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Poeta corriendo tras una estatua

Xavier Villaurrutia pertenecía a Los Contemporáneos. Querían romper con la literatura anquilosada y enseñaron a Octavio Paz

Xavier Villaurrutia
Xavier Villaurrutia

OYE UN grito de una estatua y la sigue. La estatua dobla la esquina. Corre hacia ella y encuentra solo un grito. Quiere tocar su grito y encuentra solo un eco. Quiere agarrar el eco y encuentra solo un muro. Corre hacia el muro y toca un espejo. Encuentra en el espejo la estatua asesinada. La saca de la sombra ensangrentada y la viste. La acaricia como a una hermana y juega con sus dedos. Cuenta en su oído miles de segundos. Y al fin la estatua dice: "Estoy muerta de miedo".

Villaurrutia pertenecía a Los Contemporáneos. Querían romper con la literatura anquilosada y enseñaron a Octavio Paz. Su principal cómplice fue Salvador Novo, que escribió como él sobre la noche. Querían eliminar lo folklórico y lo estridente. Querían hablar de la angustia contemporánea, como los grandes escritores europeos. Bebían del surrealismo o de Kafka.

Yo iba por la calle Puebla, en la Colonia Roma, el otoño del año pasado. Empezaba en la Casa de la Bruja en la plaza Río de Janeiro, subía unos metros por Orizaba y seguía por Puebla hacia el oeste. En el número 247 estaba la casa donde vivió y murió Villaurrutia y lo evoqué intensamente. Y otra noche paseaba por la Colonia Condesa, donde vibra la movida mexicana, y me encontré de golpe la Casa de la Cultura Xavier Villaurrutia y me quedé mirando mientras decía: "Tal vez esté aquí dentro el hombre con su estatua". Y más tarde pasé una noche en el Hotel Puebla, miraba la calle como cuadro de Hopper por la ventana y me dije: "A ver si va a pasar corriendo la estatua manchada de sangre".

"El principal cómplice de Villaurrutia fue Salvado Novo, que escribió como él sobre la noche"

El poema Nocturno de la estatua pertenece al libro Nostalgia de la muerte. En él Villaurrutia expresa las cualidades de la noche: "Todo lo que la noche/ hace huir de las cosas:/ el vaho del deseo,/ la fragancia sin nombre". En la noche salen los miedos metafísicos: "Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos/ nada podemos contra la secreta ansiedad". La existencia es en el fondo inquietud, como decía Heidegger, y la noche lo revela. Por eso en ella se manifiestan el miedo y el grito, lo que se reprime durante el día: "Tengo miedo de mi voz/ y busco mi sombra en vano". El desasimiento y el ansia descubren, como en algún poema de Cernuda, lo que uno es: "Sin brazos que tender/ sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible". La noche se entiende con el piano y el secreto, y la muerte sería esa noche definitiva, ese latido más allá del latido.

"Querían eliminar lo folklórico y lo estridente. Bebían del surrealismo o de Kafka"

Tal vez la estatua es él mismo. Se busca a sí mismo virulentamente en la noche y no se encuentra. O se encuentra asesinado y se acaricia a sí mismo y trata de reafirmarse. Y se cuenta el tiempo a sí mismo al oído como un montón de latidos interminables. Pero descubre que es puro miedo y que no tiene asidero. Está la inquietud del expresionismo europeo o del existencialismo. Está el soltar los sueños y la marea inconsciente del surrealismo sin represiones.

Tal vez la estatua es su amor. Es el pintor Agustín Lazo con el que mezcló el cuerpo durante años. Tal vez su amante también era huidizo, quería captarlo del todo en miradas o en posturas en la cama pero nunca pudo hacerlo. Su amante huía como la estatua, gritaba en la noche de la existencia doblando las esquinas y se escondía en el espejo, y él trataba de atravesarlo, pero lo descubría al final como puro miedo. Villaurrutia murió en 1950 a los 47 años, oficialmente de una angina de pecho, pero había dejado una especie de despedida, y muchos sospechan que se suicidara con medicamentos.

La noche es la inquietud de Heidegger. Heidegger dice que el ser es tiempo, que la esencia solo es existencia, y que el hombre es pura inquietud, andar por sendas perdidas, perderse en el bosque. Y la noche, cuando se calla todo, cuando el hombre abandona su existencia inauténtica, de ser anónimo, de Man abstracto, lo muestra como puro temblor, como pura ansiedad. Y en esa ansiedad consistimos. Como Kierkegaard decía que somos temor y temblor. Y también Villaurrutia en la noche persigue a una estatua que grita, y que no puede asirse, igual que nosotros mismos, y que se esconde en un espejo. O que está detrás de un muro, como diría Sartre.

En verso suena mucho más inquietante, si existe la poesía es por algo, la poesía no es ningún adorno frívolo: "Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera/ y el grito de la estatua desdoblando la esquina./ Correr hacia la estatua y encontrar solo el grito,/ querer tocar el grito y solo hallar el eco,/ querer asir el eco y encontrar solo el muro,/ y correr hacia el muro y tocar un espejo". La noche es el momento de la revelación, de enfrentarse a la soledad radical: "Hallar en el espejo la estatua asesinada,/ sacarla de la sangre de su sombra,/ vestirla en un cerrar de ojos,/ acariciarla como a una hermana imprevista/ y jugar con las fichas de sus dedos/ y contar a su oreja cien veces cien cien veces/ hasta oírla decir: estoy muerta de miedo".

Yo iba por la calle Puebla en Ciudad de México y tenía miedo de que apareciera la estatua gritando, de que los muros se transformasen. De hecho en muchos edificios de la época art nouveau había muchas quimeras y monstruos inquietantes. La Colonia Roma es tranquila y no hay violencia pero es intranquila la existencia profunda. Tal vez hasta llegar a una calma más profunda todavía.

En la Colonia Roma estaban todos. El gilipollas de William Burroughs mató a su mujer jugando a Guillermo Tell. Jack Kerouac componía los poemas de Mexico City Blues. Allí vivía Ramón López Velarde enfrente del Hotel Milán. Allí situó José Emilio Pacheco Las batallas en el desierto.

Las estatuas me hablaban en la Colonia Roma. Había una en el patio de la Casa Lam que tenía pico de pájaro y alas de ángel. Y miraba hacia otro lado, no quería saber nada de mí.

Las estatuas nos huyen. Vinieron como decía Miguel Ángel del interior de las piedras y quieren volver a ellas. Rilke refirió en un cuento como Miguel Ángel encontraba las estatuas escondidas en los bloques, primero las escuchaba allí dentro y luego las iba sacando. Pero muchas quieren volver a su noche y su secreto.

No paro de regresar a ese poema. A veces yo he interrogado a las estatuas. Como las interrogaban en la película El año pasado en Mariembad. Me acerqué a ellas ansiosamente y quise saber qué decían. Y en ocasiones las escuché de verdad.

Poeta corriendo tras una estatua
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