martes. 12.11.2019 |
El tiempo
martes. 12.11.2019
El tiempo

Sueños chinos

La literatura se nutre de sueños. Y si es literatura realista es porque da a la realidad la intensidad del sueño. La realidad normal es mentira, está falseada por las normas, y la literatura descubre lo que hay tras ella. Los chinos tuvieron el taoísmo y en él se basaron todos los sueños de la literatura y la pintura

EN PINTURA a los paisajes con alma de Li Cheng, como el Templo budista en las montañas. En literatura las pinceladas oníricas de Li Po sobre la naturaleza misteriosa.
El sabio Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Pero al despertar no sabía si era Tzu que había soñado que era una mariposa o era una mariposa que estaba soñando que era Chuang Tzu. Esta historia aparece en el taoísta Libro de Chuang Tzu. La comentaron miles de veces miles de autores. Especialmente la comentó Li Po. Demuestra que los chinos no solo construyen murallas y normas imperiales sino que también levantan pabellones y creen en lo incierto y en lo fluyente y en la fantasía y en la levedad apasionada.

Li Po –ahora lo llaman Li Bai–, el hippy más genial de todos los tiempos, que lo rompe todo, lo sueña todo, se emborracha con todo, soñó un día que estaba en una montaña donde una pluma enorme flotaba sobre el mar de nubes. Pensó que si alcanzara la pluma podría pintar un paisaje en el cielo. De repente surgió una música y de la pluma salió una flor roja. La quiso coger y se despertó. Decidió visitar todas las montañas de China para encontrar aquella montaña, y resultó que era Huang Shang, la Montaña Amarilla, al sur de Nankín: "Treinta y seis picos extraños,/ los inmortales con nudos negros en lo alto,/ el sol por la mañana golpea las copas de los árboles,/ aquí en este mundo celeste de la montaña".

El sueño del pabellón rojo, de Cao Xue Qin, en el siglo XVIII, es una novela de más de 3.000 páginas minuciosas, lo siento, yo solo leí hasta la página 1.000. Tal vez Cao sea el Proust chino, hace poco se publicó entera en español. En ella Bao Yu, que nació con un jade en la boca, tiene mil problemas en el Jardín de la Vista Sublime para amar a su prima Dai Yu, melancólica y soñadora, hasta que ella se muere. Al final se marcha de noche entre la nieve y sueña que encuentra a Dai Yu. Y la ama sin cortapisas en el Jardín de los Inmortales. Los chinos inventaron montones de normas rígidas y de burocracias y de jerarquías imperiales, pero también soñaron muchas veces con romperlas. Confucio y Lao Tse se pelean en sus cabezas. El sueño y sus libertades estuvieron siempre en sus vidas, aunque no se lo saltaran todo y se fueran a vivirlos en los bosques como Li Po.

El pabellón de las peonías es una obra de teatro de Tang Xianzu de la epoca Ming. Lluego se hizo una ópera. Hace poco la norteamericana de origen chino Lisa See publicó una novela muy sugerente basada en ella. Liniang, la hija de un funcionario, sueña que es la amante de un joven llamado Liu. Y como no puede ser real , se muere de tristeza. Pero el joven existía en otra parte y también había soñado con ella. Un día pasa casualmente ante su tumba y la reconoce por el retrato que hay junto a la losa. El alma de ella vaga por allí y el joven la añora tanto que ella acaba por hacerse otra vez de carne y hueso. Lo mismo ocurría en una novela de mi abuelo, José Costa Figueiras, que se desarrolla en Chantada, y no creo que supiera nada de literatura china. Pero es que en Galicia o en China el deseo de vivir más nos lleva a la libertad de los sueños. 

Mucho antes Wang Wei, bajo la dinastía Song, en la ciudad de lagos de Hangzhou, soñó en el poema ‘En el jardín de los pimenteros’ que con la flor de la canela atraía a las princesas. Por las hierbas de su jardín se acercaban las más bellas damas. Y con el polvo de la pimienta sobre una alfombra de jade hacía que las diosas bajaran de las nubes. Porque, claro, las diosas chinas, aprecian la buena comida, y la pimienta. Igual que los muertos de Álvaro Cunqueiro. Y reconstruyen el universo por los olores, como hacía Marcel Proust. Y es que el mundo no tiene fronteras ni límites más que los que nosotros le ponemos, y tiene mucho más encanto del que los mecanicistas modernos le robamos.

De modo que los sueños se saltan las fronteras entre los sexos y entre las épocas. Y entre los mundos, y entre la sopa de apio y las vivencias más sublimes

El poeta Huang Tinjian, en el siglo XII, soñó que encontraba a una anciana y en su casa comía sopa de apio. Luego en la realidad encontró la casa de la anciana y resultó que la sopa la ponía para su hija muerta. Y que esa hija muerta había sido él en otra vida. De modo que los sueños se saltan las fronteras entre los sexos y entre las épocas. Y entre los mundos, y entre la sopa de apio y las vivencias más sublimes. Lo que digo: solo nuestros prejuicios marcan los conceptos estancos.

El poeta contemporáneo Luo Zhihai, que nació en 1954, y no fue esterilizado por las simplezas de Mao en la Revolución Anticultural, también sabe soñar y en un pareado dice con ecos del Cantar de los cantares: "Mi corazón inteligente tejió un sueño chino lleno de colores,/ mi mano maravillosa describió con inteligencia unas cejas como las hojas de los sauces".

Pero aún no sabemos de dónde vienen los sueños. Tal vez también muchos engañan, tal vez juegan con nosotros. El novelista Lu Xun escribió el Diario de un loco, su casa se puede visitar en Shangai. El loco cree que sus vecinos quieren comerlo, más tarde la locura se le pasa –tal vez después de dormir bien, los sueños nos devuelven la sensatez, nada más sensato que los cuentos de hadas, decía Chesterton–, Lu Xun en un poema dice que vienen muchos sueños con el anochecer, que el último sueño devora al anterior y este devoró a su vez a otro. Y que todos son negros como la tinta, y que todos presumen de su buen color. Pero: "Y el sueño que nos habla ¿quién es en realidad?/ Vete a saber que nos esconde: quizás la fiebre y el dolor de cabeza".

Y es que es verdad, puede ser que los sueños digan cosas trascendentes sobre nosotros. Pero tal vez nosotros mismos no somos tan trascendentes. Y tal vez somos solo un dolor de cabeza. Los sueños de Novalis sobre la búsqueda de la flor azul son muy místicos. Los de Richter sobre Cristo diciendo que Dios no existe son más burlones y desconfiados.

Los chinos han soñado con Lao Tse, aparte de encerrarse en normas con Confucio. Siempre han soñado. Pero eso no tiene nada que ver con el sueño chino de que hablan los políticos actuales. Es algo mucho más inveterado. Mucho más profundo.

Sueños chinos
Comentarios