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Blas, cantante de la París de Noia: "Tengo muy buenos amigos en Panorama"

José Antonio Blas Piñón (Redondela, 1959)
José Antonio Blas Piñón (Redondela, 1959)

Una recuperación fallida de una lesión grave baja del escenario a este trotamundos de la verbena gallega después de 36 años sobre él

Todavía tiene presente el fatídico día de su lesión?

Sí. Fue el 15 de mayo de 2016. Estábamos empezando la temporada de la París de Noia y durante el descanso de una actuación en Camporrapado (Boqueixón) me caí del escenario, había bastante altura y rompí tibia y peroné. Después la recuperación no fue todo lo bien que quisiera, de forma que me es imposible aguantar más de una hora de pie sin dolor. Y tal y como trabajamos en la orquesta, decidí dejar los escenarios.

Después de 36 años de tanta actividad y haciendo lo mismo, ¿cómo lleva un cambio tan grande?

Al principio no lo pasé nada bien, porque además de la lesión hubo que retocar un espectáculo que estaba preparado para cinco cantantes y adaptarlo a cuatro, algo a lo que ayudé desde el hospital. Después, cuando empecé a ir a ver a la orquesta era un poco traumático no poder estar allí arriba. Pero hoy está superado, asumido y en general lo voy llevando.

Pero Blas sigue vinculado a la París de Noia, ¿no?

Todos los días y 24 horas al día currando. Llevo la dirección artística y, en general, un poco de todo.

¿Y no tiene tentación de coger el micro aunque sea para un tema?

¡El otro día ya me hicieron cantar! Fue una encerrona y me convencieron, pero eso puede suponerme un problema porque habrá comisiones que me pidan que lo haga. Cantar un tema no representa ningún problema, pero el trabajo de cantante no es solo eso; es bailar, hacer una coreografía, pasar muchas horas de pie... Son cosas que yo ya no puedo hacer.

¿Qué le queda de 36 años subido a los escenarios con la orquesta?

Gratitud. En una profesión como la mía si aguantas tantos años es porque la gente te ayuda a hacerlo. Yo me siendo muy querido y respetado; ahora que estoy sentado en el control de sonido la gente se acerca, se interesa por mí... Ese cariño es con lo que te quedas.

Y algún que otro enemigo también dejará por el camino, ¿o no?

Alguno, alguno [ríe]. Pero yo me quedo con lo bueno.

Yo lo decía por la orquesta Panorama, con la que la París tiene una rivalidad profesional importante. ¿Se traslada al ámbito personal?

Para nada. Existe una cordialidad total y la relación personal es magnífica, sin lugar a dudas. Lo cierto es que ese supuesto pique nos viene de maravilla, porque las fiestas que hacemos juntas reúnen a miles y miles de personas, de las que muchas se acercan precisamente por ese morbo. Pero la relación es muy cordial y puedo presumir de que tengo muy buenos amigos en la Panorama, una orquesta a la que respeto mucho; un sentimiento que creo que es recíproco.

¿Qué cambió en las orquestas desde sus inicios en los años 80?

Todo. Fue un cambio radical. Cuando yo empecé casi nadie se dedicaba profesionalmente a la orquesta sino que vivía de otras profesiones. A nivel de trabajo, éramos nosotros los que montábamos y desmontábamos los palcos, así que imagina como varió eso viendo lo de hoy en día. En general se profesionalizó todo.

¿Fueron cambios para bien?

Yo creo que sí. Las verbenas cambiaron mucho y se acabó con aquello de que «a xente nova non vai ás festas». ¡Mira ahora si van o no!

¿Y por qué ocurrió eso?

Creo que fue porque algunas orquestas empezamos a llevar a las verbenas las músicas y espectáculos que los chavales veían en otro lado, en pubs y discotecas. Nosotros las sacamos a la calle y además gratis, sin pagar entrada.

"Aunque me retiré del escenario me hicieron una encerrona no hace mucho y me convencieron para cantar una canción"

 

¿Recuerda alguna actuación de estos años con especial cariño?

Es complicado. Yo disfruto mucho con mi trabajo y cuando se levanta el telón y veo a la gente con ganas de pasarlo bien ya está; esa es mi verdadera actuación y ahí no hay un día distinto a otro.

¿Y alguna para olvidar?

Esa sí la tengo clara: la del día de mi caída en Camporrapado.

¿Qué orquesta le gusta además de la París de Noia?

Muchas. Nuestra orquesta se fundó en 1957 y en 2018 seguimos ahí arriba y eso tiene mucho mérito, por eso respeto un montón a las orquestas que son casos parecidos al nuestro, como Los Satélites, pero también a otras más nuevas como Panorama. Mi respeto es general para el mundo de las orquestas gallegas, porque el nivel que hay aquí no lo ves fuera.

¿Dañó el escándalo de Lito la imagen del sector?

No sabría que decir. Nuestro sector se está profesionalizando mucho desde hace unos años y estamos peleando para que la verbena gallega sea patrimonio cultural y para que se respete nuestro trabajo. Toda la movida que pasó con Lito no tiene que ver con las orquestas, sino con un empresario que está siendo investigado y que no sé como va a acabar el caso.

Con Pepi Rama formó una de las parejas artísticas más reconocidas de Galicia durante muchos años. ¿Mantiene contacto con ella?

La verdad es que le perdí la pista totalmente. Dejó la verbena y desapareció, aunque le deseo lo mejor, ya que era una profesional como la copa de un pino.

¿Por qué cada vez hay más músicos de fuera y menos gallegos?

Porque aquí no tenemos suficientes músicos para alimentar a tantas orquestas. Yo presumo de haber tenido a los mejores músicos gallegos conmigo, pero ahora si no los encuentro tiro de los de fuera, donde los hay buenos y no tan buenos, como ocurre aquí.

Blas, ¿sigue Operación triunfo?

No soy yo muy seguidor de estos realities, pero este año admito que sí vi alguno porque había cantantes gallegos y porque a Roi lo conozco de su etapa en Olympus.

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