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Hay, el furor de la literatura

Un pueblo que tiene tantas librerías y un cine donde ver como Dios manda películas en la oscuridad se acerca a una especie de paraíso

 

TREINTA LIBRERÍAS en un pueblo más pequeño que Chantada. Y están abiertas aunque llegamos en domingo. Entramos en ellas, nos dejan fotografiarlas. No les sorprende que nos fascinen las librerías. Este pueblo se hizo famoso en todo el mundo por las librerías.

Pensábamos ver a Richard Booth, que en los años 60 se proclamó rey de Hay y abrió la librería de segunda mano más grande del mundo. Se proclamó Ricardo Corazón de Libro y nombró a su caballo primer ministro.  En su autobiografía Mi reino de libros se fotografió sobre una mesa delante de un campo verde con libros desparramados desde una silla. Otros le llaman el Mago del Libro porque resiste con la magia de la literatura.

Me hubiera gustado compartir su magia con él, tocarlo para que me contagiara sus poderes literarios. Sentir de cerca a ese mago investido con toda la vibración de la literatura. Charlar con él mágicamente o al menos fotografiarme a su lado. Ese era nuestro plan y al saber que no puede ser, Consuelo se queda muy decepcionada.
La librería es alucinante. Entro en el baño y encuentro sobre el wáter la portada de ‘Cien años de soledad’ mas fascinante que he visto.

Espigo entre los autores y encuentro a mis autores favoritos. Solo me falta Ernesto Sábato. Compro una selección de poemas de mi amada Christina Rossetti. Y están los Mabinogion,  donde se habla de Peredur el intrépido y Blodewed la hecha de flores. Por lo demás, hay libros de todas las materias en las salas de las tres plantas. Y también hay una cafetería.

Y encima Richard Booth ha puesto un cine en la calle de al lado. Un cine donde ponen películas de autor. Un pueblo que tiene tantas librerías y tiene un cine donde ver como Dios manda películas en la oscuridad se acerca a una especie de paraíso. Es la locura en esta tontería global que progresa masivamente en el mundo.

Está en el corazón de Gales y cuesta trabajo llegar a ese pueblo. Desde Cardiff hay que coger un tren Hereford y desde allí ir en taxi o en autobús. Vamos cruzando los pueblecitos de Gales, que tiene una población tan dispersa y hormigueante como Galicia. Y al marcharnos cruzamos el parque nacional de Brecon Beacons con sus montes de niebla y sus cascadas.

En el patio hay estanterías con libros al aire libre. Confían en ti y te piden que metas una libra en una caja por cada libro que te lleves


En el centro del pueblo está la Montaña Negra y sobre ella el castillo. Lo tienen en obras, una plaga mundial, pero fascinan sus puertas góticas. En el patio hay estanterías con libros al aire libre. Confían en ti y te piden que metas una libra en una caja por cada libro que te lleves.

Allí surgió el Hay Festival, que ahora se celebra en el mundo entero. El festín de la literatura, la orgía incontrolada de la literatura. Y ahora me entero de que en el Hay Festival de Segovia invitan a autores de bestsellers. Dios mío, la literatura está amenazada por todas partes, ya lo dice el editor deprimido de la Dublinesca de Vila Matas.

En el autobús el conductor habla con los pasajeros que están al otro extremo y los pasajeros hablan todos con todos.  Paseamos bajo la lluvia y entramos en el pub El Jabalí Azul.  Yo quería alojarme en la posada El Viejo León Negro, pero no pudo ser, y vamos allí a tomar una cerveza. En las paredes están Billie Holiday y Louis Armstrong. Hay actuaciones anunciadas. Este pueblo es un prodigio. Me gusta el León Negro, como me gusta  el Dragón Rojo de la bandera de Gales.

El río Wye pasa por la ciudad y discurre por un valle mágico que muchos recorren a pie. Luego pasa por la increíble abadía de Tintern que cantó Wordsworth y después por Monmouth, donde Geogrey de Monmouth escribió en la Edad Media su Historia de los reyes de Bretaña, que citaba por primera vez al rey Arturo.

Hay librerías extrañas y mágicas. Le digo a Consuelo: si el mundo entero se vuelve tonto con toda esa pasmonería tecnolátrica yo me refugiaré en Hay.  Me refugiaré en este santuario de la literatura, que es lo único que puede salvarnos. El mundo, como dice Enrique Vila Matas, es muy aburrido a menos que un buen escritor sepa contarlo. La literatura es lo que recoge el sabor del mundo, capta la vibración esencial de la vida. Sin la literatura estamos perdidos, nos quedaremos en un desierto tecnológico sin alma. Por eso he venido aquí, para celebrar en lo íntimo mi fiesta de la literatura.

El Hay Festival lo fundaron dos actores en los años 60 y se convirtió en la manifestación de los que aman la literatura en todo el mundo. Y así lo será, si no empiezan a llenarlo autores de bestsellers de consumo. Entonces, en lugar de comida sabrosa y mágica, tendremos comida basura.

Y además hay misterio y fantasmas. Consuelo dice que se desprende un aura especial de muchos sitios. Pasa delante de un coche vacío y se encienden los faros. Paseamos delante de un cementerio baptista que parece un cementerio cabalista de Praga con sus lápidas torcidas y su soledad, y ella lo olfatea antes de llegar allí. Serán los fantasmas de los escritores que se han mudado a este pueblo de Gales. O los antiguos bardos célticos y sus personajes fugitivos.

Al final la literatura será una religión minoritaria y perseguida como la de los cristianos en la época de San Agustín


San Richard Booth, es una pena que estés viejo y enfermo. Me hice la ilusión de que el empleado de cierta edad era Richard Booth y me hice una foto con él para consolarme. Bendita la locura santa de Richard Booth, bendito su ímpetu en favor de los libros. Al final la literatura será una religión minoritaria y perseguida como la de los cristianos en la época de San Agustín. Y Richard Booth será nuestro San Agustín loco.

Que acumulen los demás cientos de artilugios cada media hora en sus casas, o lean en pantallas de ordenador frías y abstractas. Yo me refugiaré entre los libros y el papel. Seré como un personaje de Farenheit 451 y entre nosotros sentiremos la pasión y la calidez del espíritu prohibido.

Por la ventana del hotel escuchamos la magia misteriosa del pueblo. Por la mañana está envuelto en una niebla silenciosa. Enfrente tenemos otra librería mítica de otro intrépido librero y delante de ella hay cajas de libros como las que rodean el Sena en París.  Los celtas siempre han amado los libros y la literatura. En tesoros como el Libro rojo de Carmarthen o el Libro Rojo de Hergest han incluido lo esencial de sus creaciones medievales. Muchos de esos tesoros están en la Biblioteca Nacional de Gales en Aberyswith, una ciudad literaria apartada junto al mar a la que pensaba ir. Allí nació el poeta Taliesin, el poeta mítico de Gales.

Hay, el furor de la literatura
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