somos de fuera, hacemos de todo", reconoce.
 

 

El empleo se activa entre los extranjeros en una comunidad que...
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