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Bugallo: "Los años del PP fueron un desastre y los de Noriega son un limbo"

Sánchez Bugallo. XOAN REY (EFE)
Sánchez Bugallo. XOAN REY (EFE)

Después de gobernar la capital gallega entre 1998 y 2011, el exregidor socialista de Santiago se postula de nuevo a la alcaldía 

¿Qué le lleva a volver a la primera línea de la política municipal?
Lo tenía pensado desde hace algunos meses. Muy importante ha sido que no estoy contento con la situación de Santiago, a la que no se le ve rumbo, en la que hay un deterioro importante de los servicios públicos... Y lo segundo es una serie de datos que indicaban que el alcalde más valorado era yo, por lo que en el PSOE aparecía como la opción con más posibilidades.

Lo preguntaba porque hay veces que la acritud de la política deja dudas sobre si merece la pena meterse en estas cosas, no digo ya volver.
He llegado a la conclusión de que hay un servicio que se debe prestar y me parece razonable hacerlo, porque estoy en condiciones de ello. O por lo menos de intentarlo.

¿Le pidió Caballero o la dirección del PSdeG que fuese candidato?
Me lo planteó la dirección provincial hace año y medio. Me dejó sorprendido, no me lo esperaba. Pedí que se repitieran los estudios para comprobar que se daba esa situación favorable y he entendido que mi compromiso me llevaba a esa disponibilidad.

¿Hubiera dado el paso de haber tenido que participar en primarias?
Desde un principio dije que no concurriría a un proceso de primarias porque, para poder recuperar el apoyo mayoritario de los ciudadanos de Santiago, era fundamental una posición de unidad interna. Desgraciadamente, la agrupación socialista de Santiago, como la mayoría de grupos locales de izquierdas, mostraba fracturas abiertas, y las primarias eran incompatibles con este objetivo.

Se hablaba de Gumersindo Guinarte como alcaldable. ¿Cómo consiguió sumarlo a su lista?
Los dos conocemos la situación de la ciudad y entendió que había una unidad de proyecto en cuanto a objetivos y que, según los datos, yo estaba en mucho mejor posición.

La inclusión de Mercedes Rosón, que ha representado a un sector contrario a usted, va en esta línea, pero ¿esta divergencia podría afectar al día a día de la corporación?
Rosón es imprescindible para trasladar esa imagen de unidad interna, pero además es una persona conocida y apreciada en Santiago que formó parte de la corporación doce años, justamente conmigo. Su aportación es muy importante también para ganar la confianza de los ciudadanos. Estoy muy contento con su presencia y durante el tiempo en el que fui alcalde jamás hubo ningún problema de unidad o disciplina, por lo que entiendo que no lo habrá en el futuro.

¿Cuáles son sus presentimientos de cara a estos comicios?
Me presento con la convicción de que se puede ganar y con la disposición de hacerlo. Lo que une a la candidatura es el cariño a Santiago, el deseo de mejorar sus condiciones de vida, su posición entre las ciudades gallegas... Si somos capaces de transmitir esa ilusión, es muy razonable pensar que ganaremos.

¿Cómo ve el Concello?
En general, ha sufrido un proceso de deterioro importante. Los años de gobierno popular fueron desastrosos, de elefante en cacharrería. Los de En Marea [por Compostela Aberta] son años en el limbo. Es tiempo perdido y de retroceso para la ciudad. Hace ocho o nueve años era referencia incluso a nivel mundial en rehabilitación, vivienda, cultura... Hoy no lo es.

¿Cuáles serían entonces los principales ámbitos de actuación?
Hay que trabajar en muchísimos ámbitos. Hay que definir un proyecto de ciudad que llamamos Objetivo 2030. A partir de ahí, tenemos que trabajar para él. Es necesario recomponer la vida y la actividad del propio Ayuntamiento en la prestación de servicios y como instrumento eficaz para los ciudadanos, porque ahora es muy poco operativo. El primer reto será el Xacobeo de 2021, que es a plazo fijo y está ahí, tras las elecciones.

¿Qué relación tiene con Noriega?
Personalmente, buena. Otra cosa es la valoración de su gestión.

Suelen acusarlo de emplear la alcaldía como trampolín a la Xunta.
Son acusaciones bastante fundadas. Hay una clara falta de atención a la vida diaria de la ciudad y la impresión es que es un paso en el camino a un objetivo distinto. Me enfada profundamente, porque para un alcalde lo importante es servir a sus ciudadanos.

¿Está abierto a alianzas?
Hay que presentarse para ganar, no para ganar a medias, empatar o perder por poco. Quien quiera que yo sea alcalde que me vote a mí, y quien quiera a Noriega, que vote por él. Lo que no admito es que nadie vote a nadie como una especie de carambola para ver si acaba en otro lado. Eso no va a pasar. Otra cosa es la gobernabilidad posterior. Quien salga elegido tendrá que valorar qué acuerdos teje para sacar adelante sus proyectos. Pero son dos pasos distintos de dos momentos diferentes.

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