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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

Batalla por Euskaltel y R

El beneficio de R es la última línea de defensa ante el plan del nuevo dueño del grupo vasco

Sede de R. EP
Sede de R. EP

Es el mercado, amigo. La antología del disparate empresarial en España tiene grabada a fuego la respuesta de un contrariado Rodrigo Rato en el Congreso, cuando en una comparecencia los diputados le inquirieron sobre el supuesto saqueo de Bankia. Es el mercado, amigo. Trasladándonos de momento y lugar, la misma respuesta podría obtener cualquier ejecutivo de Euskaltel si pregunta qué ha pasado en estos meses con el control de la operadora vasca, propietaria de la cablera gallega R. El mercado, en este caso bursátil, y el pulmón financiero de un fondo de inversión, Zegona, han pueso patas arriba la que parecía sólida estructura accionarial del grupo, que se ha saldado con su cambio de control, de consejero delegado y de cúpula directiva en menos de un mes, con la salida de una veintena de ejecutivos, de los cuales dos ocupaban puestos en R. 

Esta misma semana ha hecho una gira por Asturias (Telecable) y Galicia (R) el flamante primer ejecutivo de Euskaltel, José Miguel García. Ex de Jazztel, no parece que gaste pólvora en salvas el consejero delegado si se tiene en cuenta que los ceses de esos veinte directivos se firmaron a la semana de su nombramiento. 

Zegona ha desbancado a Kutxabank como primer accionsita de Euskaltel en el momento en el que se estaba realizando la fusión por absorción de Telecable y R, con mando para la filial gallega. También con un plan de expansión nacional que pivotaría precisamente sobre la marca comercial de R, frente a la vasca o la asturiana. La intranquilidad que dejaron las reuniones del nuevo consejero delegado entre plantilla y equipo de R, al asegurar que "de momento" no habrá despidos, pero sí traslados, contrasta con todo lo que representa la filial gallega en el entramado de negocio de Euskaltel. Porque el peso de R es determinante dentro de la compañía hasta ahora vasca. Es una evidencia, que sin duda juega a favor de los cerca de 200 trabajadores de la filial gallega ante ese futuro incierto. 

R representa, en síntesis, la joya de Euskaltel. Sus ingresos son mucho menores (aporta unos 240 millones de los 690 millones que declara el grupo al año), pero es un motor de beneficios y dividendos para la compañía con sede en Derio. Solo un dato lo demuestra: R aporta siete de cada diez euros de los beneficios que declara Euskaltel. La filial gallega logró al cierre de 2018 un resultado neto de casi 44 millones, diez millones más que en 2017. El grupo, en total, declaró unas ganancias de algo más de 62 millones el pasado ejercicio. Telecable, la otra pata, es una ruina. Los resultados son la última línea de defensa que tiene el equipo directivo de R frente a la que se avecina. 

Más allá de los números, hay unas cuantas lecciones que extraer de esta guerra por el control del grupo, que pasa por la Bolsa y que ni mucho menos ha escrito con la llegada de Zegona su último capítulo. Por ejemplo, el papelón del Gobierno vasco en este asunto, que ha visto pasar por delante una operación de compra anunciada sin que su histórica palanca financiera, Kutxabank, hasta hace unos meses primer accionista de Euskaltel, hubiera en algún momento planteado dar batalla. El lehendakari Íñigo Urkullu es el priemer descolocado, porque como en su día lo fue R para Galicia, Euskaltel es lo que se entiende como una empresa estratégica para el País Vasco. 

Por eso, a Ukullu le ha faltado tiempo para anunciar, también esta misma semana, la creación de un fondo público para invertir en el capital de empresas estratégicas. Su puesta en marcha será inmediata, durante el mes de julio, y servirá, según su idea, para invertir en compañías vascas cotizadas, con el fin de mantener su arraigo. Blanco y en botella. Ante la pasividad de Kutxabank, el sector público vasco mueve ficha para retener una empresa emblemática. El fondo, que por paralelismos bien podría operar como uno de los que en Galicia controla el Igape, caso de Sodiga, tendrá entre 200 y 250 millones de capital, y participará también el sector privado. Parece un todos a una por Euskaltel. 

Todo esto representa un sustancial contraste con la deriva que han tenido empresas gallegas también estratégicas en su día y participadas por las cajas, como fue sin ir más lejos el caso de R y Caixanova, en su momento su accionista de control, que en 2010 decidió formalizar su venta al fondo CVC. Como herencia de esa operación, hoy Abanca retiene un 4,4% de Euskaltel, aunque la estrategia de Escotet pasa más por estar atento a la generación de plusvalías con ese paquete que a intentar influir en la gestión. Conclusión: el País Vasco pierde ahora una empresa emblemática, como en su día le sucedió a Galicia. Ellos actúan.

En precampaña electoral en la patronal

Desentenderse como mejor ataque en un momento que coincide con el ecuador del ejercicio y a unos meses de una incierta convocatoria electoral en busca de presidente. Hace falta contexto para interpretar la enésima crisis en la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG), esta vez espoleada de nuevo desde Pontevedra, con tibio apoyo desde Ourense y explícito cabreo por parte de asociaciones sectoriales, que pueden ser finalmente desequilibrantes. Entre ellas se encontraría un grupo de patronales lideradas por la potente Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia. El frente desde el sur comienza a sumar.

¿Y quién se ha desentendido? Pues la patronal pontevedresa, que denuncia opacidad y falta de transparencia en los números. El origen de todo, una carta del tesorero de la patronal gallega advirtiendo de que a partir de ahora, y hasta nuevo aviso, su función no pasaría de abonar nóminas y cubrir gastos corrientes. La misiva ha encendido las alarmas para un colectivo que no cuenta con presupuesto conocido para este año ni cuentas auditadas de 2018. Todo está cubierto de un manto de neblina.

Y siendo graves los problemas, sobre todo de proyección y credibilidad para el organismo que en teoría representa al empresariado gallego, lo más difícil ahora será conseguir que alguien acepte dar el paso al frente para presentarse a las elecciones de septiembre. La posición de Pontevedra siempre está al borde de la ruptura, sin salir del paraguas que representa la CEOE, la gran patronal española. Estamos en precampaña electoral en la patronal gallega y todos estos movimientos así lo demuestran.

Inditex da con la fórmula: crece un 10% su beneficio

Calma en Arteixo. Y en los mercados. Los analistas internacionales pronosticaban previamente que, para no defraudar, Inditex debía presentar unos resultados del primer trimestre del año con crecimientos de doble dígito; es decir, por encima del 10%. Y así ha sido. El grupo textil, líder mundial de la moda y mayor empresa española por capitalización, no defrauda pese a las estrecheces del negocio del retail, en plena transición entre los formatos convencionales y la venta online y con nuevos competidores nativos. Las ventas de la matriz de Zara se situaron en 5.927 millones en los primeros tres meses, un 5% superiores a las del mismo período de 2018, cuando habían avanzado un 2%. Y los beneficios han crecido un 10%, hasta 734 millones de euros. A ver si va a tener algo más que razón Pablo Isla, el presidente, cuando advierte que la clave de los márgenes está en el modelo integrado de venta. Inditex da con la fórmula. Otra vez.

Gadisa, líder gallego de la distribución, mantiene el pulso

Peculiar guerra en lo más alto del podio la que mantienen dos empresas muy conocidas por todos, Gadisa y Vegalsa-Eroski. La primera, íntegramente de capital gallego; la segunda, una alianza sostenida en el tiempo, más de veinte años. El grupo de distribución hegemónico, por ingresos, vuelve a ser el que pilota Roberto Tojeiro. Es el más grande y el que más crece. Gadisa logró unas ventas de 1.185 millones de euros el año pasado, con un avance del 4%. Le sigue muy de cerca Vegalsa-Eroski, con unos ingresos de 1.079 millones en el mismo período, con un crecimiento del 3%. Entre Gadisa y Vegalsa suman 13.500 trabajadores. Eso lo dice todo. Con Roberto Tojeiro al frente, Gadisa es el motor de un grupo muy diversificado y con prácticamente todas sus divisiones (alimentaria, inmobiliaria, maderera y gasística) en rentabilidad tras la crisis.

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