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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El pacto canta en Galicia

Sánchez e Iglesias, firmando el preacuerdo. PACO CAMPOS (EFE)
Sánchez e Iglesias, firmando el preacuerdo. PACO CAMPOS (EFE)

AMANCIO Ortega en un nuevo rol: metáfora de un desencuentro. El fundador de Zara se convierte por accidente en piedra angular de una contradicción que aspira a gobernar España si salen los números. Tan cerca y tan lejos se encuentran las posiciones de los nuevos socios, PSOE y Unidas Podemos, que sin salir de Galicia se puede armar toda una cesta de antitéticos postulados cuyos mimbres se apoyan en la economía y las empresas, algunas en situación crítica. Y ya no es solo Ortega, un "señorito" en palabras de Pablo Iglesias cuyas "limosnas" (donaciones) aborrece el líder populista, reiterado ardid electoral empleado antes y ahora del que no quiere oir hablar Pedro Sánchez.

No hicieron falta ni veinticuatro horas tras el pacto para hacer saltar evidentes incompatibilidades. La banca cayó con estrépito en Bolsa el día después del acuerdo, con una entidad liderando el desplome como protagonista: Bankia. Pedro Sánchez y Na dia Calviño quieren proseguir con la hoja de ruta de su privatización parcial, con nuevas colocaciones en Bolsa, tras haber sido nacionalizada en plena crisis. Pablo Iglesias y los suyos miran a Bankia y ven el banco público que necesita este país, palanca de la financiación que no concede el sector privado. Hay más. Veamos el caso gallego.

Primera parada. La crisis de Alcoa. Empezando por las plantas de A Coruña y Avilés, desde el Gobierno central se buscó, y al final se encontró, un comprador como flotador de última hora para no dejar tirados a cientos de trabajadores. Frente a esa salida, que puede gustar más o menos en función de la viabilidad del proyecto de los nuevos propietarios, desde la formación morada apostaron en todo momento por la nacionalización de las fábricas, directamente. Había un matiz. Su pase al sector público sería temporal, mientras se buscase una solución a más largo plazo, con un socio sólido.

Los diputados de Galicia en Común-Podemos ven el aluminio como un sector estratégico con un único actor de peso en cuanto al producto primario, Alcoa, lo que refuerza esa tesis de la nacionalización. Se abría la puerta así al mismo destino para San Cibrao. La propuesta contiene un viaje en el tiempo superior a veinte años, cuando la antigua Inespal todavía era pública. Otra diferencia: incluso los de Iglesias presentaron alegaciones en su momento al borrador del estatuto de la industria electrointensiva elaborado por la socialista Reyes Maroto.

Más contradicciones. Reganosa, por ejemplo. La planta de gas de Mugardos, propiedad del Grupo Tojeiro con la Xunta como socio destacado en su accionariado, ha estado siempre en el punto de mira de Yolanda Díaz, ahora ministrable. La ferrolana rebajó su petición de cierre el mes pasado, pero apuntó al traslado fuera de la ría por ser un "peligro ambiental", una "bomba de relojería" al lado de núcleos de población, y una instalación "ilegal".

El PSOE cierra filas con Reganosa a través del nuevo alcalde socialista de Ferrol. Donde no hay lugar para los matices es en Pontevedra. Yolanda Díaz, que fue en las listas por esta provincia, pide también agilizar el cierre de la factoría de Ence, siguiendo los pasos marcados por el Gobierno antes de la anterior cita electoral del 28-A, al desentenderse del proceso judicial la Abogacía del Estado. Suerte que aquí, en este embrollo de la pastera, la última palabra la tiene la sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional, que decidirá y pondrá orden a la vuelta de las Navidades.

Una ministrable para Industria que solo piensa en cerrar fábricas no parece la mejor candidata al puesto. De ahí que Díaz apunte a la cartera de Trabajo en estos momentos, según diversas fuentes de su entorno. Poco o nada se sabe ahora, por cierto, de la ansiada derogación de la reforma laboral por la que suspiraba el nuevo socio de Sánchez. Ni aparece en los diez puntos programáticos del acuerdo firmado esta semana.

¿Y Endesa? En el caso de As Pontes hay cierta coincidencia: ambas formaciones consideran que la térmica es una tecnología condenada a la extinción. De hecho, Podemos llevó en su programa el cierre de las centrales de carbón en 2025. La alternativa es la misma que impulsa el PSOE: planes de transición justa. Pero hasta ahí pueden leer, porque poco o nada se sabe del futuro a corto plazo de la central, ahora parada. Los planes alternativos no pasan de borradores, pruebas o meras intenciones.

De conseguir apoyos suficientes y lograr formar Gobierno, los nuevos socios tienen una hoja de ruta clara: los presupuestos de 2019 de Sánchez que apoyó Podemos y que no llegaron a ver la luz. En esto los ricos (y Amancio Ortega) sí están en el punto de mira de una profunda reforma fiscal.

El pacto canta en Galicia