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¿Existe alternativa al plástico en nuestra cadena de consumo?

El vidrio es una de las opciones más viables
El vidrio es una de las opciones más viables

Nuevos materiales que cumplan su función sin perjudicar el medioambiente y también, como señala Alkanatur, agua de mejor calidad para la salud. Esas son algunas de las soluciones a la crisis del plástico y los microplásticos.

La crisis del plástico. Así es como se podría llamar a este momento de la historia, donde océanos, agua y alimentos se han visto contaminados y superados por una gestión de residuos insostenible. China, con nuevas leyes que prohíben la importación de ciertos materiales para su gestión en las plantas de reciclajes nacionales, y el resto de países occidentales ven cómo es insostenible seguir apostando por un modelo caduco que no hace más que dañar la calidad de la Tierra y la salud de los humanos tal y como afirman diversos centros de investigación y la empresa gallega Alkanatur. Las compañías comienzan a apostar por buscar alternativas que de verdad sean viables económica y medioambientalmente y que sean garantes de una vuelta a la calidad de la cadena alimenticia. Las alarmas al encontrar en el Pacífico (en el pasado en su zona norte y en la actualidad en la zona sur) islas de microplásticos que están poniendo en peligro la vida marina hacen que el cambio sea, no solo necesario, sino urgente.

El plástico se ha convertido en uno de los grandes enemigos de la salubridad. Es un hecho. Cada vez son más las alarmas que están demostrándose gracias a estudios de carácter internacional y que ponen en evidencia que las consecuencias en la salud son mucho más notable de lo que se esperaba.

Análisis de orina han demostrado que la presencia del Bisfenol A, presente en botellas de plástico, algunas latas e incluso en algunos biberones, han traspasado ya la barrera de su producto para entrar en el organismo. Algo de lo que, pese a que comenzó a legislarse para su prohibición, aún no tiene una política común y cuyas consecuencias en la salud empiezan a ser patentes.

Muchas han sido las voces médicas y profesionales que, con estudios que avalan sus palabras, han comenzado ya a relacionar este tipo de químico y los productos que los contienen con dolencias en el medio plazo como el cáncer, el daño cerebral (sobre todo si una embarazada se expone constantemente a él), e incluso algunos problemas hormonales. Es lo que se llaman los disruptores endrocrinos.

Profesionales como el Doctor Nicolás Olea, de la Universidad de Granada, habla de los disruptores endocrinos como "sustancias químicas, de contaminantes ambientales, generalmente hechas por el hombre y la industria del hombre y que una vez dentro del organismo modifican el equilibrio de las hormonas. Las hormonas, como se sabe bien son mediadoras químicos que conectan un órgano con otro y mandan o son señales químicas. Estas señales químicas pueden ser interferidas, aumentadas, disminuidas por otro compuesto químico que utiliza o que se planta en su lugar. El fenómeno es que hay algunas consecuencias biológicas de esa interferencia".

Para hacernos una idea de la presencia en el día a día de componentes como el BPA, basta con cuantificar las botellas de agua que se consumen. En España, por ejemplo, la cifra se cuenta por millones al año. 

Pero basta con echar un vistazo a la producción diaria de grandes multinacionales para ver cómo los envases que contienen bebidas superan, con creces, la capacidad de gestión de las mismas en términos de reciclaje.

Según datos de organizaciones como Greenpeace, una media que supera las 10 toneladas de materiales plásticos acaban cada año en los océanos del mundo. Eso, además, acaba siendo parte de la cadena alimentaria de aves marinas, peces y mariscos, que posteriormente llegan a los mercados y son consumidos por humanos.

Y ahí es cómo llegan a los organismos. A través de la contaminación de uno de los bienes más preciados de nuestro planeta. El agua. Algo que nos diferencia del resto para poder presumir de vida. 

El encontrar islas de plásticos en el Océano Pacífico, tanto norte como sur, que superan en superficie la de algunos países centroamericanos hace que el peligro sea más visible. 

El problema, sin embargo, pasa precisamente por la invisibilidad que ha tenido hasta ahora, ya que se trata de plásticos que ni siquiera superan el tamaño de un grano de arroz, pero que en conjunto, están suponiendo un verdadero problema medioambiental y que, hasta que no se ha hecho análisis por parte de expertos, no se había visto el alcance real de la contaminación marina que pone en riesgo la viabilidad de la vida marina.

Volviendo al consumo, las alternativas al uso indiscriminado de plástico comienzan a ser cada vez más comunes gracias a las políticas de concienciación que no siempre vienen de los propios gobiernos y legisladores.

Reciclar está bien, por supuesto, pero para que un plástico desaparezca, hacen falta cientos de años. ¿Qué significa eso? Que desde que se hizo popular a principios del siglo XIX, se le pueden dar otros usos gracias a las plantas de reciclaje, pero el plástico fabricado no ha desaparecido, lo que hace que cada año el planeta tenga que asumir aún más toneladas sin poder desechar aún ninguna.
 

¿Cuáles son las alternativas?


La primera, la concienciación de la sociedad en la inviabilidad ya en el corto plazo de seguir con este nivel de producción de plásticos, que cada año se incrementa y que se cuantifica ya en cientos de toneladas anuales.

La segunda, obviamente por la investigación. Desde los países nórdicos ya se ha empezado a investigar en nuevos materiales para crear botellas, como la propia gelatina de algas, cuya descomposición natural en el corto plazo una vez consumido es una realidad y sin necesidad de contaminar. Los materiales que vayan a entrar en la nueva forma de entender la cadena alimentaria deberían pasar por ser ecológicos, pero si no pudiera ser, debería acabarse también con la idea de usar y tirar.

Alemania, uno de los países europeos pioneros en este tipo de políticas, ha vuelto a traer de vuelta, en conjunto con otros países nórdicos, la idea del alquiler de botellas. Eso significa que una tasa incrementará su precio, pero será posible recuperarlo al devolver ese envase. De esta manera, se consigue también controlar el plástico en circulación, asegurar que no acaba tirado en cualquier rincón y controlar su calidad para seguir rellenándose sin peligro para la salud.

Botellas de vidrio, acero inoxidable o plásticos libres de BPA y que puedan ser rellenadas en casa son otra de las opciones más viables.

Sin embargo, como señalan algunas empresas como Alkanatur, la calidad del agua del grifo no siempre es la mejor por culpa precisamente de los microplásticos y algunos de los tratamientos de las propias depuradoras que, aunque son aptas para el consumo humano, sería preferible poder evitarlos.

Para ello, cada vez son más los hogares que apuestan por el filtrado a través de jarras que mejoren e incluso conviertan el agua del grifo en agua ionizada, de mucha mejor calidad para el consumo humano. Además, esta empresa gallega apostó también por la certificación de su jarra purificadora y filtros como libres de cualquier disruptor endocrino gracias al exhaustivo estudio que de ella hicieron en el IBS Granada.

Si a la inclusión en la rutina de agua de mejor calidad y libre de disruptores por los envases se suma el evitar plásticos a la hora de transportar comidas, apostando por recipientes de cristal, por llevar bolsas de tela a los supermercados (que tendrán que empezar a cobrar de manera obligatoria las bolsas de plástico en pocos meses, aunque es algo que ya se venía haciendo en las grandes superficies) y por comprar los frescos sin necesidad de una bolsa para cada producto, el cambio puede ser un paso de gigantes. 

Y esto es solo el principio, la empresa que apueste precisamente por la inclusión de nuevos materiales mucho más sostenibles se llevará de calle al consumidor, dispuesto como está a dar una oportunidad al planeta.

¿Existe alternativa al plástico en nuestra cadena de consumo?