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Julián Rodríguez, responsable del espacio Zona Franca, en los medios del Grupo El Progreso.

La hora del sector público

El comité de sabios de la Xunta receta fusiones e inversión directa en el capital de empresas
Comercio cerrado por el coronavirus. AIDA SOENGAS
Comercio cerrado por el coronavirus. AIDA SOENGAS

Cruzar el Atlántico a remo. ¿Es posible? Sí. ¿Se ha hecho alguna vez? Unas cuantas, incluso con embarcaciones tradicionales. Pero hoy en día sigue siendo una hazaña solo intentarlo. Para la travesía que las empresas tienen por delante, todo épica en tiempos de coronavirus, el comité de sabios que asesora al Gobierno gallego propone un cambio de rumbo radical, también temporal, es cierto, para que esas tripulaciones sufran las menores inclemencias posibles en el trayecto. Sobre la mesa de trabajo de la Xunta está una batería de propuestas que se podría resumir, tomando prestado el credo darwiniano, en que esta vez no serán los más fuertes ni más inteligentes quienes sobrevivirán, sino aquellos que sepan adaptarse mejor al cambio.

Por tanto, en esa transición forzada por la realidad del coronavirus, resulta imperativo casi legal modificar estructuras, dejar de hacer lo mismo y con idénticos mimbres. Y de la doctrina, a la praxis. Por ejemplo, ese último informe presentado por el grupo de sabios se decanta claramente por una decidida intervención pública en el sistema productivo, antítesis de cualquier postulado liberal al uso. ¿Cómo? Son varias las iniciativas. Para empezar, inversión directa en el capital de las empresas. ¿La fórmula? La creación de un fondo de capital público y privado con una dotación inicial de 200 millones de euros, ampliable hasta los 400 millones, con la posibilidad de que pueda apalancarse hasta un 100% de ese capital, es decir, con margen de endeudamiento propio, lo que reduciría el impacto en las cuentas públicas de esta medida.

Las inversiones de ese fondo de fondos estarían destinadas a empresas con una cifra de negocio de, al menos, 30 millones de euros o unos 50 trabajadores, que hayan sufrido una importante caída en sus ingresos o un cambio estructural relevante en su modelo de negocio. El horizonte temporal de las inversiones es de 3 a 7 años, sin vocación de permanencia. Los gurús de Núñez Feijóo plantean la activación del fondo por fases, pero con una puesta en marcha inmediata y su día a día en manos de una gestora "de prestigio". No parece un calentón. Es una propuesta por escrito, con detalle, armada desde un entorno académico como puede ser el Foro Económico de Galicia, pero también dentro de un grupo en el que están presentes la Asociación Gallega de la Empresa Familiar, el Clúster de la Automoción, el Consello Galego de Colexios de Economistas, el Círculo de Empresarios de Galicia o empresas de la potencia de Inditex o Reganosa (Grupo Tojeiro). Por tanto, son los ‘pata negra’ de la economía y la empresa gallegas. Y van mucho más allá en sus planteamientos. Otro ejemplo. Las fusiones entre empresas. La concentración empresarial entre iguales. Unirse para resistir. Y otra vez la intervención pública.

El comité de sabios tiene claro el camino a seguir en este sentido: "Proponemos la creación de una línea de créditos privados con garantía pública del 80% para la financiación de los procesos de concentración empresarial", explican, para detallar que tal acción se articularía «mediante adquisición directa o de participaciones que garanticen el control, mediante la compra de activos o fusiones de empresas», siempre y cuando se cumplan determinados requisitos. A esta acción le acompañaría una batería de exenciones en el IRPF o en el Impuesto de Sociedades con el mismo objetivo: alentar procesos de concentración empresarial. Las restricciones actuales de las líneas de avales, como los del Ico, en relación con el uso de los fondos, no permiten reestructuraciones financieras y de deuda. Es un problema añadido y que irá a más. Por ello el comité también urge cambios en estos instrumentos, y la reformulación de los del Igape y Xesgalicia, habilitando una línea de financiación autonómica para la concesión de créditos específicamente dirigidos a los sectores más perjudicados y a pequeñas empresas.

¿Y de dónde saldrá el dinero? Pues también aportan fórmulas para apuntalar estos proyectos, como puede ser la financiación multilateral de entidades como el Banco Europeo de Inversiones o el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa. Y otra tecla a tocar: reprogramar de forma inmediata los fondos estructurales europeos que recibe Galicia para movilizar inversiones.

Keynes, quién lo iba a decir, está más presente que nunca. Y todo, para cruzar el Atlántico con algo más que remos.

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