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Jane Bowles, fugaz e insistente

Sí, Jane Bowles está en el cementerio de San Miguel de Málaga, en medio de tumbas monumentales y panteones, tan serios, que valdrían para tertulias de muertos, aunque ella no quería ser seria, no quería darle importancia a su vida, no quería ser nada solemne, no quería ser dama, solo quería ser algo fugaz y fascinante

Jane Bowles

SÍ, DIME que te acuerdas de Jane Bowles, la que murió en Málaga hace 35 años, deshecha por el alcohol, y tiene una tumba de mármol negro, como la de Truffaut en Montmartre, y está tan pulida que en ella se refleja el mundo, en Tánger hablaba con Truman Capote y tomaba copas con Ángel Vázquez, el autor que hablaba de La vida perra de Juanita Narboni, el escritor que ganó el Planeta y que luego no dejó dinero para su entierro, en la Universidad de Texas guardan todas sus obras y sus manuscritos, podrías ir a verlos un día, al final de su vida llevaba un gorro muy amplio y un collar de perlas, y se le veía una mirada abrumada, muy distinta de aquella radiante que tenía en su juventud, cuando aparecía en las fotos con Jane Bowles mirando el océano, o con los cabellos al aire en Centroamérica, parecía la protagonista de un relato que nunca escribió, John Ashbery dijo que su novela Dos damas muy serias era toda una leyenda, y yo ya la leí dos veces.

Sí, Jane Bowles solo escribió esa novela, Dos damas muy serias. La sitúa en Colon, a la entrada del canal de Panamá, una ciudad donde se ven casas de madera flotantes con porches y balconadas , con la ligereza de los trópicos, con jaulas de pájaros colgadas , con un calor que hace que reviente la piel, con una atmósfera intensa y camas cubiertas con colchas de encaje, allí la señora Copperfield deja al coñazo de su marido y se pone a vivir primero con una prostituta que se llama Pacífica, y que lleva a su vida el desenfado, la excitación, el movimiento, la música, las fiestas, y más tarde acaba con la burguesa Cristina Goering, que ha intentado siempre salvar su vida a base de sumergirse en lo desconocido, y las dos mujeres flotan por la ciudad de Colón, tratando de soltarse y ser ellas mismas, y olvidarse de las respetabilidades convencionales, y tal vez por ello Bowles las llama irónicamente damas y serias, aunque ella misma nunca tuvo aspecto de dama ni de seria, más bien parecía una eterna joven, y siempre aventurera, que parecía perderse por el mar, con las risas más atrevidas, con un montón de novelas en la cabeza aunque solo escribiera una, con un rastro que dejó fascinación en tantos escritores, y fascinó a un marido tan maniático como Paul Bowles, que en toda su vida de nómada y de buscador de sensaciones seguro que no encontró en ninguna parte mejor sensación que ella.

La vida de Jane Bowles que no tenía ninguna solemnidad, pero a la cual añoramos fugaz e insistentemente

Recuerda, e estilo de Dos damas muy serias es muy suelto, como hecho de ráfagas igual que el viento en los trópicos, como caen las lluvias rápidas y torrenciales en Centroamérica para después dejar el mismo brillo en todas las hojas, y está lleno de toques ágiles y de sensualidades frescas, tiene muchos diálogos rápidos que dan una animación constante, como si siguiéramos a las dos mujeres en su deambular por Colón y por los estados de ánimo y por las noches, usa párrafos cortos como si nada tuviera importancia, como si le quisiera quitarle solemnidad a todo, porque nada tiene por qué ser solemne, porque en mitad de los vientos y los temblores de tierra todo parece frágil y solitario, y también parece un poco trágico como las casas de madera que pueden romperse junto al mar, algún personaje les dice que Ciudad de Panamá es más seria, es más sólida pero las dos mujeres prefieren Colón, prefiere esa ciudad de paso y sus balcones y cortinas agitadas y su aire de viaje y sus músicas de polvo, y todo para ellas es como una fiebre, tiene algo de grotesco, pero también es muy interesante, y en el fondo no tiene importancia, como la vida en general, como la vida de Jane Bowles que no tenía ninguna solemnidad, pero a la cual añoramos fugaz e insistentemente: "Esta última posibilidad le pareció de un interés considerable a la señora Goering, pero no de gran importancia", porque todo para Jane podía ser muy interesante y a la vez muy prescindible.

Sí, Jane Bowles está en el cementerio de San Miguel de Málaga, en medio de tumbas monumentales y panteones, tan serios, que valdrían para tertulias de muertos, aunque ella no quería ser seria, no quería darle importancia a su vida, no quería ser nada solemne, no quería ser dama ni seria, solo quería ser algo fugaz y fascinante como aparece en sus fotos, en sus escritos rápidos y fugaces, en la estela que dejó en tantas personas, y ella que está en segundo plano para tantos lectores o críticos sesudos, de repente se pone en un primer plano afilado, tal vez hiriente, para volver a marcharse otra vez, para decirnos que esa novela no pretende llenar una estantería, no pretende ser encuadernada en pasta dura y tener peso en las manos, y que sus obras completas son tan incompletas, y tal vez por eso, porque cabe en las manos, igual que su rostro cabe en una mirada al pasar, se quedará más en nosotros al final que muchos mamotretos, que tantos que intentaron explicar el mundo y no explicaron nada, y ella que solo quiso latir y vivir rápidamente y reír de una forma tan encantadora en un barco al final será el rostro de la nostalgia y de lo más inasible de la vida.

Sí, una vez Tennessee Williams dijo que ella era la mejor escritora de ficción en lengua inglesa en el siglo XX, y Tennessee Williams sabía de lo que hablaba, y conocía a muchos personajes locos y fugaces y sin abrigo como Blanche du Bois o la gata sobre el tejado, y como a él no le gustaban las mujeres sabía muy bien qué encanto increíble puede tener una mujer, y él sabía captar muy bien lo que tuvieran de embrujo las mujeres, porque llenan todas sus obras, y lo cierto es que Jane Bowles tuvo una personalidad fascinante, y se vino a morir a Málaga en 1973, alguien podría ir a su tumba con una botella de champán y felicitarla cada año por su vida, que es irrevocable como diría Rilke, y yo muchas veces la dejo pasar entre muchos nombres, y no la tengo entre mis admiraciones más sólidas, pero vuelve al ciclo de mis admiraciones, y vuelve muchas veces insistentemente, y no puedo quitarme de la cabeza esas fotos en que está con Paul Bowles y parece mucho más significativa que él, o esas otras fotos en que parece que está perdida y al mismo tiempo viviendo, como estaban perdidas sus dos mujeres en las calles de Colón, hormigueando, sintiéndose inquietas, queriendo escapar de las piedras, de las rigideces, de las certidumbres demasiado encerrantes, de los volúmenes gruesos, de los maridos pesados.

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