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Sito dominaba los 500 kilómetros de costa entre cabo Silleiro y la ría de Muros y Noia

Mansión de Sito Miñanco en Montalvo. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Mansión de Sito Miñanco en Montalvo. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

 

Más de 50 viajes entre Pontevedra y Algeciras por la ruta portuguesa, cerca de un centenar de reuniones clandestinas, la aparición por sorpresa del hijastro de Oubiña y la presencia de unos ‘hombres de negro’ con aspecto extraño, al detalle
 

 

Solo una docena de personas en España tenían conocimiento de las actividades que estaba desarrollando Sito Miñanco desde 2016. Una pequeña unidad, el Grupo II del Greco Galicia, tuvo la misión más difícil de todas: seguir el rastro del capo en el lugar que mejor conocía, donde tenía su gente, sus cuarteles generales, su vida: las Rías Baixas. Uno de sus responsables, cuya identidad obviamos por motivos de seguridad, explica que "la mayor parte del tiempo lo pasaba en el chalé de Montalvo", una impresionante propiedad con estanque, piscina y hasta un pequeño campo de fútbol de césped ubicada a pocos metros de uno de los arenales más emblemáticos de las Rías Baixas.

"Cuando mantenía reuniones concretas acudía al chalé de O Rial, en Vilagarcía. Ambos inmuebles pertenecían a la inmobiliaria. O Rial era el centro de operaciones de la organización en Galicia". Sito había levantado edificaciones a su gusto en parcelas que forman parte del ‘paquete’ que le pretende arrebatar la Audiencia de Pontevedra en el proceso por blanqueo cuyo juicio quedó aplazado sine die hace algunas semanas.

Miñanco hacía su vida rutinaria, visitaba a sus hijas, y mientras tanto se reunía para preparar los narcotransportes. "Acudía habitualmente a comer a La Portuguesa, en Dena, con su gente, y también era habitual verle en el astillero, en O Facho, donde también había encuentros importantestes. Otro punto que empleaba era en Baiona, propiedad de dos colaboradores suyos, padre e hijo, que también fueron detenidos".

Una mansión en la playa de Montalvo era su refugio, aunque también se reunía con sus secuaces en O Rial y en Baiona

Sito tenía ojos y oídos en los 500 kilómetros de costa que van desde cabo Silleiro hasta la ría de Muros y Noia. La Policía sospecha que había logrado cobertura de pesqueros legales y que tenía capacidad para introducir toneladas de cocaína desde la raia hasta las mismas puertas de la Costa da Morte, casi por cualquier punto. Para ello contaba con una treintena de supuestos colaboradores directos, solo en Galicia, de los cuales 19 fueron detenidos en el marco de la operación Mito a principios de febrero. Dominaba el mar, pero también los puntos elevados de las rías. Justo en el centro de la provincia, en los montes que transcurren desde Pontevedra hasta A Lanzada, había trazado una línea imaginaria desde la que, a través de tecnología punta, controlaba las entradas y salidas y se comunicaba con su flota en el exterior, tanto los pesqueros que había logrado sobornar como sus impresionantes planeadoras que partían del astillero Facho.

Precisamente en ese lugar, que mantiene su actividad lícita, Sito tenía su propio despacho, en el que lucía con orgullo un diploma de un curso de Informática obtenido en el año 2003. Se hallaba en la parte superior. Las narcolanchas, que siguen depositadas allí tres meses después, están separadas por una lona del resto de la factoría naval. Su dueño, que no fue detenido, comentó que aquellas planeadoras eran "para traer moros", no para la droga. Como si la inmigración ilegal fuese una buena cosa. 

APARICIÓN DE PÉREZ IAGO. La aparición del hijastro de Laureano Oubiña en la red criminal de Sito Miñanco fue toda una sorpresa para los investigadores. "La primera vez que vimos a David con Sito en Galicia fue en Montalvo", señala el investigador. Fue en agosto de 2017, cuando ya tenían constancia de la inminente operación del carguero Thoran, en la que fueron incautadas cuatro toneladas de polvo blanco. Pérez Lago ya había aparecido en Málaga y en Madrid, donde se reunió con Quique Arango, el brazo derecho del cambadés en el Sur de la Península.

LOS BLACKPHONE. En esa misma etapa, el Greco Galicia presenció la llegada de al menos dos individuos cuya presencia no encajaba con el clan de Miñanco. Individuos con gafas, traje y corbata, de acento extranjero. Eran los ingenieros holandeses que crearon, a través de la deep web y con un software encriptado, una telaraña de comunicaciones a modo de Intranet privada "imposible de detectar", según confesaron los policías. Empleaban Blackphone, una nueva versión de las Blackberry con su propio sistema operativo.

Para hablar entre ellos, los miembros de la organización de Sito en Galicia utilizaban, además de los citados cuarteles generales de Sanxenxo, Vilagarcía y Baoina, lugares recónditos en los montes de la provincia de Pontevedra. Uno de ellos era un antiguo campo de fútbol próximo a Vilanova con una sola entrada repleta de maleza. La pericia de los agentes les permitió conocer los detalles de aquellos encuentros.

Sito dominaba los 500 kilómetros de costa entre cabo Silleiro y la...
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