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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El dinero también votará

La incertidumbre política es la gran preocupación para ocho de cada diez directivos gallegos

Contenedores en el Puerto de Vigo. GONZALO GARCÍA
Contenedores en el Puerto de Vigo. GONZALO GARCÍA

HABLA la primera banquera de la zona euro. La dama del dinero. Y lo hace a la vez que arranca la campaña electoral más reñida e incierta que se recuerda. Entre los mensajes de Ana Patricia Botín, una perla. La presidenta del Banco Santander, ante la junta general de accionistas, pide a la clase política "responsabilidad y madurez", que, llevado al extremo, a sensu contrario, es casi como calificar a los líderes de las principales formaciones de imprudentes e infantiles. ¿A quién estará mirando Ana Patricia? Lo cierto es que la preocupación sobre la incertidumbre política se ha colado en la agenda empresarial y ocupa el primer lugar entre los grandes riesgos que detectan los directivos sobre las amenazas para la economía española.

Nada de Brexit, duro o blando, de tensiones geopolíticas derivadas de la guerra comercial entre EE.UU. y China o de la ralentización de la economía europea, una realidad que con los datos en la mano debería preocupar y mucho en Galicia. Casi el 75% del valor de lo exportado por las empresas gallegas se dirige cada año a la Unión Europea y un 61% a los países de la eurozona, con singular concentración en Francia, Portugal e Italia. Sin embargo, nada como la incertidumbre política doméstica entre las preocupaciones de los directivos. También entre los líderes empresariales gallegos.

Un informe de KPMG, fruto de una macroencuesta entre directivos que también recoge en su muestra opiniones de empresarios gallegos, deja claro el orden de los nubarrones. Entre las principales amenazas para la economía española, los empresarios y directivos gallegos señalan en primer lugar la incertidumbre política (85% de las respuestas), seguida a mucha distancia de las tensiones geopolíticas (44%) y el debilitamiento de la economía, tanto global como de la eurozona (40%).

Y, sin embargo, pese a esos recelos sobre la que se avecina tras las elecciones, una pizca de optimismo. Los empresarios gallegos consultados por KPMG, medio centenar sobre un universo de un millar en España, tienen actualmente una visión positiva tanto de la economía española como de la gallega, aunque son realistas sobre la desaceleración prevista para los próximos ejercicios. Un 52% de los directivos gallegos consultados estima que la economía española irá a peor este año y un 44% cree que se mantendrá igual, porcentajes que se asemejan bastante a la media nacional. Ahora, las diferencias. Al preguntarles sobre la evolución de la economía gallega en los próximos doce meses, los ejecutivos gallegos son algo más optimistas. Solo un 35% piensa que empeorará, mientras que la mayoría (60%) cree que se mantendrá igual.

En determinados casos, el relato del miedo ha taponado en esta precampaña a todas esas dudas razonables que se ciernen sobre el futuro de grandes proyectos industriales en Galicia. De ahí, el ruido. Es cierto que las consultas de KMPG se realizaron entre noviembre y enero, algo a tener muy en cuenta, pero no lo es menos que, a decir por el resultado, los empresarios y directivos gallegos son algo más optimistas que sus homólogos en el resto de España y tienen mejores expectativas tanto en ventas como en inversión y plantilla. Eso lo dice todo. El 75% de los empresarios gallegos espera un crecimiento de las ventas para este año (frente al 69% de media nacional), mientras que solo el 12% teme una disminución en la facturación.

Respecto a la evolución de la plantilla, más de lo mismo. Un 52% prevé aumentar el número de contrataciones y el 18% teme tener que hacer reducciones de plantilla. Sobre las inversiones, la mitad de los directivos gallegos prevé aumentarlas, un 38% pronostica estabilidad y solo un 12% apunta a disminuciones en la inversión. Por tanto, hay fuelle entre tanto mensaje apocalíptico. Esto ayuda un poco a situarnos, no?

No todo es política e incertidumbre. Lo dice Daniel Fraga, director de KPMG Galicia al analizar los resultados del barómetro. "Los empresarios gallegos observan con inquietud la creciente presión competitiva que se percibe en los mercados en los que operan y donde el tamaño es una variable cada vez más relevante", asegura. "Y no muchas empresas gallegas tienen la dimensión requerida en estos grandes mercados, aunque algunas son realmente especialistas en su nicho". Cal y arena para poner sobre el tapete una gran verdad: el escaso tamaño del tejido empresarial gallego.

Y alguna mala sorpresa nos deja también la encuesta. Cuando se le pregunta por las áreas en las que tiene previsto invertir, un 30% de los empresarios gallegos se decanta por los inmuebles. Eso, las rentas, no es precisamente apostar por su negocio.

Nacionalización de Alcoa y sentido común
QUIEN hable en estos momentos de la nacionalización de Alcoa recibe poco menos que una explícita acusación de rojo peligroso. Siguiendo ese discurso, plantear que vuelva al Estado es propio de quien se ha echado al monte para no volver. Sin embargo, un expolítico que no oculta sus convicciones nacionalistas y de izquierda aporta algo de luz. Y, mirando a las fábricas de A Coruña y Avilés, toma como referencia los propios movimientos de la multinacional norteamericana. En este caso, en suelo italiano. El espejo está en Portovesme, en la isla de Cerdeña. Tiene bastante sentido común lo que dice Carlos Aymerich, autor de un revelador informe.
Fue algo parecido a una nacionalización transitoria lo que hizo el Gobierno italiano con la planta de Cerdeña, clausurada en 2014. Resulta que la Sepi italiana, denominada Invitalia, evitó el desmantelamiento de la planta hasta 2016, cuando un grupo suizo se decidió a adquirirla. Para entonces, y previas ayudas públicas, y garantía de contratos de suministro eléctrico a largo plazo, la planta de Alcoa en Cerdeña era del Estado italiano y de los trabajadores, con una pequeña participación.
Tras la venta al grupo suizo, el nuevo inversor controla más del 75% del capital, un 15% el sector público italiano y un 5% los empleados. La fábrica reabrirá en cuestión de meses, y comenzará a producir aluminio primario. Según el análisis de Aymerich, en 2020 estará a plena capacidad, con 376 trabajadores. ¿Suena descabellado el plan? ¿Acaso no hizo exactamente lo mismo el FROB con medio sector financiero quebrado en España en plena crisis? ¿Qué es Bankia?

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