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La coordinación lusa en infraestructuras amenaza también los cruceros en Galicia

El Queen Victoria despidió la temporada de cruceros de 2018 en Galicia con una escala el pasado 22 de diciembre en el puerto de Vigo. AEP
El Queen Victoria despidió la temporada de cruceros de 2018 en Galicia con una escala el pasado 22 de diciembre en el puerto de Vigo. AEP

Oporto recibió más buques turísticos que A Coruña o Vigo en 2018. Es la primera vez que se da este sorpasso, que parece ya irreversible pese a que los puertos gallegos confían en mejorar sus cifras este año

Por aire y, ahora, también por mar. La ejemplar estrategia de Portugal en la gestión y coordinación de sus infraestructuras capta cientos de miles de turistas cada año. Son cada vez más, y también crece la percepción de que muchos de ellos —sobre todo los que recalan en el norte del país— podrían haber estado visitando Galicia si los aeropuertos de la comunidad no tuviesen un tercio de conexiones internacionales que Sá Carneiro o si las principales navieras de cruceros no hubiesen apostado por amarrar sus buques en la flamante macroterminal de Leixões —fruto de la fusión de los puertos de Oporto y Viana do Castelo— en lugar de los vigueses muelles de Bouzas.

Otra vez, la ciudad del Douro es la amenaza. Y el sector turístico, sobre todo el olívico, teme que con los cruceros pase algo parecido a lo ocurrido con los aeropuertos, donde las cifras anuales de pasajeros de Sá Carneiro —que comenzó el siglo con números parejos a Lavacolla— se antojan ya inalcanzables para las terminales gallegas, pues entre las tres no suman ni la mitad de viajeros que la del país vecino.

En cruceristas la situación todavía parece reversible, pero la alarma ya se ha encendido en las dársenas gallegas ante la deriva que marca el último balance de pasajeros. En el puerto de Vigo, tradicionalmente la puerta de entrada del turismo marítimo en la comunidad, solo atracaron 67 cruceros en 2018, con 151.000 pasajeros a bordo. Son cuatro embarcaciones menos que un año atrás y casi la mitad de las 118 que llegaron a la ciudad en 2011, cuando arribaron 247.000 viajeros. La del ejercicio pasado es la segunda peor cifra de la última década.

El efecto Leixões no se deja notar tanto en A Coruña, aunque su muelle tampoco se está beneficiando del empuje luso, como cabría esperar en un principio debido a que la distancia con Oporto —ideal para travesías de un día— los hacía aliados sobre el papel. A la dársena herculina llegaron 93 cruceros el pasado 2018, menos que los 121 arribados en 2017. Los pasajeros, asimismo, descendieron de 184.000 a 178.000 de un año a otro, según datos que proporcionó la Autoridad Portuaria a AGN. Son números que consolidan el ‘sorpasso’ coruñés sobre Vigo, que se consumó en 2017 tras años de hegemonía olívica. Y si la diferencia no es todavía mayor es porque a los muelles de Bouzas arriban buques de mayor capacidad, algunos de los cuales duplican en número de pasaje a los que llegan a A Coruña. 

Incluso las dársenas de Ferrol y Vilagarcía, que registran un tráfico casi testimonial, también descienden —los muelles departamentales pasaron de 20 cruceros en 2017 a 14 el año pasado y los arousanos, de tres a uno—. 

Son datos que contrastan con los de la macroterminal de Leixões, que presume de cerrar 2018 con 113 cruceros y 120.000 pasajeros recibidos. Un año antes eran cien buques con 95.000 viajeros a bordo, 20.000 más que los que arribaron en 84 naves en 2016, en unas estadísticas que confirman la progresión fulgurante de la dársena portuguesa, que, a pesar  de comenzar la carrera con las gallegas con unas cifras mucho más modestas, ya gira a toda máquina y con el viento a favor de las distintas administraciones lusas.

LEIXÕES: ALZA A LA VISTA. Precisamente las autoridades portuarias que coordinan Leixões ya  han tumbado lo que parecía la última barrera de cara a hacerse con la hegemonía del turismo marítimo en el noroeste peninsular: la que marcan los 300 metros de límite de eslora que hasta ahora imposibilitaban que los buques mayores de estas dimensiones atracasen en Oporto, beneficiándose de esa circunstancia Vigo. Sin embargo, el pasado mes de septiembre trascendía una noticia que hizo tambalear los cimientos de Bouzas: Leixões está acometiendo obras de ampliación para dar abrigo a megabuques y ya ha hecho una prueba con el Mein Schiff, de 315 metros de eslora. El resultado ha sido satisfactorio y, de hecho, hay previstas escalas de auténticos colosos del mar para este año.

Así las cosas, 2019 ejercerá de juez de las terminales de cruceros gallegas, desde las que siguen  confiando en mejorar sus cifras en este ejercicio en unas previsiones que se podrían tildar de ingenuas. Vigo ya ha perdido el trono del turismo marítimo del noroeste y A Coruña parece no beneficiarse como se esperaba de la pujanza de Oporto.

Mientras, Galicia sigue batiendo récords con más de 5 millones de turistas, pero da la sensación de que, aprovechando las sinergias, podrían ser muchos más.
 

Estrategia turística
El ‘hub’ de Oporto es el rival a batir
Los datos no hacen mas que respaldar la coordinación de infraestructuras de Portugal, que ha catapultado el país a la primera línea del turismo mundial. Es un hecho que Lisboa y Oporto están de moda. Sus calles, la gastronomía o sus vinos son alicientes que maridan a la perfección con una buena red de conexiones aéreas internacionales y un puerto referencia en cruceros y mercancías.
En Oporto muelle y aeropuerto están a diez minutos en transporte público y, además, se hacen publicidad mutua. La Administración lusa se propuso hace un lustro crear un gran ‘hub’ turístico en la desembocadura del Duero que ya es la referencia del noroeste peninsular. Y debería ser el rival a batir por Galicia, aunque Vigo siga mirando hacia A Coruña y viceversa.
 

 

Temporadas
El mar también se desestacionaliza
El turismo marítimo no escapa a la tendencia general de la desestacionalización y los cruceros, que tradicionalmente tenían como temporada alta desde abril a octubre, viajan cada vez más todo el año. La prueba está en que el puerto de A Coruña recibió al Balmoral el 3 de enero, en la escala más madrugadora del año en la comunidad, y Vigo el día de Reyes al Queen Elizabeth, un coloso de casi 300 metros de eslora que desembarcó en la ciudad a más de 2.000 pasajeros con las luces de Navidad como reclamo.
Con todo, en el campo de la desestacionalización Galicia juega con el factor en contra del clima, lo que no la hace tan flexible como el Mediterráneo o incluso el norte de Portugal.

La coordinación lusa en infraestructuras amenaza también los...
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