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El fin

El último entrenamiento de Cota. DP
El último entrenamiento de Cota. DP

Esto es el fin. Cumplidos los seis meses desde que empecé este reto, me he quedado a medias. De los veinte kilos que me habían propuesto he bajado diez y medio. Eso me pasa por dejarlo todo para el último día. Por mi parte, no lo dejo así, claro. Ya que uno se acostumbra al ejercicio y a la dieta, no cuesta tanto mantenerlo.

Se nota. Esta semana fui por última vez con Ventín, my personal trainer. Se trataba de repetir la primera prueba con la que empecé hace medio año: caminar seis minutos sobre una cinta. Pues bien, aquella vez hice 310 metros y acabé ahogado; ahora llegué a los 400 y lo hice sin mayor esfuerzo. Es la diferencia entre estar más en forma o menos. También entre mover 10 kilos menos o más. Ahí es donde se nota, al caminar, y más viviendo en una ciudad como Pontevedra, con un alcalde que no nos deja coger un coche ni para ir al estanco, con lo divertido que era antes ir sentado a todas partes. ¡Ah, qué tiempos!

Termino con un peso de 112,9, o sea que esta semana bajé casi un kilo, más que nada porque no tuve mayores compromisos. Las comidas y las cenas fuera de casa son las mayores enemigas que tenemos los obesos androides. De no ser por ellas hubiera llegado a los 20 kilos propuestos sin grandes problemas. Cuídese de ellas, hágame caso, que sé lo que digo.

La experiencia valió la pena, lo juro. Sentirse uno algo más ligero es bueno, también lo juro
 

Fui también a ver a mi psicólogo, Iago Roel. Llevaba dos semanas esquivándolo con enorme eficacia, pero finalmente me decidí a visitarlo. Le preocupaba que al acabar esta sección dejara la dieta y el ejercicio. Me dijo que el no cumplir del todo mi reto no debe considerarse un fracaso, tome usted buena nota, sino un primer paso, que si alguien quiere correr una maratón tiene que empezar por cubrir un kilómetro y luego dos, pues de otra manera nunca lo conseguirá. Es una máquina de motivar, el tío. Y me dio un buen consejo cuando le dije que lo de ponerme horarios para salir a caminar no era lo mío. Me propuso subir y bajar las escaleras a pie cada vez que entre o salga de casa, pues de esa manera el ejercicio se hace sin darse uno cuenta. Será mi nuevo hábito.

Pues hasta me da un poco de pena. Tanto Roel como Ventín y mi nutricionista, Lucía, se esforzaron al máximo, nunca me dieron por un caso perdido y jamás se desesperaron. Estuvieron ahí en todo momento, me pusieron las pilas cuando me descuidaba y me animaron cuando me frustraba. Cada uno lo hizo a su manera pero todos lo hicieron bien. Les estaré eternamente agradecido, seré su mejor amigo hasta que se mueran e iré a sus entierros a llorar y a chillar como una plañidera. Lo mismo digo de Anxo, el socio de Ventín, que durante todo este tiempo no dejó de enviarme mensajes amenazantes. Gracias, mal bicho.

El principal objetivo de los obesos androides, y supongo que de los que no son androides pero sufren cualquier otro tipo de obesidad, es el cambio de hábitos por unos más saludables. Y eso lo he conseguido en buena medida. Ahora como mucho mejor, por ejemplo. Cosas que ni sabía que existían, caso de los productos de la huerta: verduras, legumbres, fruta y esas otras porquerías ya me gustan, para alegría de mi señora herbívora, que fue la que más entusiasmo puso en este asunto. He renunciado al pan, al que estaba enganchado como un yonqui, y si alguna vez lo pruebo es poco e integral.

Cota en su último entrenamiento. DP

Otra cosa que no había hecho jamás era el ejercicio. Y cuando digo jamás es jamás, salvo una vez que fui a jugar un partido benéfico y entre yo y la presidenta de AJE, con la que compartía equipo, conseguimos que nos metieran dos goles en un minuto y medio, tiempo que tardó el entrenador en echarnos del campo.  Pues ahora lo del ejercicio lo llevo bien y hasta lo disfruto, aunque si yo fuera entrenador no me convocaría a un partido benéfico.

La experiencia valió la pena, lo juro. Sentirse uno algo más ligero es bueno, también lo juro. 

No cansarse cada veinte metros, subir cuestas sin gran esfuerzo, pasear, comer bien, todo eso está bien, aunque yo no lo sabía. Empecé esto como un juego y acabé tomándole gusto. Lo recomiendo. Y eso lo hice saltándome las normas una y otra vez. Eso no lo voy a recomendar, pero sí le digo que tampoco es tomarse estas cosas como si uno entrara en una secta, pues de haberlo hecho así hubiera plantado a la segunda semana y la cosa era no rendirse.

Pues bien. La próxima semana empiezo aquí nueva sección. Ahora van a convertirme en el Iker Jiménez del periodismo gallego, que es otra cosa para la que carezco de talento, como para todo lo demás. A ver qué sale.

Por el camino seguiré adelgazando, o ése es mi propósito. Hágame caso y adelgace usted también si está harto o harta de que los niños crueles se rían de usted por la calle.
 

El fin
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