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Ven conmigo, Andreiev

"Cuando tendría 18 años, pusieron en la televisión el drama 'El que recibe las bofetadas', e incluso mi tío dijo que tu obra era muy original y hacía pensar, aunque mi tío tenía los gustos más convencionales"

SÍ, LEONID ANDREIEV, vente conmigo, vayamos a Chantada, y ya que el restaurante casero donde comía se ha vuelto pijo y de diseño como se vuelven todos, vayamos al bar Centro de Tatá, donde todavía se comen cantidades sabrosas y sólidas sin arruinarse, y hablemos de ti, que cumples cien años de muerto, pasaste al otro mundo en 1919, ya sabes que a mí no me gusta hablar de cumpleaños ni de vivos ni de muertos, y yo mismo dejé de cumplir años hace tiempo, solo celebro el día de mi santo, que es el de mi identidad o mi nombre, pero como no voy a celebrarte a ti, que me fascinas desde hace tanto tiempo, leí tu novela Los siete ahorcados hace mucho en una edición amarillenta sabe Dios en qué buhardilla perdida o soledad intensa. Ahora la he vuelto a leer, y una vez, cuando tendría dieciocho años, pusieron en la televisión el drama El que recibe las bofetadas, e incluso mi tío dijo que tu obra era muy original y hacía pensar, aunque mi tío tenía los gustos más convencionales, y cuando aparecía algo original decía que era peregrino y absurdo, recuerdo a aquel genio incomprendido al que roban sus ideas y seducen a su esposa,y se pone a trabajar en un circo como el payaso que recibe las bofetadas, y el público, brutal, aplaude como lo humillan, y cuando quieren vender a su nueva amada mata al agresor y se tira del trapecio. En el cine lo interpretaron Lon Chaney y Narciso Ibáñez Menta.

La obra hablaba de soledad, de desgarramiento, de ternura, de humor cruel, sí, vente conmigo al bar Centro, y a lo mejor se acerca Rubén un rato y nos suelta ocurrencias, o nos habla de lo sorprendente que es la vida, y eso conecta con tu expresionismo, en realidad yo creo que toda la literatura más genuina es expresionista, y en Rusia erais casi todos expresionistas, porque el expresionismo es la pasión y el vivir hondamente la vida, y el más expresionista e inspirador de expresionistas en todo el mundo es Dostoievski, a ti empezó a patrocinarte Gorki, pero ese no era tu camino. Enseguida te saliste del redil realista como se salió Dostoievski del camino que le marcó Bielinski en su crítica de Humillados y ofendidos.


Ven, hablemos de Los siete ahorcados, como hablas de esos siete condenados a la horca, cinco revolucionarios y dos delincuentes comunes, y señalas su vida chisporroteante en los últimos momentos, el misterio de la vida que se subraya asombrosa frente a la muerte, con la personalidad y lo inasible de cada uno: ese que hace gimnasia científica hasta el final, esa chica que solo se preocupa de lo que estarán sintiendo los demás, ese otro que no encuentra nada que amar, ni siquiera a sus padres, y acaba llorando sin saber por qué, aquel que le parece que supera la división entre la vida y la muerte y no se siente encerrado y al final estalla de vida, el campesino que mató a su señor y dice continuamente: "Yo no tengo que ser ahorcado", el bandido atrabiliario que se burla de todos y se sabe apartado de todos. Al final caminan por el bosque, y quieren avanzar junto a alguien hacia la horca, incluso el bandido feroz suplica que alguien lo acompañe, y la mujer sacrificada se queda sola, y el gobernador de la provincia al que querían matar vaga inquieto por las habitaciones y ve sombras que salen a su encuentro, y se fija en cosas en que no se había fijado nunca, y vive una pesadilla al imaginarse continuamente su muerte a una hora fija, y entonces su vida se convierte en algo distorsionado y sorprendente. Todos los personajes en torno a la muerte ven como su vida palpita y chisporrotea, tal vez solo se aprecia la vida si uno la pone junto a la muerte, por eso amamos a los personajes trágicos y vivimos con ellos desde la tragedia griega, y en tu novela, Andreiev, la tragedia se convierte en lirismo feroz o visionario. Es alucinante leer tu novela, que sin embargo  tiene la intensidad justa y la justeza de palabras, no le sobran palabras ni capítulos, y en pocas páginas vivimos tantas cosas, como vivió Dostoievski en aquellos diez minutos que le quedaban de vida en el patíbulo en Siberia antes de que llegara el perdón, y como viven tus personajes en esos días contados.

"Tú presentas la tristeza y la muerte para que apreciemos más cada segundo y el sabor más profundo de la vida"

Y es que parece que la tristeza y la muerte nos sirven para subrayar más la vida, para sentir más la vida, como tú mismo, cuando te decían que eras excéntrico porque eras original y paradójico, porque la vida es original y paradójica, nunca cabe en ninguna ideología ni en ninguna doctrina, por eso tú no sueltas ningún sermón con tu obra, y le das la misma importancia a los bandidos que a los terroristas ingenuos que quieren salvar el mundo de la tiranía, la más profunda salvación de la tiranía es la literatura y tú lo sabes, sí, tú presentas la tristeza y la muerte para que apreciemos más cada segundo y el sabor más profundo de la vida, como en esa novela corta escalofriante Lázaro que venía con Los siete ahorcados en el mismo volumen amarillento.

En ella hablas de Lázaro el hombre al que resucitó Cristo, y todo el mundo acude a verlo y a festejarlo, todo el mundo quiere que le diga algo sobre el más allá y la muerte, y él no habla casi nada, pero dice algo terrible con los ojos,transmite a todos una extrañeza y una dejadez hacia todas las cosas que anticipa El extranjero de Camus, Lázaro regresado de la muerte les trae la muerte sutilmente a todos, todos pierden el gusto por vivir y el sabor de los días, al final nadie quiere verlo y todos le escapan, y permanece en su cabaña en una soledad. D.H. Lawrence hizo algo parecido en El hombre que murió para hacer una exaltación nietzscheana de la vida, igual que en su ensayo Apocalipsis considera que el milenarismo cristiano es una venganza resentida contra la tierra, pero tú lo haces aquí también con una justeza muy eficaz. Lázaro en tu novela se hace famoso en el mundo antiguo, el propio Augusto que no teme a nada quiere conocerlo, al final lo ve y no renuncia a la vida, su amor a la vida y la tierra es más fuerte que la indiferencia de Lázaro, pero sí queda tocado, y aleja de su presencia y lo manda de nuevo a Palestina, entonces, con estas ocurrencias, nos traes las sutilezas extrañas de la vida, las delicias inexploradas de cada instante de estar aquí,y nosotros podemos hablar de ello en el bar Centro con un buen pedazo de carne que hace la mujer de Tatá, y a lo mejor se acerca Rubén y nos recuerda que en cambio Drácula seguía vivo y los muertos éramos nosotros.

Ven conmigo, Andreiev
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