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Suicidio en dos capítulos

OÍ HABLAR POR PRIMERA VEZ d e Rodolfo Grande Salgueiro solo hace tres años. Murió joven y dejó una obra casi indetectable; hay que perseguirlo al microscopio. Pero al fin cayó en mis manos ‘Una vida en seis meses’ (Aguilar). Es una novela corta, publicada en 1959, que narra la crisis de un muchacho de 19 años, en muchos aspectos parecido al autor, que se encamina al suicidio tranquilamente. Todo le parece insulso y carente de sentido. "Esa vida de levantarse temprano o tarde, de jugar partidas de cartas, de ir al cine, de buscar novias que se den, de magrearse un poco bailando, me repugna. Y hacerse un ratón de biblioteca hasta tener que usar gafas de cristales muy gordos, incluso escribir o pintar, y así, sin esfuerzo, ganar fama y dinero, ¿a qué conduce?", se dice en un momento dado. El joven enfila el suicidio no por amor, ni por una quiebra familiar, sino "para ver, para saber, qué hay detrás de la muerte, qué es la muerte". En cierto sentido, tiene curiosidad.

Es un texto autobiográfico en el que su autor, según él mismo subraya en el prólogo, no escribe "lo vivido, sino lo soñado". ¿Ah, sí? El caso es que dos años después de la publicación de la novela, Grande Salgueiro y su mujer, Ana María Esselen, de origen belga, se suicidaron en Salamanca empleando el mismo método que puso en práctica el protagonista de ‘Una vida en seis meses’. Fue como un suicidio en dos capítulos. Él tenía veintitrés años y ella veintidós. Iban a ser padres, y lo sabían. Pero su determinación no se doblegó ni por esas.

Rodolfo y su mujer, de origen belga, se suicidaron juntos. Él tenía 23 años y ella 22

Grande Salgueiro había nacido en A Coruña (1937), aunque su familia residía en Ourense. Estudiaba el quinto curso de Lenguas Modernas en Salamanca, adonde había llegado tras pasar por la Universidad de Santiago de Compostela. Además de una novela, había escrito algunos poemas y cuentos. En una nota publicada en La Vanguardia a finales de marzo de 1961, se señalaba que "según todos los indicios, el matrimonio era muy feliz". Quizás sí, quizás no. Se habían conocido en la facultad de Letras, en la que Ana María recaló en 1960 desde Bélgica, a fin de asistir a un curso de filología hispánica. El 8 de junio de ese mismo año se casaron. Hay vidas que mantienen el equilibrio a cambio de ir a toda velocidad. El diario catalán recogía que la posición acomodada de ambos les permitía llevar "una vida desahogada, sin estrecheces". Después de la boda adquirieron un piso "amueblado con sencillez, pero con gusto", y un automóvil Volkswagen con matrícula belga. Dedicaban muchas horas a escribir, y recibían gran cantidad de "revistas y correspondencia del extranjero". Hacían vida apartada, asistiendo a clases y sosteniendo relaciones con pocos amigos.

El 25 de febrero avisaron al portero del edificio de que se iban de viaje, y guardaron el coche en el garaje. Sin embargo, después se encerraron en su apartamento, escribieron varias cartas, y a continuación se quitaron la vida de común acuerdo, ingiriendo fuertes dosis de barbitúricos. En ‘Una vida y seis meses’, el protagonista acudía a la farmacia a comprar una buena dosis somníferos. "No es caro dejar este mundo: veintitrés con ochenta pesetas", comentó casi con humor al salir con dos tubos de Veronal, que a la postre no bastarían para matarlo, gracias a la intervención milagrosa de un vecino.

Sus cuerpos se descubrieron el 20 de marzo, casi un mes después, en no demasiado buen estado. Nadie los echó de menos hasta que la madre de Ana María viajó desde Saint Vith para ver a su hija. Al dirigirse a su casa se encontró con que estaba cerrada a cal y canto y no respondían. Cuando miembros del Cuerpo General Policía derribaron la puerta hallaron muerto al matrimonio. Los escritos y documentos que había en la vivienda explicarían parte de lo ocurrido allí dentro, según la prensa. Los fallecimientos precedieron al fallo, el 5 marzo, del premio nacional de novela corta del SEU (Sindicato Español Universitario), que recayó causalmente en un manuscrito de Grande Salgueiro, titulado El chulo, y que hoy es muy difícil leer, pero no absolutamente imposible.

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