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El precio de la uva, la lucha de los viticultores

A aproximadamente un mes de que comience la vendimia en las denominaciones de origen ourensanas, la incertidumbre vuelve a instalarse entre los agricultores. ¿El motivo? El precio que alcanzará el producto que cultivan durante todo el año.

O Ribeiro es el área de mayor volumen en la provincia, con 6.054 viticultores, 2.842 hectáreas de viñedo y 101 bodegas, según los datos de 2013 ofrecidos por el Consello Regulador de la Denominación de Origen.

Entre los productores se encuentran personas cuya única ocupación es el campo y aquellos que lo complementan con otra actividad laboral.

Pero sea cual sea el caso, todos se preguntan si la bodega a la que suministran habitualmente su producción seguirá necesitando su uva y el precio que ofrecerán. De hecho, muchos viticultores venden su producto sin fijar de antemano un precio.

Y es que hay agricultores que ya están recibiendo noticias de las bodegas a las que habitualmente suministran en las que les informan de que este año no comprarán su fruto a ningún precio, alegando exceso de producto y falta de salida en el mercado.

"Las uvas no se pueden dejar colgadas en las cepas", es una de las frases más repetidas por los trabajadores del campo.

José Ramón González, secretario de Agricultura de la ejecutiva nacional de Unións Agrarias apunta hacia lo "perecedero del producto y la necesidad de ser recogido en una fecha determinada" para intentar explicar que una parte del sector bodeguero "presione" a los productores para que bajen el precio.

Además "no estamos hablando de cereal, la uva no se puede almacenar", abunda González en declaraciones a Efe.

La crisis no es ajena a los bodegueros, indica González, que señala que los viticultores son conscientes de "la difícil situación actual", si bien, aclara, "no es de recibo que sean siempre los agricultores los que paguen el pato".

Por eso, la exigencia fundamental de productores y sindicatos es que, cuando menos, "se garanticen unos precios que cubran los gastos de producción".

Para ello, insisten en la necesidad de que técnicos realicen cálculos sobre los costes de producción para equiparar los precios y establecer "un suelo mínimo para esos precios".

Los cálculos aproximados que exponen desde Unións Agrarias indican que "ninguna variedad de uva en O Ribeiro podría venderse por debajo de 60 céntimos" y las "castes o variedades preferentes a un euro".

Entonces, en los últimos años, ¿a qué precio se han llegado a pagarse las uvas? Los agricultores de la zona explican a Efe que han cobrado en las dos últimas cosechas entre 45 y 50 céntimos de media por las uvas blancas jerez -una de las categorías más comunes-.

En los otros extremos, hablan de casos en los que difícilmente llegaban a los 0,30 euros/kilo y otros en los que sí se superaban los 65 céntimos.

Sobre las variedades preferentes, como la treixadura, sí se alcanzan precios más próximos al euro, aseguran, e incluso superiores. Los bodegueros valoran, explican los propios proveedores, la calidad y la graduación.

Por este motivo son muchos los que cosecha tras cosecha se plantean la rentabilidad de las uvas, por su precio y los plazos de pago.

Así, barajan la posibilidad de dejar sus plantaciones, aunque en buena parte de los casos el apego a la tierra que fue pasando de padres a hijos hace que se deseche esta opción

El viticultor debe contabilizar, no solo el salario que aspiraría a tener, sino el gasto en productos fitosanitarios, abonos o maquinaria.

Para una superficie de 3 hectáreas, cuentan los agricultores, pueden gastar anualmente más de 2.000 euros solo en productos fitosanitarios, más mineral, abonos, plantas y otros.

En el apartado de maquinaria, un distribuidor de estos elementos indica que un tractor nuevo, con remolque y accesorios para arar y sulfatar puede rondar los 20.000 euros. Por eso la mayoría de los viticultores estira la vida útil de los aperos al máximo, rentabilizando maquinaria que dos décadas atrás costó el equivalente a 3.000 euros, aunque deben invertir en reparaciones.

En la otra cara de la moneda, se encuentran los bodegueros.

Algunos de los consultados por Efe explican que actualmente el mercado se encuentra paralizado, y apuntan que la falta de liquidez en los ciudadanos hace que descienda el consumo.

Además, ellos también acumulan retrasos o impagos de sus clientes, lo que les dificulta mantener los plazos a sus proveedores.

Entre otro grupo de bodegueros consultados mantienen que seguirán cogiendo las uvas de sus proveedores "de siempre". Este es el caso de la Bodega Señorío de Beade.

Por parte de Bodegas Alanís (grupo Bodegas Gallegas) explican que el grupo tiene "menos capacidad para almacenar" a causa de que en los pasados tres años empezaron a comprar "uvas de proveedores que llevaban las uvas a bodegas que dejaron de cogerlas".

Para esta cosecha "seguiremos comprando igual que en campañas anteriores" y "contando siempre con los viticultores que cada año confían en nosotros".

"Las vendimias anteriores de las tres denominaciones" en las que tiene presencia el grupo "ya están pagadas y lo hemos hecho a precio de mercado", abundan.

Regular la producción o recibir apoyo institucional para modernizar explotaciones y reducir gastos se configuran como soluciones a las que apuntan las partes implicadas en la producción.

Desde Unións Agrarias, sindicato que reconoce las aportaciones hechas por la Consellería de Medio Rural, van más allá y propone que se condicionen las ayudas públicas a la firma de contratos homologados que establezcan precios.

Están dispuestos, señala González, a poner todo de su parte para negociar y alcanzar soluciones, ya que consideran que la situación está influyendo en el abandono del rural.

"O Ribeiro de hace 15 años ya no se parece al de hoy" porque dejar de cultivar una parcela ejerce "un efecto dominó en las próximas".

Después de 365 días de trabajo duras jornadas, los agricultores desean dar salida a su cosecha. Desde el Consello Regulador, aunque apuntan que estos 40 días son decisivos, aventuran que si la climatología sigue su curso normal O Ribeiro tendrá "una uva muy sana y una producción media, equilibrada con la planta y agroclimatología del entrono y, consecuentemente, de gran calidad".

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