El pinball tiene un rincón en Monforte

Francisco Núñez posa con una de sus 70 máquinas de pinball. TOÑO PARGA

Francisco Núñez ha logrado reunir 70 máquinas clásicas y modernas de pinball, una afición que tiene desde que era niño y que le ha llevado a competir y ganar torneos nacionales e internacionales en estos últimos siete años

 

La máquina de pinball, tal y como la conocemos ahora, surgió a finales de los años 60 después de sufrir varias metamorfosis. Sus orígenes se remontan a la Francia del siglo XVII pero no se popularizaron hasta los años 80, momento en el que se convirtió en una de las máquinas de salón de más éxito. Francisco Núñez, un vecino de Monforte, es el mayor especialista de la provincia en esta disciplina. Prueba de ello son las 70 máquinas que acumula en dos locales de la ciudad del Cabe, casi todas operativas, y los campeonatos de Europa y de España que ganó en 2012, 2014 y 2017. Su pasión nació de muy joven, jugando con sus amigos en los dos salones recreativos que por aquella época existían en Monforte, el de la Rúa Hermida Balado y el que estaba frente a la Estación. "Y también en las de los bares", reconoce. "Ahí arreglábamos el mundo. No como ahora, que os juntáis en internet y chateáis. Aquello era otra cosa", dice con nostalgia.

La pasión por el juego derivó en afición por coleccionarlas. "A mediados de los años 80 las fueron retirando de los bares para sustituirlas por máquinas de videojuegos", apunta. Fue en aquel entonces cuando Francisco Núñez se planteó hacerse con una. "Fue una Big Brave de la marca española Maresa, una de las firmas más importantes del sector. Tenía una temática del oeste. En aquel momento, como se deshacían de ellas, con invitar a un café bastaba para conseguirla", reconoce. Tras la Big Brave llegaron las demás. Y así hasta las 70 que tiene actualmente repartidas en dos locales de Monforte. "No todas funcionan. Intento arreglar todas las que puedo, pero como soy muy vago, si la de al lado funciona, acabo jugando en lugar de restaurar otra", asegura entre risas.

Comenzó de niño tras jugar en los dos salones recreativos que había repartidos por la ciudad del Cabe

El afán de coleccionar tampoco se quedó ahí. A partir de 2011 Núñez comenzó a participar en torneos nacionales e internacionales formando parte de manera oficial del ránking mundial de la IFPA (Internattional Flipper Pinball Association). Actualmente ostenta la posición 1.300 de 12.000 pinbaleros, un más que destacado puesto dentro de la clasificación mundial. "No es para tanto", dice con humildad. Desde hace siete años ha participado en 15 torneos a lo largo de la geografía española y europea, ganando tres de ellos. Se proclamó vencedor del Campeonato Europeo de 2012 en un torneo que aglutinó a más de 150 participantes y fue dos veces campeón español, en 2014 y la última, en 2017. "No tengo ningún secreto ni técnica especial. Voy a divertirme. No siento ningún tipo de presión. Son dos días que no hablas de otra cosa que de pinball, en los que conoces a muchísima gente y te lo pasas estupendamente". Talento existe, porque el año pasado ganó el Temap, el torneo español de mayor relevancia, en su única participación durante 2017 en una competición oficial.

Eso sí, reconoce que la técnica sí varía dependiendo de si la máquina es moderna o antigua. "En las clásicas era más sencillo porque consistía en hacer puntos y nada más. En las modernas va por objetivos y es cuestión de conocerlas y saber cómo conseguirlos", asegura. A la hora de restaurarlas, sin embargo, lo tiene fácil. Hoy en día existen varias distribuidoras y páginas web en las que se encuentran todo tipo de piezas y manuales para proceder a su renovación. Esto se debe a que durante el franquismo, España se convirtió en la segunda potencia mundial en la fabricación de este tipo de máquinas por culpa de la prohibición que existía a la hora de importarlas desde Estados Unidos, país en el que estuvieron prohibidas durante más de 20 años. "Eso provocó que España fabricara y exportara máquinas a toda Europa y se convirtiera en una potencia mundial en el sector". Gracias a ello, hoy en día tiene operativas la mayoría de ellas, que utiliza para entretenerse o para ceder a algún amigo nostálgico.

Desde hace siete años ha participado en 15 torneos, de los que ha salido vencedor en tres de ellos, uno europeo

MISS UNIVERSO. Para Francisco Nuñez, sus máquinas de pinball son como hijos, por eso no puede quedarse con una en especial. "Es imposible", dice. La más antigua de su colección se remonta al año 1967 y la más moderna, a finales de los 90. Pese a todo, hay una que no tiene y que le obligaría a plantearse un nuevo intercambio. "Me falta la Miss Universo de la marca española Inder. Jugué muchísimo a esa máquina de pequeño y es la que echo de menos en la colección". Vista su pasión, no tardará en hacerse con ella.

De todo lo que le ha dado esta disciplina, se queda con las amistades que ha granjeado en los campeonatos. "Lo más importante es la cantidad de amigos por toda España que he hecho gracias al pinball. Con ellos lo he pasado de maravilla jugando a estas máquinas, desde pequeño hasta ahora. Y es algo que seguiré haciendo mientras pueda". Su única espina es que no parece que sus hijos vayan a dar continuidad a su afición. "Me acompañan a los torneos, pero no son tan fanáticos como yo".

 

 

 

 

 

 

 



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