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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Anatomía de una crisis

El mercado laboral es el gran perdedor tras las dos recesiones pese a la recuperación del PIB

Manifestación de los trabajadores de Alcoa en Coruña. CABALAR (EFE)
Manifestación de los trabajadores de Alcoa en Coruña. CABALAR (EFE)

EN LECCIONES DE la Gran Depresión, el historiador y economista norteamericano Peter Temin se cuida mucho de poner fechas al inicio y final de lo que comúnmente entendemos por el crash del 29. Sencillamente porque, a juicio del profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), "resulta iluminador ver los treinta años posteriores a la Primera Guerra Mundial (1914) como un prolongado conflicto con una precaria tregua en el medio". Luces largas sobre la gran crisis las que proyecta el breve ensayo de Temin y, sin duda, revelador foco el que coloca el Foro Económico de Galicia sobre los últimos diez años de la economía gallega, tomando como referencia de inicio de la crisis el segundo trimestre de 2008. Abunda el claroscuro.

El laboratorio de ideas ofrece en esta ocasión una disección, propia de una anatomía forense, sobre lo que era Galicia antes y es ahora. En algunos aspectos, el nuevo análisis del Foro Económico da la crisis por superada. En otros, no. Y, en ese sentido, sus reflexiones vienen a ser afiladas advertencias. Tres son los momentos clave: el inicio en 2008; el último trimestre de 2013, cuando Galicia toma la senda de la recuperación, y el verano de 2017, momento en que logra niveles precrisis en términos de PIB real.

Hasta encarar 2018, la economía gallega llevaba algo más de dos años y medio creciendo en tasas superiores al 3%. Un bálsamo, ya que se registraba una convergencia real con la economía española al avanzar por encima de la media nacional. Galicia había tocado fondo en la primavera de 2012, tras cuatro años en caída libre. No sería hasta dos años después (segundo trimestre de 2014) cuando la demanda interna (consumo) y externa (balanza comercial) comienzan a contribuir de forma positiva al crecimiento del PIB. Hasta aquí, una singular cronología para una crisis de diez años partida por dos recesiones. ¿Y qué ha cambiado en todo este tiempo?

Para los analistas del Foro Económico de Galicia, "el impacto de la crisis en la estructura de la población constituye uno de los aspectos más preocupantes". A la pérdida continuada de residentes y el vía crucis de la baja natalidad, los autores del estudio añaden un dato demoledor: la caída de la población con edades comprendidas entre los 20 y 34 años,que presenta una redución superior a los 190.000 jóvenes en relación a julio de 2008. El descenso es del 33%. En su conjunto, el peso de la población gallega sobre el total español no llega actualmente al 5,8%, cuando antes de la crisis superaba el 6%. Somos menos y más envejecidos.

El mercado de trabajo ha sido especialmente castigado, y todavía no se ha recuperado del todo. Entre 2008 y 2013, Galicia sufrió todo un shock laboral: un paro desbocado y un fuerte descenso de la tasa de ocupación (mide el número de ocupados sobre el total de la población mayor de 16 años), que alcanzaron su techo el último trimestre de 2013, con el 21,9% y el 42,2%, respectivamente. Con la recuperación, ambos indicadores mejoran hasta situarse la tasa de paro en el 12,2% y la de ocupación en 47%. Sin embargo, en ambos casos estos registros todavía presentan niveles peores que al comienzo de la crisis.

Galicia todavía sangra por la herida. Tomando como arranque de la crisis el segundo trimestre de 2008, mientras que el PIB real supera el nivel precrisis en junio de 2017, el empleo se encuentra todavía muy lejos: la población ocupada en Galicia es todavía un 8,2% inferior, en tanto que el número de parados es nada menos que un 41,5% superior. Como para no tomar nota. Hasta finales de 2019 o ya bien entrado 2020 no habrá atisbo de retorno a la situación previa, según las estimaciones del foro.

Y, ahora, la transformación. Estos diez años han supuesto toda una mudanza para la economía gallega, inmersa en un proceso de terciarización en toda regla, donde el sector de los servicios toma la palabra: su peso supera el 68% de todo el Valor Añadido Bruto, cinco puntos por encima del registrado en 2008. Durante la crisis, el número de empresas en Galicia desciende un 5,7% (unas 11.500 menos), con especial impacto en la construcción. Con la recuperación iniciada en 2014, el tejido empresarial gallego aumenta un 4,7% (9.056 empresas más). A ello se une, en el lado positivo, un proceso de internacionalización evidente: Galicia vendía al extranjero bienes por 15.800 millones en 2008. Diez años después exporta por valor de 21.700 millones. Y dispara su saldo comercial positivo.

Ahora solo queda, como barruntaba Peter Temin, poner fecha a una recuperación que no acaba de completarse. Y saber si habremos aprendido las lecciones de la crisis. 

La AP-9, un traspaso que llega con mochila
Cualquier meta  deja de serlo una vez alcanzada, salvo la transferencia de la titularidad de la Autopista del Atlántico a Galicia. ¿Por qué? Simplemente se trata del inicio de un nuevo camino, que se atisba plagado de obstáculos. Galicia, con su Parlamento al alimón, ha logrado que se inicie la tramitación del traspaso. Un hito que tuvo esta semana hasta foto de familia en los pasillos del Congreso de los Diputados, con Ana Pastor incluida. Quien antes, como ministra de Fomento, no escatimaba argumentos en contra de la transferencia, ahora, en calidad de presidenta del Congreso, posa alegre con el resto de los diputados gallegos.

Que Galicia asuma la titularidad de la AP-9 representa, en pocas palabras, toda una aventura. Núñez Feijóo ha salido raudo para advertir que hay que dotar el traspaso, como cualquier transferencia. Quiere recursos para gestionar todo lo que se le viene encima. Porque Audasa, la concesionaria hasta 2048, tiene muchos frentes abiertos con el Ministerio de Fomento. Por ejemplo, obras comprometidas con su presupuesto contante y sonante, peajes que van a seguir subiendo debido a pretéritos acuerdos, ingresos por peajes en sombra que paga Madrid y hasta recursos por vía contencioso administrativa impulsados por la compañía contra decisiones de Fomento y Xunta. En fin, todo parecen líos.

Pese a todo, el traspaso debe ser visto como oportunidad, y no como problema. Una vez negociadas las condiciones del cambio de titularidad, haría bien la Xunta en echar un vistazo a fondo a la cuenta de resultados de Audasa y a todos los millones que gana. Para tomar decisiones.

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