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¿Y si todo hubiera sido distinto?

Juan Tallón refiere la huida imposible de Hitler a Argentina en un submarino y otros clásicos de la literatura postnazi

HAY UN CURIOSO capítulo de la literatura nazI, por llamarla así, que abarca aquellas obras en las que se recrea un final alternativo al que tuvo la II Guerra Mundial. Me interesé por el tema leyendo Contractuales (Turner), de Richard J. Evans, un ensayo en el que examina la afición de algunos nuevos historiadores a establecer qué podría haber ocurrido si los algunos hechos relevantes hubiesen sido diferentes a como resultaron. «Imaginar cómo habrían sido las cosas si los nazis hubieran ganado la guerra ha sido durante mucho tiempo un pasatiempo habitual de novelistas, guionistas de televisión y cineastas», señala Evans. El historiador Gavriel Rosenfeld, por ejemplo, catalogó en 2011 más de un centenar de obras de historias alternativas del nazismo. En setenta de ellas los nazis ganaban la guerra, en veintinueve Hitler se escapaba del búnker en 1945 y en dieciocho ni siquiera existía.


Finalizada la contienda, uno de las primeras obras de ficción contrafactuales fue Si Alemania hubiera ganado, de Randolph Robban, que toma como elemento de partida el uso de la bomba atómica por parte de los alemanes, que ponen punto final a la guerra arrojándola sobre Londres y Chicago. Después, Alemania y Japón llevan a juicio a los dirigentes aliados por crímenes de guerra y ocupan la Unión Soviética. Menos satírica fue Si Gran Bretaña hubiera caído, de Norman Longmate, que plantea un escenario en el que la fuerza aérea británica pierde la batalla de Inglaterra y el Rey huye a Canadá, mientras Churchill fallece luchando contra los invasores. Tras su muerte, los británicos se rinden, y Alemania nombra al duque de Windsor jefe de estado títere. Entretanto, los ocupantes desmontan la columna de Nelson en Trafalgar Square y se la llevan a Berlín, al igual que muchos de los bienes de museos y galerías.


En los setenta, títulos como Hitler vuelve, de Philippe van Rjndt, u Operación Lucifer, de David Charney, trazaron escenarios en los que Hitler sobrevivía al fin de la guerra y era capturado. En los noventa se produjo la oleada de libros en los que Hitler y Eva Braun huían vivos del búnker. Inició la moda un cirujano británico, W. Hugh Thomas, que pretendió demostrar que los restos carbonizados hallados en el jardín de la Cancillería del Reich no eran de Hitler y Braun. Thomas presentó datos forenses «aparentemente plausibles». Años antes, sin embargo, había sostenido que Rudolf Hess, condenado a cadena perpetua en Núremberg, no era en realidad quien parecía ser, y posteriormente sostuvo que Heinrich Himmler, del que testigos oculares hicieron constar su suicidó en 1945, también era otra persona. «Thomas tenía demasiada tendencia a descubrir dobles improbables», sostiene en su ensayo Richard J. Evans.

Sus teorías fueron aprovechadas por otros autores, como Gerrard Williams y Simon Dunstan, que en El lobo gris alimentan la huida de Hitler y Braun a la Patagonia, después de escaparse de su refugio a través de un túnel secreto, para más tarde llegar a Argentina en submarino y acabar viviendo cerca de Bariloche, donde el líder nazi murió en 1962.


Si el relato de Williams y Dunstan no se sostiene sino como ficción, qué no pensar de Operación Omega, de M. Robert K. Teske, quien relata cómo «los nazis construyeron platillos volantes antes del fin de la guerra para huir, y después se escondieron en búnkeres subterráneos» repartidos por todo el mundo. Por mucho que pasen los años, sin embargo, pocas obras soportan la comparación con El hombre en el castillo (1962), de Philip K. Dick, novela ambientada tras una guerra mundial ganada por los nazis y los japoneses, que se repartieron Norteamérica. Esta historia incluye un personaje, autor de una novela contrafactual titulada La langosta se ha posado, que describe una realidad en la que alemanes y japoneses perdieron la guerra y Hitler fue capturado. Al final del libro los personajes descubren que La langosta se ha posado, cuenta la verdad y que ellos son ficticios.

¿Y si todo hubiera sido distinto?
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