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Los artículos que, en barra libre, publico los domingos en la última página de la edición impresa de El Progreso.

Vuelo de descubrimiento

MEDIO PAÍS, ciudadano arriba ciudadano abajo, vuelve este lunes al tajo, sin demasiada convicción. Las recomendaciones del propio Gobierno para los que regresan al trabajo parecen un tratado de indecisión, como las indicaciones de unos padres cuando dejan a su hija adolescente salir por primera vez de noche y antes de que salga por la puerta ya se están arrepintiendo: si se nota algún síntoma, no vaya; mejor no usar transporte público; no se le ocurra tocar a nadie ni con un palo; lavar la ropa a temperatura cercana a la incineración... Dudo de que estas medidas transmitan mucha seguridad, pero tranquilidad, ninguna.

Supongo que con la que está cayendo ningún momento es bueno para retomar la actividad laboral y que tarde o temprano habrá que hacerlo, pero quizás habría que haber aguantado un poquito más las presiones de algunos sectores económicos. Más que nada porque el comité de expertos que está asesorando a las autoridades en esta pandemia ha advertido de que todavía es pronto para tomar esta medida, y que todavía desconocemos cosas tan básicas como si los pacientes que ya han sido infectados y han superado la enfermedad pueden volver a contagiarse.

Será por eso que no se me va de la cabeza un caso del que han informado esta semana oficialmente las autoridades francesas sobre un incidente sucedido en uno de sus cazas militares. Según ha recogido el blog de divulgación tecnología Gizmondo, un tipo, un civil empleado de una empresa contratista fabricante de armas, estuvo a punto de liarla gorda cuando accionó por error el asiento eyectable del avión en que realizaba un vuelo de cortesía.

Frutería

La historia es tal disparate que no pasaría el filtro de fake si no viniera de una fuente oficial. Se ve que un grupo de colegas contratistas le regalaron a su colega lo que llaman un "vuelo de descubrimiento" en un caza del Ejército francés, que debe ser lo más habitual entre los vendedores de armas. Y como eran una pandilla guay, pues el protocolo para personas sin entrenamiento militar también se lo saltaron: el chequeo médico y las horas de instrucción básica en medidas de seguridad y uso correcto de instrumentos quedó reducido poco más o menos a un "¡tío, tú sube que lo vas a flipar!".

Con todo el equipo mal puesto, incluyendo el traje y el casco de oxígeno, en cuanto el piloto hizo un par de maniobras y las tremendas fuerzas G empezaron a hacer de las suyas, el tipo entró en pánico y se intentó agarrar a lo primero que pudo, que fue la correa del sistema de eyección. Por supuesto, su asiento salió volando despedido del avión, pero como todo en ese vuelo estaba predestinado a ir mal, eso los salvo: al accionar la eyección deberían haber sido expulsados los dos asientos, el suyo y el del piloto, y el caza de 70 millones de euros se habría estrellado en cualquier sitio, quién sabe si contra alguna población; pero algo falló en el sistema de manera que el del piloto no salió despedido, por lo que le dio tiempo a regresar a la base y aterrizar el avión, mientras que el hombre finalizaba su "vuelo de descubrimiento" posándose plácidamente con  su asiento y su paracaídas, sin daño.

Cuando fue rescatado lo único que dijo es que él nunca quiso volar en un caza militar, pero que fue la presión social de sus colegas lo que lo obligó a subir pese a sus nervios. Mucha suerte a los que regresen a sus trabajos este lunes.

Vuelo de descubrimiento
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