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Odio

Al parecer, la movilización feminista, secuestrada por las radicales de la ‘coño borroka’, ha sido un enorme engaño colectivo
 

Manifestación en A Coruña del Día de la Mujer. MONCHO FUENTES (EFE)
Manifestación en A Coruña del Día de la Mujer. MONCHO FUENTES (EFE)

LO QUE es el no saber. Pues no me fui yo el viernes todo contento para casa, seguro de que la movilización feminista había contado con tal generalización y magnitud que el éxito había rebasado de largo hasta las previsiones más optimistas... Y resulta que no, que el que no sabe es como el que no ve, como bien nos quieren explicar desde el PP, Ciudadanos o Vox. Ya se sabe que a las mujeres, y a los hombres traidores seducidos por la ideología feminista, hay que contarnos bien las cosas y despacito, para que lo entendamos. Hasta con dibujitos, si fuera necesario.

Pues eso, que fue un gran fracaso. Sobre todo colectivo, como sociedad, pero también individual, de todas y cada una de las personas que salimos a la calle. Y es que resulta, según nos informan los Casados, los Riveras, los Abascales y los medios de su movimiento, que hemos sido todos víctimas de una enorme estafa, del que tal vez sea el mayor experimento de manipulación masiva que hemos conocido en España: la apropiación del 8M por el comunismo internacional castrador que, como una enorme vagina roja y voraz, ha engullido nuestros anhelos de igualdad para convertirlos en basura panfletaria anticapitalista. ¡Pero es que no lo veis: que nos van a matar a todos, y nosotros con estos pelos! 

Ahora que lo cuentan ellos y lo veo escrito en portadas y editoriales en las que se nos advierten sobre la peligrosidad de lo que se vivió el 8M, sí que caigo en que había señales difíciles de ignorar. Por lo que parece, mientras unas cuantas mujeres, apenas un puñado, nos adormecían con sus cantos de igualdad, otras recorrían el país formando comandos en la ‘coño borroka’, quizás incluso perfectamente entrenadas por etarras huidos. Uno de esos comandos lanzó huevos contra una sede de Vox, en lo que resultó ser un sutil pero cruento ataque contra su indubitada masculinidad; Vox ya ha pedido que sean perseguidas hasta que entreguen sus metáforas y se disuelvan. Otro grupo obligó con sus gritos a Pablo Casado a trasladar un acto electoral del parque donde se iba a celebrar a una guardería cercana; sabiendo de sus capacidades, seguramente Casado salió de allí con un máster en educación infantil y un argumento incontestable. 

Un editorial de uno de los diarios de referencia del movimiento recogía el sábado estos hechos para señalar que la movilización fue "sectaria", estuvo "instrumentalizada" y que "tales coacciones empiezan a convertirse en una tónica preocupante, por antidemocrática y recurrente"; concluía ese editorial en que todo ello juega contra el "feminismo liberal", que es el único como dios manda. Había también, creo, algo acerca de que un grupo de ministras socialistas estaban gritando consignas en una manifestación, que a quién se le ocurre, y que en no sé dónde hubo también manifestantes que reprocharon a los de Ciudadanos su feminismo de prostitución de rostro amable y matriz de alquiler, que ya hay que estar radicalizado para no ver beneficios ni en los negocios. 

En estas condiciones, ahora lo comprendo, es natural que el PP se negara a manifestarse en favor de la igualdad para las mujeres. Y menos con ese manifiesto antiliberal que se había difundido, y que resultó ser algo tan definitivo que en dos horas de manifestación que me casqué no me encontré con nadie que hiciera una sola referencia. A mí me dio la impresión de que niñas, tenderos, profesoras, jóvenes y viejos, perroflautas y señoritingas, votantes de derecha, de izquierda o abstencionistas, homos y heteros, calvos y melenudos... estábamos allí por algo tan simple como la defensa de la igualdad entre hombre y mujer, sin importarnos una mierda lo que dijera un manifiesto del que el 99% ni habíamos leído ni intención teníamos. Sin embargo, ese es el argumento que esgrimió Casado para negarse a marchar junto a las mujeres y todos nosotros, una horda roja cegada por el odio. 

A la misma hora, eso sí, su mano derecha y secretario general del PP, Teodoro García Escudero, recibía en su sede de Génova a los representantes de Hazte Oír, que le hicieron entrega de unas firmas para solicitar la derogación de lo que ellos, Vox y ahora también el PP y la dirección de Ciudadanos llaman "leyes de género". Aprovecharon además para conocer los planes de Casado para limitar el derecho al aborto en el momento en que pille cacho. sin embargo, las que supuramos odio somos las cientos de miles de personas que estábamos en la calle exigiendo igualdad. 

En fin, que no voy a perder ni un segundo en insitir en lo evidente de la necesidad de la movilización feminista ni en argumentar lo que no admite ni duda, ni réplica, ni siquiera matiz. Por suerte para la derecha ultra, media y medioultra, ningún partido e ideología política tiene capacidad de convocatoria para conseguir una respuesta como la que este 8M se ha visto por parte de la ciudadanía. A esta llamada acudimos quienes quisimos y por una razón muy simple, y se borraron los que quisieron por una razón igual de simple. Cada uno que responda por sí mismo. 

Está claro que no han entendido nada, bien es cierto que unos menos que otros, pero esto no va de partidos. No son el culo del mundo, al menos de un mundo del que formen parte sustantiva las mujeres. Lo que deben preguntarse unos y otros es cómo pretenden asegurar su propia supervivencia política de espaldas al feminismo. Este cambio es imparable, tardará más o tardará menos pero se hará, y se hará junto a ellos o por encima de ellos. Aún están a tiempo de elegir el bando correcto, muchos ya lo hemos hecho.

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