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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

El sueño de un banquero

Tras el asalto a Liberbank, queda saber qué hará Escotet con los 1.200 millones que ofrecía

Juan Carlos Escotet. LAVANDEIRA JR. (EFE)
Juan Carlos Escotet. LAVANDEIRA JR. (EFE)

CUANDO A FINALES de 2012 un desconocido banquero venezolano desembarca en Galicia con la compra de algo más del 44% del Etcheverría, el bonsai de las finanzas españolas, muy pocos imaginaban el juego que iba a dar aquella operación. De dominio público eran los problemas del vendedor, Novagalicia, intervenida por el Estado, y aquella compra se relacionaba directamente con la urgencia de Javier Etcheverría y su segundo, Francisco Botas, para dar una salida ordenada a aquella participación, heredada de los tiempos de José Luis Méndez en Caixa Galicia. Meses después vendría un discreto y fallido intento por hacerse con el Banco Gallego, en pública subasta que se llevó el Sabadell. Juan Carlos Escotet seguía siendo un singular banquero caribeño al que muy pocos ponían cara. Hasta que llegó Novagalicia, caza mayor en el mapa bancario.

Compras. Así ha crecido desde entonces Abanca, rebautizada en tiempo récord. Y así lo hizo en su día el holding Banesco, hoy el primer banco privado de Venezuela, a partir de un proceso de compras y absorciones, más de una decena, tanto bancos como pequeñas entidades de ahorro, impulsadas por un joven economista y sus socios después de una exitosa carrera como corredor de Bolsa. Fueron las plusvalías de la venta de esa agencia de valores los cimientos sobre los que en los noventa se armaría Banesco.

A la vista de la secuencia de hechos, Escotet no parece engañar a nadie. El crecimiento de Abanca es un calco al que le convirtió en el primer banquero de Venezuela. En estos años, una vez libre del corsé que le impuso Bruselas para formalizar la compra de Novagalicia tras su saneamiento (nada de veleidades expansionistas, limitaciones de dividendos y salarios...), Abanca ha hecho caja con fuertes desinversiones industriales (R, CLH, Cupa, Itínere...) al tiempo que se lanzaba a crecer. La financiera de consumo del Banco Pastor y la red portuguesa del Deutsche Bank, primero, y la filial española de la lusa Caixa Geral, después. Hasta que llegó Liberbank.

Escotet sabe mejor que nadie a estas alturas que una Opa, una oferta pública de adquisición de acciones, no se anuncia. Simplemente se lanza cuando está armada la estructura de la oferta y pactados los mínimos apoyos para garantizar su éxito. El venezolano cumplió con lo segundo, porque llevaba meses de conversaciones con accionistas relevantes de Liberbank, pero algo falló, "indeseadas filtraciones", en palabras de Abanca, para verse obligado a admitir al mercado que estaba en ello y tenía precio por la entidad y un proyecto.

La deslealtad, a todas luces, fue doble. Primero llegaron a oídos del consejo de Liberbank esas conversaciones mantenidas con discreción, básicamente con fondos de inversión presentes en su capital, y después bastaba con romper la operación deslizando hábilmente el diseño dibujado por el equipo de Escotet. Todo empezaba al revés: la Opa no se lanzaba. Simplemente se anunciaba, con un precio por acción, con su correspondiente prima, y la condición de poder acceder a las tripas de Liberbank.

Como cotizada que es, Abanca tenía una hoja de ruta para la entidad pilotada por Manuel Menéndez. Saltaría a la Bolsa con la nueva pieza en el hatillo después de su previa exclusión del parqué. Hija de la crisis, Liberbank recibió en su día hasta 1.800 millones en ayudas públicas, y actualmente se encuentra en proceso de fusión con Unicaja y hasta pactados los sillones de los primeros puestos ejecutivos, entre los que destaca otra vez Manuel Menéndez. Abanca, por tanto, era un incómodo instruso para el catedrático asturiano. Todo un contratiempo para sus planes.

Todo lo que podía salir mal, salió finalmente mal. Hasta los recelos e indecisiones de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que en nada ayudaron a clarificar el tablero de juego. Con el apoyo de la familia Masaveu, una de las grandes fortunas asturianas, el control de Liberbank se sustenta sobre el pacto de socios y la sindicación de acciones de las fundaciones de las extintas cajas de Asturias, Extremadura y Cantabria. El mando en plaza, en este aspecto, lo vuelve a tener Menéndez.

El sueño de Escotet pasaba por crear con la operación el sexto mayor banco del país por activos, por encima de Bankinter, Kutxabank o Unicaja. Solo tendría por delante a Sabadell, Bankia y los tres gigantes: Santander CaixaBank y BBVA. La guerra del tamaño no ha terminado. La pregunta ahora no reside en qué falló en la compra de Liberbank, sino en cuál será el destino que dará Escotet a los 1.200 millones en efectivo que estaba dispuesto a poner para llevarse la pieza. Continuará.

El tren en marcha del Corredor Atlántico
GALICIA se está subiendo a un tren en marcha, que inició su travesía hace más de diez años. Junto a Castilla y León y Asturias, las aspiraciones gallegas pasan por la unidad de acción para reivindicar que el Corredor Atlántico, que es ferroviario y de mercancías, llegue realmente al noroeste peninsular y sea de verdad atlántico. La debilidad une y, quizá, durante todos estos años los árboles de la llegada del Ave a Galicia no han permitido ver el bosque de las infraestructuras que teníamos delante, con el potencial desarrollo logístico para un renovado sistema portuario. Diez años. Ese es el retraso, al menos en cuanto a las reivindicaciones que en otras latitudes se han sustanciado, caso del Mediterráneo, armando todo un lobby con caras muy conocidas, también desde el ámbito empresarial, para defender sus intereses. ¿Dónde estaban los líderes patronales gallegos en todo este tiempo?

En juego no solo está la conexión ferroviaria de las mercancías gallegas con la Meseta. Tampoco los millones de euros de fondos europeos que implica todo el desarrollo de la red básica de transporte ferroviario, que de eso se trata. Es un cambio mucho más profundo, y en el arco mediterráneo así lo han entendido hace tiempo.

Con la salida ferroviaria desde Algeciras hasta la frontera gala, lo que cambia es la concepción de una España radial, como la conocemos, con epicentro en Madrid, por otra circular, en malla, que es el futuro. En esta batalla está ahora Galicia, que busca el calor de sus vecinas Asturias y Castilla y León, con las que comparte problemas. Faltan voces más allá de San Caetano para que este tren no pase de largo sin parar.

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