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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Algo más que tener hijos

La Xunta lanza una ley de fomento de la natalidad envuelta en una de impulso demográfico

EL CONSELLO Económico e Social del nada sospechoso Agustín Hernández, su flamante presidente, se ha convertido en un valioso Pepito Grillo a prueba de obstáculos políticos. O eso parece. Y es de agradecer. Universidades, consumidores, sindicatos, patronal, representantes de la economía social y hasta cofradías integran su pleno. Y de ese órgano ha salido un dictamen que, como un guante, la Xunta no ha tardado en recoger y hacer suyo. Se trata de la Lei de Impulso Demográfico, que pronto llegará al Parlamento. Tiene razón la conselleira del ramo, Fabiola García, cuando dice que nadie va a tener hijos porque se lo pida su Gobierno. Tampoco si se le obliga por ley. Sin embargo, un paraguas normativo de estas características, el primero que se aprueba en España, demuestra algo más que sensibilidad frente al que es el principal problema estructural de Galicia, la despoblación y el envejecimiento. Es el inicio de un viaje.

Sobre el papel, una inversión anual de unos 800 millones de euros acompañará a una ley que recoge y ordena normas ya en vigor y que inciden, básicamente, en dar facilidades a las familias para tener hijos: fomentar la conciliación, extender la gratuidad de las guarderías a partir del segundo hijo, dar flexibilidad horaria para los empleados públicos al cargo de familiares enfermos o ampliar las ayudas por nacimiento para hogares vulnerables. En síntesis, el Gobierno gallego se lo quiere poner fácil a quien quiera tener hijos.

La norma incluye también la creación de un comité de ética de los servicios sociales en Galicia, una estrategia contra la soledad no deseada y potenciar el programa de recuperación de viviendas vacías. Sin embargo, tanto el propio Feijóo, en la presentación de la ley, como la conselleira de Política Social, apuntan básicamente en una sola dirección: hacen falta gallegos, en palabras de Manuel Fraga. Se trata, por lo esbozado, de una ley de fomento de la natalidad antes que una de impulso demográfico. Y aquí entra en juego ese Pepito Grillo que es el CES. El Gobierno gallego asume gran parte de las propuestas del organismo de Agustín Hernández y mantiene que se han modificado 26 artículos de los 106 que conforman la ley. Sin embargo, el aroma que desprende el dictamen del CES apunta algunas lagunas, más allá del articulado alternativo que en detalle propone y la Xunta encaja. Es una cuestión casi filosófica. Y va en una dirección: la falta de una verdadera política demográfica, contemplada desde todos sus ángulos. Porque hay unos cuantos.

Para el órgano consultivo, “es necesario un compromiso estratégico que permita establecer medidas estables a medio y largo plazo, así como adoptar nuevos enfoques que permitan gestionar con éxito este reto demográfico”. Al margen de llamar la atención sobre la “limitada dotación presupuestaria dirigida a nuevas actuaciones”, es decir, echa en falta recursos, el CES plantea una enmienda casi a la totalidad cuando aborda un asunto capital, el del retorno y captación de nueva población. Y es que el órgano consultivo extraña nada menos que un capítulo específico con medidas para fijar población.

Alude, en ese sentido, a toda una corriente de análisis que establece como marco temporal el medio plazo, y no el largo, como es el fomento de la natalidad, para luchar contra la pérdida de población. Por ejemplo, la captación de mano de obra inmigrante, el retorno de los emigrados, sobre todo de segunda y tercera generación, y la retención de talento, con la vista puesta en los universitarios, son los ejes de otra forma de ver la lucha contra la crisis demográfica. Fijar población, como dice el CES, pasa por introducir estos ingredientes en la coctelera legislativa.

A Galicia le cuesta captar inversión extranjera tanto como mano de obra inmigrante. También ve cómo sus jóvenes universitarios acaban en Madrid o Barcelona, a miles, precisamente cuando la economía crece, que es cuando hay oportunidades, y no en períodos de recesión. Es una lección que nos han enseñado diez años de crisis. El empleo de calidad emerge como pieza clave del rompecabezas. Solo con una política a corto y medio plazo, la de fijar población, ya sea reteniendo talento o captando mano de obra, se podrá abordar el fomento de la natalidad como fórmula, siempre complementaria y con resultados a largo. Olvidamos que somos viejos.

REYES MAROTO
►Las ministra de las incomparecencias comienza a cansar

A NADIE deja contento. Especical habilidad la de Reyes Maroto, ministra de Industria que esta semana lo fue más de Turismo, también bajo su órbita, al dejar plantada la reunión para abordar el futuro de Alcoa y optó por Fitur. Si nos atenemos a lo que dice sin decir Alcoa, que avalan los sindicatos, el estatuto de la industria electrointensiva va para largo. Más todavía si debe pasar de nuevo, como así parece, por la Comisión de los Mercados y la Competencia. Maroto había estampado su firma en el primer proyecto de real decreto que regula el supuesto salvadidas para Alcoa. También lo rubricó Teresa Ribera, en calidad de ministra de Transición Ecológica. Quizá nos estamos equivocando de puerta.

V. GONZÁLEZ FORMOSO
►La sorprendente convicción en el futuro de Endesa

ABSOLUTAMENTE convencido. Así se muestra el alcalde de As Pontes sobre la viabilidad de las pruebas que cree definitivas, y de verdad, para garantizar un futuro sin el carbón de Endesa, que pasaría por la combustión de lodos y biomasa. «Estas pruebas serán viables desde el ámbito técnico, y se pueden hacer viables desde el ámbito económico si evitamos un campo de batalla político en este escenario», advierte Valentín González Formoso. Haría bien en contar ese «plan b» que tiene para As Pontes, que no pasa precisamente por la energía, sino por la implantación de una gran industria intensiva en mano de obra que a la vez alivie a empleados y transportistas. Un viejo sueño para todos en As Pontes.

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